Todos en todas partes y al mismo tiempo. Esa sería una forma de explicar lo que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) pronostica para Colombia en los próximos años en términos de movilidad humana. Un informe de diagnóstico publicado en días pasados por este organismo indica que el país, al igual que otras naciones de Latinoamérica y el Caribe, están viviendo nuevas tendencias migratorias y que sus gobiernos, independientemente de su postura política frente a la migración, deben ajustarse a ella antes de que el panorama los supere.
En pocas palabras, la OIM señala que la migración no se reducirá a una única causa o dirección, y atenderla tampoco será cuestión de una sola solución.
El estudio explica que Colombia, principal receptor de la diáspora venezolana, ha evolucionado a un escenario donde además de acoger a quienes huyeron del chavismo, también está viendo otras movidas migratorias dentro de su territorio. Por ejemplo, el retorno de miles de personas expulsadas por Estados Unidos, Chile y Perú, o las centenares de familias que se mueven dentro de las fronteras motivadas por la guerra, la crisis climática o nuevas tendencias económicas.
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Incluso en el caso venezolano, el panorama es mucho más complejo que una diáspora. La caída de Nicolás Maduro ha aumentado las posibilidades de retorno a mediano plazo para millones de venezolanos que condicionaban su retorno a cambios políticos y mejores condiciones económicas, según documentó el Observatorio de la Diáspora.
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La migración, explica la OIM, no es la misma que hace 10 años. Por ende las respuestas sociales y estatales para suplir mínimos básicos a estas personas también debe adaptarse a los nuevos tiempos.
Catalina Arenas-Ortiz, experta y consultora en temas migratorios, considera que el estudio de OIM es un pronóstico no muy lejano de una realidad que ya se vive en Colombia con migrantes por causas laborales, pero también quienes abandonan sus hogares por la guerra o el cambio climático.
“Es un recordatorio incómodo de ver una movilidad humana compleja y que los flujos migratorios son mixtos. No es que sean temas que se avecinan, es que ya están presentes y Colombia debe sacar la cabeza de la diáspora venezolana, que claro que es importante, pero no es la única causal de migración o preocupación”, comenta.
La experta resalta que el informe no se queda únicamente en pronóstico: también refleja alertas que se están viviendo, como migraciones inseguras que ponen en riesgo la integridad de quienes se movilizan o trancas estatales para regularizar a las personas que buscan un nuevo rumbo.
Nuevo panorama
El estudio, más que predecir el futuro, da claves para que la institucionalidad y los actores políticos sepan qué se avecina y estructuren proyectos que atiendan los fenómenos migratorios. Solo en 2024, la OIM registró 74,7 millones de personas transitando constantemente Latinoamérica y el Caribe, lo que da señas de la magnitud de lo que se vive en Colombia, pero también en el resto de los países del continente.
De no entender las causas y prepararse para atenderlas, el Estado y sus territorios podrían verse sobrepasados, justo como sucedió en el Catatumbo, Norte de Santander, a inicios de 2025, cuando los combates armados entre grupos ilegales desplazaron a 100.000 personas y obligaron al Ejecutivo a decretar una conmoción interior para poder solventar la situación.
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“La migración no se puede predecir, pero sí anticipar. Se piensan escenarios en lugar de hacer predicciones que de ser aplicadas garantizarán una gobernanza migratoria eficaz”, comenta la OIM en el informe.
La organización explica que la migración recae más allá de la llegada de ciudadanos de otros países a territorio colombiano. En su lugar, propone el estudio, se deben valorar otros factores como el desplazamiento interno que ha causado la guerra y que en cifras de la Unidad de Víctimas ha dejado un saldo de ocho millones de exiliados de sus territorios; o causas climáticas que también hacen inviable la vida en algunos parajes y obliga a las comunidades a migrar, como los efectos que causó el frente frío a inicios de 2026 y que terminaron damnificando a 90.000 familias, que en su mayoría tuvieron que huir de las inundaciones y los ríos desbordados.
Otro ejemplo es el del Urabá y el Tapón del Darién. Hace tres años, municipios como Acandí o Necoclí estaban al borde del colapso por miles de migrantes que tenían que transitar por allí en su camino hacia Norteamérica. Ahora la tendencia es distinta: el flujo migratorio se redujo en un 94 % y los retos que esa subregión debe enfrentar es el retorno de miles de personas que desistieron de sus planes de caminar continente arriba hasta llegar a Estados Unidos, y reestructurar un modelo económico que, en ese entonces, se edificó alrededor de la movilidad humana.
También está el caso de la triple frontera amazónica entre Colombia, Perú y Brasil. En este sector, la minería ilegal y el tráfico de oro y mercurio han causado que las comunidades indígenas que históricamente han transitado por la selva sean desplazadas y, lejos de sus resguardos, lleguen a ciudades principales como Leticia o Tabatinga, ambas sin la capacidad, presupuesto o la experiencia de recibir grandes oleadas de migrantes en sus calles.
Tarea conjunta
El informe alienta a ver el panorama como el “vaso medio lleno”. De acuerdo con el diagnóstico, si bien es desafiante el escenario que se avecina tanto dentro como en los límites colombianos, hay posibilidades de ofrecer respuestas eficaces y, más importante aún, salvaguardar derechos que se vulneran cuando se efectúan las migraciones.
Para la OIM, la responsabilidad debe estar distribuida entre los Estados, la sociedad civil y la academia para ofrecer aportes y lograr que la migración, además de ser un derecho humano, también se dé en condiciones dignas. Arenas-Ortiz, por su parte, asegura que el pronóstico no es más que un llamado de atención: “No estamos generando lecciones aprendidas del pasado y debemos entender que las personas nunca dejarán de moverse. Eso debería estar en la agenda principal de cualquier gobierno, sea nacional, local o departamental”.