Durante el Gobierno del presidente Gustavo Petro, la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia), bajo la dirección de Eleonora Betancur González, consolidó un giro estratégico en la política de cooperación internacional del país: Colombia dejó de ser vista principalmente como receptora de ayuda para posicionarse como un actor con capacidad de ofrecer conocimiento, liderazgo técnico y soluciones desde el Sur Global.
Entre 2023 y 2026, la entidad no solo fortaleció la cooperación Sur-Sur y Triangular —liderando actualmente 117 proyectos con países de América Latina, el Caribe, Asia, África y Eurasia—, sino que también asumió por primera vez la vicepresidencia del Comité de Alto Nivel de Cooperación Sur-Sur, representando al GRULAC.
En entrevista con El Espectador, la directora Betancur hace un balance de su gestión y cuenta cómo afrontó la salida de USAID como mayor cooperante de Colombia, y del posicionamiento que ha hecho de nuevas formas de cooperación internacional. Además, habla del lanzamiento de la campaña “De Colombia para el mundo” que se hará en alianza con El Espectador.
¿Cuál ha sido la mayor transformación de Colombia en materia de cooperación internacional en estos últimos tres años?
Yo creo que hay un tema de cambio, de enfoque. Creo que somos un país que siempre se ha visto a sí mismo solamente como receptor de cooperación y una de las cosas que hemos cambiado es que nos vemos a nosotros mismos como un país que también da, un país que puede ofrecer. Así que creo que uno de los grandes hitos en esa transformación es también la narrativa de cómo nos vemos y cómo nos percibimos en términos de alianzas para el desarrollo. También hay una forma de cooperar distinta, que está centrada mucho más en los conocimientos, en las buenas prácticas, en el relacionarse con otros de una forma mucho más horizontal y no jerarquizada, y con una alineación mucho más importante con las necesidades del país. Colombia es un país de renta media donde los flujos de cooperación se han replegado y, por tanto, eso hace que nosotros tengamos la necesidad de empezar a repensar la cooperación de otra forma si queremos mantenerla en el país.
¿Cómo se ha visto ese cambio, sobre todo tras la salida de la cooperación grande que tenía Colombia? ¿siente que el país ya se recuperó de la salida de Estados Unidos como cooperante de desarrollo?
Uno de los desafíos más grandes que hemos tenido fue la salida de USAID. Esa experiencia nos dejó una lección clara: el país no puede depender de un solo cooperante. Teníamos una dependencia muy fuerte de un único actor, y eso genera una vulnerabilidad alta.
A partir de ahí entendimos que Colombia debía prepararse para no depender exclusivamente de flujos tradicionales de cooperación, sino diversificarse y fortalecer alianzas estratégicas con países emergentes, con Europa, con Asia y con lo que hemos llamado el Sur Global, así como con la filantropía, el sector privado, la sociedad civil y la academia. Es decir, ampliar el ecosistema de cooperación hacia esquemas que no solo sean monetarios, sino también técnicos y de fortalecimiento de capacidades.
Hoy estamos en un proceso de transición. Hemos fortalecido la cooperación con Alemania, España, la Unión Europea y países nórdicos, y hemos abierto nuevos espacios en otras regiones. Incluso, tras la salida de USAID logramos duplicar la meta del Plan Nacional de Desarrollo en movilización de recursos: la meta era 9,1 billones de pesos y movilizamos cerca de 15,4 billones.
Más allá de las cifras, la transformación más importante ha sido mental: dejar de vernos únicamente como país receptor para asumirnos como un país que también ofrece cooperación, con un portafolio propio y capacidades que pueden ponerse al servicio del mundo.
¿Qué tiene Colombia para ofrecer?
APC Colombia tiene un portafolio con 31 buenas prácticas sistematizadas. En este portafolio tenemos experiencias como el Programa Nacional de Búsqueda y Rescate de la UNGRD, o la Ciclovía de Bogotá, que ha sido compartida con Addis Abeba. Pero además del portafolio Colombia tiene muchos temas pedidos por otros países del mundo: somos un ejemplo en gestión del riesgo en el Caribe, compartimos conocimiento sobre conservación de manglares y biodiversidad con países del Sudeste asiático y en temas de de sociedad civil también está el plan canguro —una técnica de atención para bebés prematuros o de bajo peso que consiste en el contacto directo, piel con piel, entre el recién nacido y el pecho de la madre o padre. Eso vale muchísimo, y es pionero, lo creamos aquí y se expandió. En resumen, son prácticas de instituciones o de la sociedad civil que otros países demandan, y no son tan conocidas. Debo decir que ha sido para mí un descubrimiento, como directora, poder encontrar que nuestra arquitectura institucional y la sociedad civil tienen prácticas tan remarcables que otros países quieren aprenderlas. Todo eso es lo que hoy hace que nuestra cooperación sea mucho más amplia, mucho más diversificada y mucho más descentralizada.
