No solo es actor, Alejandro Aguilar, nacido el 15 de febrero de 1982 en Ibagué, la capital musical de Colombia, también es guionista, director y productor. Su nombre ha estado vinculado a producciones como “Rosario Tijeras”, donde dio vida a “El Cachi”; así como también en “Corazones blindados”, “La prepago”, “Séptima puerta” y la serie de Netflix “El Chapo”. Su formación fue guiada por maestros como Alfonso Ortiz y Rubén Di Pietro, y ha perfeccionado su arte con referentes internacionales como Barnaby King y VJ Foster en The Actor’s Gang.
De la plaza de mercado a las salas de cine
Siendo un joven de 18 años sin estudios formales, ya tenía una fluidez admirable al hablar de Lee Van Cleef, Sergio Leone, Ennio Morricone, Al Pacino y Robert De Niro. El “spaghetti western” y el cine de autor norteamericano hicieron parte de su primera biblioteca. Cuando empezó a estudiar actuación, y más tarde guion y dirección, entró a esas aulas con una cultura cinematográfica que dejaba impresionados a sus maestros. “Mi padre me llevaba mucho al cine y yo no fui ni bachiller, ni fui a la universidad. Yo estudié actuación, guion y dirección y me volví un apasionado de esto porque mi papá me preguntaba qué película fui a ver mientras él estaba en Santa Isabel, Tolima. Esa fue toda mi educación”, dijo para Vea de El Espectador.
El apoyo y el ejemplo de sus progenitores fueron su inspiración para convertirse en cineasta. “Yo hago cine porque es una carta de amor a mis padres, que siendo mi papá arvejero y mamá operaria, me mostraban el cine. Con mi papá trabajé en la plaza. Yo sé qué es una arroba de arveja, qué son 25 libras. Sé que cuatro arrobas son un bulto de arveja, conozco la arveja Cajamarcuna, la de Santa Isabel, Tolima, la arveja que se baja del bosque, la arveja de pasto. Los dos oficios de mis padres los hice con ellos y por eso siento que el dedicarme al cine es como una carta de amor a lo que me ha salvado en la vida”.
Quienes conocen su trayectoria lo describen con admiración, pese a que en muchas oportunidades ha tomado decisiones que no siempre han sido comprendidas por su entorno. “En mi caso, he sido de una u otra manera rebelde para muchos por las decisiones que he tomado con la industria. Los que me conocen me describen como ese rebelde sin causa, como la película de James Dean, pero creo que soy un rebelde con causa, porque no he sido un rebelde déspota. Yo he sido un rebelde soñador”. Para el actor y productor, esa rebeldía ha significado apostar por sus propios proyectos, asumir riesgos y defender una visión artística independiente. “Uno no elige ser actor, hay que estar muy demente para elegir eso. El oficio lo elige a uno, por eso siempre lo he abordado con tanta mística, con tanto respeto y con tanta pasión”.
El “seudónimo de rebelde”, como él lo explica, surge de su decisión de alejarse del circuito televisivo más tradicional para dedicarse al teatro, al cine y a la producción independiente, algo que para él nunca representó un gran riesgo. “Los que venimos de la cultura del esfuerzo no tenemos nada que perder, entonces sí podemos decir ‘qué duro es esto’, ‘qué difícil es esto’. A mí no me han regalado nada. Lo mío no es un accidente. Yo le prometí a mi maestro Alfonso Ortiz y al maestro Rubén Di Pietro que no iba a ser un idiota con talento; yo siempre estoy hablando de trabajo. He hecho 28 películas, me la he pasado trabajando, por eso tal vez he sido rebelde para muchos. No tengo nada que perder porque yo soy un chico que a los 9 años estaba trabajando en una plaza cargando canastos. Gracias a Dios, el mejor regalo que me hicieron mis papás fue lavarme la ropa con jabón y mostrarme la escasez, porque eso finalmente da mucha fortaleza”.
Después de 10 años, de regreso a la pantalla chica
En los últimos años, Aguilar ha puesto gran parte de su energía en el detrás de cámaras, impulsando proyectos de cine y forjando su propio camino en la industria audiovisual, aunque nunca se alejó del todo de la actuación. Tras una década sin aparecer en una producción de televisión abierta, el actor regresó a la pantalla con “Entre panas”, de RCN, un proyecto que representa su reencuentro con el público y con un formato que ha sido clave en su carrera artística. “Es un privilegio después de 10 años juntarnos, y cuando hablo de privilegios me refiero a que pasamos una pandemia, todo ha mutado. Fabio es un personaje totalmente opuesto a muchos que he interpretado tanto en el cine, en el teatro o en la televisión. Este es un personaje totalmente lógico con un arquetipo diferentísimo a lo que hemos hecho siempre. La vida lo que me ha demostrado con los años es que hay que valorar lo que uno tiene, abrazar esos privilegios”.
La gratitud con esos proyectos que lo dieron a conocer para ser quien es hoy, ha sido evidente: “Para mí regresar es estar agradecido, porque sin ‘Rosario Tijeras’, sin ‘Marbelle’, sin ‘Corazones blindados’ y sin ‘La prepago’, yo no habría podido tener un camino independiente, que fue lo que yo siempre quise, seguramente porque vendía arveja con mi papá. Entonces me daba siempre miedo estar supeditado a esa incertidumbre que vivimos los actores. No quiere decir que no la viva todavía, la seguimos viviendo, eso es un karma, eso es una ansiedad que uno tiene. Sin embargo, todo esto que me ha pasado es maravilloso, poder volver a trabajar en un estudio; eran muchos años, desde ‘La prepago’ que yo no hacía nada. He hecho mucho cine, mucho teatro y había hecho un par de MinTics, pero yo no había vuelto a vivir eso y pues chévere poder entender también que he madurado, que soy feliz”, señaló.
Además de su proyecto televisivo, Alejandro está trabajando en su ópera prima como director, titulada “Al borde”. Rodará el próximo año y contará con la participación del actor argentino Gastón Pauls y los colombianos Angélica Blandón, Humberto Busto, Alejandro Buitrago y Julián Caicedo. Sobre la posibilidad de volverse a dedicar a proyectos para televisión, dijo: “los actores somos actores de teatro, televisión y cine. Yo no soy actor de una sola cosa, eso es muy arrogante decirlo y pensarlo. Los actores tienen que tener la capacidad de transitar los tres lenguajes. Lo que sí creo es que sí me tiene que gustar mucho. Si no me emociona (el talento reside en la capacidad de elección), si no me voy a retar y no me voy a hacer más preguntas que respuestas, prefiero no. Yo soy muy romántico; entonces me tiene que gustar muchísimo”.

