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Muchas salidas y poca acogida: La paradoja migratoria que se consolida en la región

Un informe revela que el deseo de casi el 50 % de la población continental de salir de su país se choca con la xenofobia, los prejuicios hacia la movilidad humana y Estados con discursos discriminatorios en sus agendas políticas.

Tomás Tarazona Ramírez

15 de mayo de 2026 - 08:00 a. m.
El año pasado, 17,5 millones de personas migraron en Latinoamérica y el Caribe.
Foto: AFP - ISAAC GUZMAN

Es contradictorio: cada vez más personas en la región desean empacar sus maletas, cruzar la frontera y, una vez en su destino, iniciar una nueva vida lejos de los riesgos de su tierra natal. Pero a veces tropiezan con discursos de odio y, en más de una ocasión, terminan trastabillando con Estados que no han sabido integrar la movilidad humana en sus planes de gobierno o, por el contrario, utilizan la agenda antimigratoria como su principal combustible electoral.

Hace unos días el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó un informe donde examina la salud de las democracias y sus tendencias en Latinoamérica y el Caribe. Por supuesto, evaluó la migración, que se ha triplicado en las últimas dos décadas en la región y ha modificado la realidad de varios países de la región, como Colombia con la diáspora venezolana o Estados Unidos con la cruzada contra la migración de Donald Trump.

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Pero el informe revela una verdadera paradoja: aunque el 51 % de las personas en el continente desean salir de su país en búsqueda de nuevas oportunidades o mayor seguridad, siguen llegando a destinos donde la xenofobia, los prejuicios o las fallas de los Estados receptores dificultan su integración.

Así lo indican los datos del PNUD, que asegura que la mitad de los ciudadanos latinos y caribeños creen que “la llegada de inmigrantes a su país los perjudica” y que, además, la retórica de “ellos, los migrantes, contra nosotros, los oriundos” sigue presente en la región.

Leyendo entre líneas, el informe es un llamado de atención a los Estados de comprender cómo la recepción de miles de personas, más que un riesgo o peligro, representa una oportunidad de crecimiento. Y es que está más que demostrado que la llegada masiva de migrantes a un país, independientemente de su nivel educativo o edad, suma más de lo que resta, pues implica nueva llegada de fuerza laboral, talento humano y personas que, regularizadas o no, ayudarán a mover los eslabones de la economía.

“Existe una presión social por políticas migratorias restrictivas que no emana únicamente de temores frente a los recién llegados. Con frecuencia, emerge también de prejuicios culturales y una arraigada percepción de amenaza contra la identidad de los valores nacionales”, se lee en el documento.

Fronteras físicas y simbólicas

El sondeo del PNUD hace alusión a que las fronteras y los límites geográficos no son las únicas barreras que deben superar los 17 millones de personas que se mueven entre los países de Latinoamérica y el Caribe. También están las murallas simbólicas y sociales. Las cifras del informe revelan que la mitad de los habitantes de la región consideran que la migración es “perjudicial para su realidad”, y tan solo dos de cada 10 habitantes de Latinoamérica y el Caribe coinciden en que la llegada transfronteriza de una persona a su país tiene beneficios y aporta al desarrollo social y económico de sus naciones.

Ejemplos sobran. El más reciente es Chile, hoy bajo las riendas de José Antonio Kast y su promesa de sacar más de 300.000 migrantes del país y la construcción de zanjas en las lindes del país para impedir nuevas entradas. O Estados Unidos, que atestiguó durante meses cómo Donald Trump atacó, con vías policiales, judiciales y administrativas, la llegada de los migrantes.

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De acuerdo con el PNUD, casi todos los países de la región muestran altos niveles de rechazo contra la migración. Perú lidera el nada alentador ranquin con el 80 % de sus encuestados asegurando que un migrante trae inseguridad y menos oportunidades laborales para los peruanos. Lo siguen Ecuador (80 %), Panamá (77 %) y Colombia, principal destino del éxodo venezolano, pero donde el 76 % de sus habitantes aún mantienen prejuicios contra la migración del vecino país.

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Distintos destinos

El estudio explica que panoramas similares al de Venezuela, donde hubo una crisis humanitaria auspiciada por el chavismo, no son la única explicación para que millones de personas migren. Y aquí hay otra paradoja: el PNUD asegura que nunca en la historia de Latinoamérica y el Caribe hubo una estabilidad democrática como la que se vive hoy, pero, contradictoriamente, no se traduce en estabilidad o vocación de permanencia.

Para Andrés Besserer, doctorando en ciencias políticas y experto en migración, el informe es una señal de advertencia donde las causas de la migración no recaen únicamente en causas políticas o de pobreza, sino que también influyen la desigualdad, el miedo en sus países o la falta de oportunidades en el futuro.

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“Son tendencias que echaron a andar hace bastante tiempo (…) los países receptores no cuentan con políticas migratorias, y eso empeora, tanto las oportunidades que conlleva la migración, pero también el presente de quienes ya migraron y buscan mínimos y servicios básicos”, comenta el académico mexicano.

Pero a las causas resaltadas por el PNUD se suman la inseguridad, la violencia, el hambre o el cambio climático, que cada vez más desplaza a familias en parajes rurales a causa de sequías, inundaciones o huracanes.

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Democracia bajo presión

El PNUD asevera que el fenómeno migratorio marcará el futuro de la región: sea como motor de crecimiento o como principal fisura de las democracias. Pero Besserer considera que el pronóstico va mucho más allá de la migración: “Tiene que ver con desatención estatal y demuestra que, entre más permanezca ese escenario, más movilidad humana va a haber. Es un panorama del futuro donde hay más intención de salir, pero menos lugares preparados para llegar”.

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