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La sustitución de cultivos ilícitos enfrenta un desafío que va más allá de reemplazar la coca: lograr que las familias campesinas puedan vivir de los productos que la sustituyen.
Con ese objetivo, el Gobierno impulsa la creación de una cooperativa nacional que agrupe a productores de distintas regiones del país y que comercialice café, cacao, ají y otros productos bajo la marca Sabores de Paz. Su primera meta es exportar en junio un contenedor de café a Estados Unidos.
En contexto: Sabores de Paz: el proyecto que busca exportar productos de sustitución de coca
La propuesta fue discutida en Santa Marta, durante un encuentro que reunió a organizaciones vinculadas a procesos de sustitución. En el marco de esa jornada, El Espectador conversó con Gloria Miranda, directora de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, sobre las posibilidades de esta apuesta, los avances del programa RenHacemos -que apoya a familias campesinos en ese tránsito a economías legales- en territorios como Nariño y Putumayo y las incertidumbres que deja el cambio de gobierno.
¿Cómo nació Sabores de Paz y qué beneficios tiene reunir bajo una sola marca los productos que surgen de la sustitución?
Sabores de Paz o Peace Flavors es una marca, pero también una historia y una identidad. Lo que buscamos es que los colombianos y el mundo conozcan a qué saben los productos que vienen de territorios que están transitando del conflicto a la paz.
Queremos que Sabores de Paz sea una marca de productos de lujo. No queremos que la gente nos consuma solo porque tienen una buena historia detrás, sino porque son productos muy buenos. Son productos que no van a ser muy económicos. Producir cacao que viene Roberto Payán, por ejemplo, va a salir más costoso que producirlo en lugares como Medellín, en Antioquia. Para vender a un precio alto hay que ofrecer estándares altos.
La ventaja de reunirlos en una sola cooperativa es que el sector privado, tanto nacional como internacional, nos ha dicho ‘yo no voy a negociar con 30.000 campesinos, yo negocio una empresa’. Unidos ellos pueden negociar duro.
Te doy un ejemplo: la producción actual de chocolate de la Nacional de Chocolates funciona con alrededor de 60.000 hectáreas de cacao. Y nosotros vamos a sembrar más de 30.000 hectáreas. Eso ya permite negociar como un actor grande. Ellos van a poder pasar de que simplemente les den el precio que se considere, a que ellos puedan poner sus condiciones.
Cuando se habla de sustitución de cultivos, normalmente se piensa en cacao o café. Sin embargo, ustedes también están impulsando proyectos como el ají. ¿La apuesta es diversificar la oferta productiva?
Sí. Los proyectos de sustitución se componen de dos tipos de productos: los de ciclo corto y los de ciclo largo. Café y cacao son de ciclo largo, que son los que crecen en dos o tres años. Pero como la familia quita la coca, necesita un flujo de caja rápido. Nosotros le damos transferencias más o menos por un año, pero luego ellos quedarían sin ingresos. Por eso tenemos cultivos como el ají, que a los cuatro meses ya tiene cosecha y cosecha cada 40 días. Puede generar ingresos de hasta cuatro millones de pesos.
¿Qué tan avanzado está ese proyecto?
Hay tantas familias vinculadas a ese proceso, que es uno de los productos que más necesitamos vender. Estamos produciendo más ají que todo el que consumiría Colombia a nivel nacional. Necesitamos empezar a exportarlo porque el mercado nacional ya no alcanza para consumir toda la oferta.
¿A qué mercados le están apostando?
Tenemos una diversidad muy grande de productores. Piensa en Peace Flavors como una especie de holding, guardadas las proporciones. La marca tendrá distintos productos y distintos perfiles.
Hace poco estuvimos testeando los cacaos de todas las organizaciones que están acá (en Santa Marta). Hay unos cacaos que son únicos y se pueden vender en el mercado muy caros y pueden sacar un chocolate fino, pero hay unos cacaos que van a ser para chocolate de mesa.
No todos los productores van a estar en ese mercado de élite, por decirlo así, pero eso no significa que unos sean mejores que otros, simplemente son diferentes. Por ejemplo, el cacao de Roberto Payán y Tumaco, que tiene características muy particulares, seguramente irá a Europa. Pero no necesariamente como chocolate, allá lo que nos quieres comprar es licor de cacao o grano de cacao de alta calidad. Por eso hablamos de una diversidad de productos y de mercados.
¿Qué representa para ustedes el primer contenedor que saldrá con productos de sustitución?
Esperamos que tenga un efecto dominó. Es decir, que cuando otras comunidades vean lo que sucedió con los campesinos que aportaron productos para este contenedor, se animen y quieran seguir el camino de la sustitución. Porque la sustitución siempre se ha medido por el número de hectáreas de coca erradicadas. Y ese no es el éxito de la sustitución; apenas es el comienzo.
El éxito también es este contenedor, porque ahí es cuando uno asegura que esa familia no vuelva a depender de la coca. No cuando arranca el cultivo. Lo pueden arrancar y después sembrarlo en otro lado. La verdadera garantía está en que tengan una alternativa económica que les permita producir, vender y vivir de una economía legal.
En febrero, durante la reunión entre Gustavo Petro y Donald Trump, la sustitución de cultivos de uso ilícito fue uno de los temas centrales. ¿Ese encuentro ayudó a abrir la oportunidad para llegar con ese primer contendor a Estados Unidos?