¿Qué experiencias en construcción de paz han fortalecido desde la Agencia en este periodo?
Ante esta coyuntura cambiante, uno de los programas bandera es el Programa de Cooperación Sur-Sur en Construcción de Paz: De Colombia al Mundo, mediante el cual compartimos, desde un enfoque horizontal, nuestra experiencia con países como Etiopía, Senegal, Filipinas, Nigeria, República Democrática del Congo, Guatemala y México.
Ha sido una apuesta estratégica para convertir la trayectoria de Colombia en construcción de paz en un bien público global. No exportamos modelos, compartimos aprendizajes construidos en medio de la adversidad y los ponemos al servicio de otros países para fortalecer sus capacidades institucionales y comunitarias. En este proceso participan más de 13 entidades del Estado colombiano, junto con organizaciones de la sociedad civil, la academia y agencias multilaterales, lo que garantiza una transferencia integral de conocimiento.
Y ya tenemos resultados concretos. En Filipinas, a partir del intercambio con Colombia, la Oficina Presidencial para la Paz adoptó un modelo de descentralización inspirado en nuestra experiencia de territorialización, incluidos los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), y lanzó 18 Centros Provinciales de Paz y Desarrollo, integrando planes de género en su agenda.
Las Rutas de Aprendizaje han sido clave en ese proceso. En 2024 se realizó la primera. En 2025, una segunda edición centrada en los aportes de las mujeres en los procesos de paz, titulada “Tejiendo Igualdad y Paz”.
Justo con el enfoque de género, su gestión ha tenido una arista predominante. ¿De qué se trata y cuál ha sido el impacto en la vida de las mujeres?
La brecha de desigualdad con las mujeres sigue siendo enorme y queríamos que la cooperación aportara en ese cierre de brechas y tuviera un enfoque feminista. Podemos decir con orgullo que por primera vez la estrategia de cooperación de Colombia tiene un capítulo de cooperación feminista. Y esto se traduce en proyectos como el fortalecimiento de cadenas productivas de mujeres piangueras en el Pacífico nariñense. También hemos promovido la autonomía económica de mujeres rurales a través de intercambios de buenas prácticas en cacao y café con Ghana, y reforzado políticas de cuidado y participación femenina en espacios de decisión a nivel territorial, como los Centros Cívicos Barriales de Cuidado en Chile o proyectos de gestión del riesgo de desastres con enfoque de género en Guatemala. Hemos buscado que los proyectos tuvieran la capacidad no solo de fomentar la participación de las mujeres, sino que la miden y buscan transformar sus condiciones de vida.
En suma, hemos creado mecanismos, alianzas y espacios de encuentro internacional que han permitido movilizar recursos y conocimientos, multiplicando el impacto de la cooperación feminista y asegurando que las acciones transformen de manera concreta la vida de mujeres y poblaciones diversas.
¿Cómo han impactado los proyectos de la Agencia en los territorios? ¿Hay ejemplos de ellos?
Sí, muchísimos. Apoyamos, por ejemplo, los procesos de las mujeres camaroneras del Pacífico nariñense. Allá hay una cadena de valor muy importante sobre el camarón, y hay presentes varias organizaciones de sociedad civil, asociaciones, también de la cooperación como la Agencia Española de Cooperación, y nosotros hemos podido fortalecer esa cadena de valor de las camaroneras, que incluso han llegado a tener mejoras sustantivas en el producto gracias a este proceso, lo que les permitió llevar sus productos a restaurantes como Crepes & Waffles. Tenemos también proyectos sobre manglares y carbono azul, donde países de Asia vienen a intercambiar conocimientos en protección de ecosistemas.
