Publicidad

El joven futbolista colombiano que le ganó un pulso migratorio al ICE en EE. UU.

Ricardo Hernández, detenido y trasladado por varios estados, logró que un juez ordenara que él, de 18 años, pueda surtir su proceso de asilo en libertad y lejos de un calabozo del ICE.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Tomás Tarazona Ramírez
17 de julio de 2026 - 12:00 p. m.
Dos días después de su liberación, Ricardo se graduó como bachiller en Chicago.
Dos días después de su liberación, Ricardo se graduó como bachiller en Chicago.
Foto: Archivo Particular
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

A Ricardo Hernández Navarrete le hicieron creer en varios momentos que era un “alien ilegal”, como han bautizado a los migrantes en Estados Unidos. Le hablaban tosco. Lo mantenían confinado e inmóvil, como si a sus 18 fuese un peligro para los demás. Y más de una vez, a través de comida fría, poco abrigo en invierno o al ser obligado a usar el overol de convicto, se lo creyó.

Compartió pabellones o módulos de detención con personas procesadas o condenadas por delitos graves; su mente le jugó en contra varias veces y nunca supo por qué fue detenido, esposado o amenazado constantemente de ser deportado.

El mensaje que querían transmitirle, dice, era claro: era un extranjero, foráneo. Un “otro”.

Pero lo salvó el recuerdo de su mamá, también detenida por cuestiones migratorias, y su sueño de seguir su carrera de joven promesa como futbolista.

El Espectador conoció la historia de Ricardo, un joven que huyendo de Colombia aterrizó con su madre en Chicago en busca de asilo. Pero su búsqueda de protección no fue plena: al acudir a una cita migratoria en el centro de la ciudad, fue víctima de una emboscada en donde los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) le tendieron una “trampa” para detenerlo más de dos meses y conducirlo por cárceles y centros de detención de seis estados.

Léase también: Las muertes de migrantes detenidos por ICE en Estados Unidos alcanzan cifras récord: HRW

Su historia, más allá de 10 semanas de maltratos y una captura de la que nunca encontró las razones, terminó con Ricardo libre y, apenas dos días después de salir de la custodia de ICE, recibiendo su diploma como bachiller para poder continuar su sueño de convertirse en futbolista, estudiar mecánica o pilotaje y garantizar una vida digna para él y su familia.

“La única falta que cometí en Estados Unidos fue jugando fútbol. Yo era un ‘alien’, y el temor queda luego de salir. Cada día me abstengo de hacer o de vivir, porque cualquier infracción me puede devolver allí”, dice Ricardo en diálogo con este diario.

Durante su captura, el caso de Ricardo llegó a despachos judiciales, medios de comunicación en Illinois e incluso al Congreso de los Estados Unidos, donde el senador demócrata Richard Durbin denunció que todo migrante tiene derecho a la dignidad y que ICE, justo como hizo con él, hacía redadas para detener a personas desvalidas afuera de cárceles, hospitales, escuelas o tribunales de migración.

Recomendado: Fallo de la Corte Suprema de EE. UU. sobre la ciudadanía por nacimiento: ¿qué hay que saber?

“Casos como el de Ricardo son una de las muchas razones para seguir luchando contra los agentes de ICE que actúan al margen de la ley”, dijo Durbin en una sesión plenaria.

La ruta de la detención

Ricardo repetía dos preguntas constantemente. La primera, “¿Por qué estoy detenido?”. Nunca tuvo respuesta, ni por parte de los agentes del ICE ni de mano de los dragoneantes de las cárceles en las que estuvo. Y la segunda era una preocupación que se traducía en inquietud: “¿Dónde está mamá? ¿Está bien? ¿Sigue en Estados Unidos?” Pero la respuesta más constante es que si seguía indagando no recibiría comida o sería conducido al calabozo, un espacio de cinco metros cuadrados donde una luz blanca lo despistaba sobre si era de día o de noche.

Recién fue capturado, Ricardo inició lo que él bautizó como el “tour de los deportados”. De Chicago fue trasladado en bus y aviones a pabellones de Indiana, Kansas, Oklahoma, Louisiana, Ohio, Kentucky y de vuelta a Chicago nuevamente.

Según recuerda, todo en esos centros penitenciarios fue un calvario. La comida era fría, los espacios hacinados y debía estar alerta de que sus pocas pertenencias, reducidas a una cobija o una porción de alimento, no fueran robadas o estropeadas en las constantes peleas que se daban dentro de los pabellones, donde llegó a haber 70 o más personas.

Puede interesarle: La refugiada venezolana que hizo historia judicial para los solicitantes de asilo

Cuando buscó amparo en la justicia estadounidense, le contestaron que debía contar con un monto cercano a los USD 60.000 (casi COP 200 millones) para poder tener una mínima posibilidad de un abogado, un trámite justo y el pago de una fianza.

“Pensé incluso en firmar la devolución voluntaria. Pero resistí pensando en mi carrera y mi mamá”, recuerda Ricardo.

El ángel de los derechos

Pero a Ricardo se le apareció un ángel que lo salvó de continuar transitando estados y centros de detención. Esa fue Kristy Morrow, una defensora de derechos en Chicago que apenas conoció su caso empezó a mover todos los hilos posibles para obtener respuestas y posteriormente liberarlo.

Morrow explicó a El Espectador que primero inició con acciones judiciales para salvaguardar sus derechos fundamentales. Al tener 18 años, Ricardo ya era considerado como un adulto, así que pocos recursos en los estrados se podían interponer.

Pero, constitucionalmente, el ICE debía explicar bajo qué argumentos de ley Ricardo fue detenido y, en caso de que dicha detención no cumpliera con las enmiendas estadounidenses, su libertad debía ser ordenada inmediatamente. Así que redactó un Habeas Corpus (recurso para impugnar un encarcelamiento arbitrario) y paralelamente recorrió las calles y barrios de Chicago recolectando fondos para pagar una eventual fianza de liberación de Ricardo. La defensa del joven se fundamentó en que tenía arraigo en Chicago, no tenía ningún antecedente penal o administrativo y, además, era un adolescente que mostraba un proyecto de vida prometedor al tener ya una beca para jugar al fútbol.

Así que un juez de inmigración en Chicago concluyó que su detención fue arbitraria y ordenó que Ricardo podría continuar su proceso de asilo en libertad y lejos de una penitenciaría de ICE.

De contexto: El libro que estudia 10 años de respuesta colombiana a la migración de Venezuela

Al cierre de esta publicación, ICE no ha contestado a El Espectador ninguna de las inquietudes sobre cómo, por qué y bajo qué presuntos delitos o infracciones migratorias fue arrestado Ricardo. Además, tampoco hubo respuesta sobre los criterios para que sus agentes, desplegados en las principales ciudades de EE. UU., esperen a las afueras de prisiones, escuelas o tribunales migratorios a personas para realizar detenciones.

“Recuperé la esperanza que los calabozos me quitaron. Hoy tengo un brazalete electrónico instalado por ICE, pero me siento feliz. Nunca supe por qué me detuvieron”, concluye el joven, quien en unas semanas decidirá qué carrera profesional estudiará y, cuenta, en unos años sueña con estar en la plantilla de algún equipo profesional de fútbol en el mundo.

Puede interesarle:

Léase también:

Recomendado:

👀📄 ¿Ya se enteró de las últimas movidas migratorias en Colombia, Latinoamérica y el mundo? Invitamos a verlas en El Espectador.

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.