Pudo haberle dado más visibilidad a los productos de sustitución, pero este acuerdo surge más por un tema de negocio, porque es un buen café y tiene un buen precio. Además, los aranceles para el café colombiano en Estados Unidos creo que los eliminaron este año, entonces para ambas partes era un buen negocio. Sin duda la reunión entre los presidentes le dio relevancia al asunto, pero igual es un negocio entre privados.
En Nariño y Putumayo, donde hay mesas de negociación de paz con grupos armados, ¿qué tanto han influido esos diálogos en el avance de la sustitución?
Mucho. Nariño y Putumayo concentran cerca del 70 % de nuestro programa de sustitución. No es que antes no pudiéramos entrar, pero hoy estamos entrando en una magnitud enorme y puntos que antes eran muy álgidos, donde antes no hubiéramos podido.
Eso ha sido posible gracias a las mesas de negociación porque el presidente sujetó el avance de esos diálogos de paz a hechos concretos. No es como la visión de 2016, que la paz empieza a construirse después de que se haya firmado un acuerdo, sino que acá antes de un acuerdo, el grupo tiene que mostrar que sí tiene voluntad de paz. Y para un grupo armado en Colombia, una de las mayores demostraciones de voluntad de paz es abandonar la economía ilegal que ha financiado buena parte de su actividad.
El Cauca es uno de los departamentos con menores niveles de avances en sustitución. ¿Eso tiene relación con la ruptura de los diálogos con la disidencia de Iván Mordisco?
Totalmente. Allí la gente es amenazada por entrar al programa. Por ejemplo, en El Plateado intentamos muchas veces entrar. La gente se inscribía con miedo, de a diez o veinte personas. Pero cuando llegaba el momento de agendar las visitas a los predios para ir a medir los cultivos de coca, ahí ya noos decían: “Me tengo que salir, no me dieron permiso, fueron a buscarme hasta la casa, me amenazaron”. Entonces, los pocos lugares donde estamos trabajando en el Cauca son zonas donde no hay tanta presión de grupos armados.
El primer centro de acopio de RenHacemos estará en Argelia, Cauca. ¿Cómo están operando allí en medio de la presencia de grupos armados?
Es en la cabecera de Argelia. Entonces de cierta manera hay una mayor control de la Fuerza Pública y del Estado. Pero todo lo que es de El Plateado hacia abajo, no hemos podido.
En Santa Marta se reunieron personas de distintas regiones vinculadas a procesos de sustitución. ¿Qué ha significado ese intercambio entre comunidades tan diferentes?
Ellos se dieron cuenta en este encuentro de que, uniendo sus fuerzas, pueden ser tan poderosos como una gran empresa. De pronto tenían la perspectiva de su vereda, de su municipio, pero jamás imaginaron que hubiera tantas otras personas en su misma situación dentro del programa y que, si se unían, iban a ser tan fuertes.
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Además, ha sido muy lindo porque hay regiones donde estuvo el Programa de Sustitución Voluntaria de Cultivos Ilícitos (PNIS, que estaba antes de Renhacemos), que empezó hace siete u ocho años. Entonces, ellos ya van más adelante y también son una inspiración para los que están comenzando. Digamos, varios de los del PNIS ya tienen marcas de productos transformados y los otros dicen: “Ay, yo quiero llegar ahí”. Ha sido un intercambio de experiencias muy bonito.
¿El primer contenedor saldrá únicamente bajo la marca Sabores de Paz o también incluirá las marcas de las organizaciones?
Saldrá únicamente bajo la marca Sabores de Paz. Eso no significa que desaparezca la identidad de las organizaciones. Se puede indicar en la parte de atrás que esto fue hecho por tales organizaciones, porque ellos tampoco quieren perder lo que llevan construyendo por tanto tiempo.
Estamos a pocos meses de un cambio de gobierno. ¿Qué le deja RenHacemos al país?
Le queda al país un programa de sustitución funcionando y con recursos, que fue justamente lo que no tuvo durante años. Nosotros le dejamos al país un programa de sustitución con avances concretos e importantes, en un estado muy avanzado del proceso. La mayoría ya tiene la cobertura definida, el cacao comprado, buena parte de ellas con el cacao entregado y la asistencia técnica contratada. Y digo todo esto porque quien llegue sería muy terco si no aprovecha lo construido y le da continuidad.
¿Esos avances también son una forma de blindar el programa frente a un eventual cambio de rumbo del próximo gobierno?
Deben seguirlo porque esto ya quedó contratado. O sea, quien llegue y quiera detenerlo tendría que enfrentarse a problemas legales, porque hay proyectos que ya están contratados y cuyos recursos ya están en manos de quienes los están ejecutando.
Pero creo que quien llegue debería darle continuidad porque el programa ha sido muy exitoso. Ya tiene reconocimiento en los territorios. La gente ya se identifica como familias RenHacemos y ha formado organizaciones alrededor del programa. Ya lo interiorizaron, ya se apropiaron de él.
¿Qué le preocupa de cara a la llegada de un nuevo gobierno?
Cuando llega alguien siempre cree que lo que se hizo antes no estuvo bien y que lo puede hacer mejor. Y creo que, obviamente, todo puede mejorar. Pero sí me preocuparía que dijeran: “No, ahora nosotros queremos otro programa”. Sería una muy mala idea retroceder en todo lo que se ha avanzado.