El reclutamiento infantil es un crimen de guerra que sigue golpeando de firme al país. En este fenómeno confluyen la persistencia de un conflicto armado que ha marcado a Colombia durante décadas y las condiciones de abandono en los territorios donde operan los grupos armados ilegales.
En medio de ese vacío estructural y de la reconfiguración del conflicto tras la firma del Acuerdo de Paz de 2016, organizaciones no gubernamentales como Aldeas Infantiles SOS trabajan para fortalecer los mecanismos comunitarios e institucionales de prevención y atención del reclutamiento infantil.
En entrevista con este diario, Esteban Reyes, director nacional de esa organización, habla de los factores estructurales que sostienen el reclutamiento infantil, y de su relación con el desplazamiento forzado y otras violaciones de derechos de la niñez. Para Reyes, el quiebre de los entornos familiares es un elemento central que profundiza la vulnerabilidad de niños, niñas y adolescentes en los territorios más afectados por el conflicto.
¿Qué factores estructurales identifica Aldeas Infantiles como impulsores del reclutamiento de la niñez?
El reclutamiento, uso y utilización de niñas, niños y adolescentes en Colombia en el marco del conflicto armado es una clara manifestación de las fallas estructurales que tenemos en el país para la garantía de la protección integral de la niñez. Esto está asociado a múltiples factores como la pobreza, la desigualdad social, la insuficiencia del Estado para estar presente en los territorios y la capacidad limitada para dar una respuesta; y todo esto redunda en una afectación fundamental al derecho a crecer en familia, a que los niños y niñas puedan tener el entorno protector por esencia que es la familia.
El conflicto armado genera ruptura de los vínculos afectivos, ruptura de los vínculos familiares y deja a cientos de niños, niñas y adolescentes sin el abrigo y la protección de una familia, lo cual recrudece su situación y termina manifestándose en un círculo vicioso donde el reclutamiento, el uso y la utilización se perpetúan.
¿Cómo articula Aldeas Infantiles la relación entre reclutamiento, desplazamiento forzado y otras violaciones de derechos de la infancia dentro del conflicto armado colombiano?
El reclutamiento de niños, niñas y adolescentes está intrínsecamente relacionado con fenómenos como el desplazamiento forzado y otras formas de vulneración de los derechos de los niños y niñas, que se dan en el marco del conflicto armado. Hay una profunda interconexión entre estos fenómenos porque los unos son causales de los otros. Y desde Aldeas Infantiles lo que percibimos —que es lo que alimenta el desamparo de la niñez en el país— es que estos fenómenos rompen el tejido familiar y en muchas ocasiones dejan a las niñas, niños y adolescentes sin el apoyo y el acompañamiento de sus familias.
Al romperse las estructuras familiares, la niñez y la adolescencia quedan a merced de los grupos armados y a merced de las situaciones propias del conflicto. Por eso desde Aldeas Infantiles promovemos que haya más cuidado en familia, lo que se vuelve especialmente pertinente en los contextos de violencia, donde la posibilidad de crecer en su seno entra en jaque.
¿De qué manera Aldeas Infantiles ha adaptado sus acciones frente al reclutamiento forzado y los nuevos modelos o formas de captación de menores como, por ejemplo, las redes sociales?
En Aldeas Infantiles le damos una importancia capital a la prevención de las violencias contra las niñas y niños, y a la prevención de las vulneraciones de todos sus derechos. De manera que lo que se da como consecuencia del conflicto armado, en términos de reclutamiento, uso y utilización de menores de edad, lo que buscamos es prevenirlo a través del fortalecimiento de las propias familias y de las comunidades, que a su vez son los entornos que pueden proteger a las familias.
Nosotros tenemos presencia en Nariño, Santander, Norte de Santander, La Guajira, Antioquia, Chocó, Valle del Cauca, en aquellos lugares donde hay mayores situaciones de riesgo para la infancia. Nuestras acciones están orientadas a fortalecer los vínculos familiares como una forma de generar factores protectores, para blindar a los niños y las niñas de las amenazas que les supone estar en zonas de permanente riesgo.