Otro ejemplo que fortalece el desarrollo tradicional es la cooperación intranacional Colombia enseña Colombia (Col-Col), liderada por APC Colombia, que promueve el desarrollo local mediante el intercambio de conocimiento entre territorios. Durante estos tres años y medio, a través de 26 intercambios, más de 900 funcionarios y líderes compartieron experiencias en cuidado, gobernanza juvenil, acción climática, prevención de violencias y desarrollo alternativo. Por ejemplo, se realizó un Col-Col sobre café en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde seis experiencias locales compartieron saberes con 17 participantes de Antioquia, Cauca, Nariño y Catatumbo, fortaleciendo economías lícitas, desarrollo sostenible y el empoderamiento de las mujeres, bajo pilares de economía solidaria y reducción de dependencias de economías ilegales.
¿Cómo se participa? ¿Cómo entra una organización o una persona en estos proyectos?
Para este tipo de cooperación intrarregional tenemos una metodología que es una relación directa con los gobiernos locales, con los que hemos tenido un mapeo de necesidades. Este gobierno creó el Sistema Nacional de Cooperación Internacional Colombia, que es algo nuevo, donde tenemos especificadas cuáles son las necesidades de los territorios y lo que hacemos es buscar aliados y las instituciones que trabajan ese tema para poder suplirlas. Propiciamos ese encuentro y ese intercambio, para que sean las propias comunidades y las instituciones las que se vean beneficiadas.
¿Qué es la Cooperación Sur-Sur?
Es la cooperación entre países con retos similares del Sur Global: América Latina, África y parte de Asia. Está basada en un enfoque más horizontal, en intercambio técnico y de conocimiento. No es una cooperación Norte-Sur donde uno provee y otro recibe. Son países con desafíos similares como pobreza, desigualdad, cambio climático, que intercambian soluciones a la misma escala.
¿Cuál es el mayor legado que deja este Gobierno en materia de Cooperación en el país?
Esta es una agencia que queda fortalecida institucionalmente, con una estrategia clara, con una visión de largo plazo, con un enfoque feminista consolidado dentro de la cooperación, con un programa de Cooperación Sur-Sur en Construcción de Paz como el “De Colombia al Mundo”, que queda ya instalado como una política que trasciende gobiernos.
Lo otro es algo que he repetido en esta entrevista y es que dejamos instalada la idea de que Colombia no es solo un país que recibe cooperación, sino que también tiene mucho que aportar. Que se entienda que la cooperación no es caridad, sino que es una herramienta de política exterior, de desarrollo y de posicionamiento internacional.
Queda la idea de diversificación, de no depender de un solo actor, sino de tener múltiples alianzas, múltiples socios, una cooperación descentralizada y una agenda propia clara. Y, por ello, dejamos en marcha la estrategia con la filantropía y nuevos mecanismos innovadores de financiación al desarrollo.
A nivel Gobierno dejamos un Sistema Nacional de Cooperación Internacional de Colombia fortalecido y en funcionamiento. Además, desde el Observatorio de Cooperación Internacional Técnica y Financiera No Reembolsable, creamos el Modelo APC Colombia, que redefine la cooperación al promover la co-creación y el fortalecimiento de capacidades locales. Desde el 2023 ha impactado a más de mil personas y 42 universidades, consolidándose como una metodología escalable y replicable.
Sobre la alianza con El Espectador para la campaña “De Colombia para el mundo”, ¿qué motivó a APC a acompañar esta iniciativa editorial?
Yo creo que es muy importante que el país pueda conocer las cosas que se hacen bien. Creo que en Colombia somos expertos en mirar lo que hacemos mal. Desde que estoy en la agencia he podido escudriñar las historias más pequeñas y grandes que hablan de buenas prácticas en los territorios, y con aportes de cooperantes que cambian territorios.
Entonces, la primera cosa que vimos en esta alianza es que funcione como una plataforma para hacer que Colombia conozca procesos que sí funcionan, proyectos que tienen resultados, historias de vida que no son números, sino que realmente se pueden ver y constatar que la cooperación transforma vidas. Por eso pensamos que una alianza con El Espectador era interesante, porque tienen la capacidad de mirar no solamente la cooperación, sino todos los otros ámbitos en donde hay historias interesantes que contar en los territorios frente a lo que se está haciendo bien. Y yo creo que eso nos hace mucho bien también como país, para entender que somos uno que ofrece también y que el mundo nos mira, y nos mira con admiración.