Su vida ha estado llena de cambios, de viajes, de proyectos personales. Durante diez años ha visto crecer a Yeimy Montoya. “Ese personaje me ha servido para mirar mi propia madurez, como para replantearme también en mi propio proceso y hoy en día que no soy diferente para nada, pero estoy más tranquila, tengo dos cambios más abajo”, dice.
En su tiempo en “La Reina del Flow” pasaron muchas cosas: “me voy a vivir a otro país, pasan cosas, me separo, acabo con un matrimonio de muchos años que fue muy hermoso y además fue un final también muy digno de la relación que tuvimos, empiezo una nueva relación, en medio de eso hago teatro, una película, voy a Europa, hago un cortometraje, empiezo un proyecto personal que tiene que ver un trabajo muy íntimo con mis fans, estoy ahí como haciendo un servicio”. Está hablando de Petit Comité, que empezó con el contacto más directo que estableció con sus seguidores a través de su canal de Instagram y que se hizo realidad cuando estaba en Europa, en el 2025. Sus seguidores le pedían que se reuniera con ellos. La actriz, que se encontraba, hace años, en un proceso personal en el que da mucha importancia a la espiritualidad, hizo realidad ese primer encuentro en un hotel en España. “Una conferencia, casi una conversación”. Ejercicios de meditación, de respiración, se habla sobre la admiración. Es un llamado a reconocerse como personas valiosas, a mirarse por dentro, “No hay celular, la primera regla es ‘lo que pasa en Petit Comité, se queda en Petit Comité’. Es un espacio seguro, íntimo, donde comparto, doy un mensaje, y voy recolectando información de cuáles son las necesidades, y de qué es lo que hay que sanar. Me dedico tres horas a ellos”. Hay fotos, firma de autógrafos, bailes, “pero también nos terapiamos un poquito”. Hasta el momento han sido tres, y en febrero tendrá un retiro en Playa del Carmen, en un lugar que se llama Casa Resonance, “un espacio donde hacemos eventos de música-medicina, eventos holísticos, ceremonias. Ahí vamos a hacer un retiro de seis días para veinte personas, vamos a trabajar a fondo con facilitadores, el retiro lo tomo con ellos”.

“Lo que me queda de Yeimy es su propio proceso de madurez, creo que tiene que ver con mi propio proceso de madurez”.
Carolina Ramírez: “Estoy en un lugar increíble”
Carolina está muy tranquila y feliz. “Creo que estoy en un lugar donde, lo bueno es que ya no trabajo por necesidad, sino porque me gusta y estoy en un lugar increíble que está al servicio de sanar y de buscar la conciencia y la espiritualidad”. Este tiempo no se dio de un día para otro. “Llevo un poco más de ya casi tres años trabajando un montón, entendiendo, y conociendo a Dios, y decirle, ‘oh, perdón, no me había fijado que estabas aquí’ Pero sí, creo que también le paré bolas a la espiritualidad”. Carolina dice “tocó hacerse cargo, porque pura mente y cuerpo, olvídate, tocaba meterle espíritu”.
En todos estos procesos de cambio hay uno fundamental. “Creo que ahora recibo con mucho más calma la pausa, porque siempre hay pausa. O sea, entre un proyecto y otro, hasta que aparezca el proyecto que te guste, puede pasar un tiempo, y eso desesperaba antes. Ahora como que estoy mucho más tranquila en esas pausas”. Tuvo otras experiencias. “Fui a hacer un corto a Alemania, un cortometraje de un trabajo de grado de una universidad de audiovisuales, a hacer de inteligencia artificial. Viví un mes en Colonia, me iba a grabar todos los días en transporte público, y me pareció fantástica la experiencia. Como que ya no me preocupa si es que no las protagonizo todas. Estoy en una etapa muy chévere, porque no le debo plata a nadie, tengo un plantecito que me permite vivir tranquila, vivo en el Caribe mexicano. A lo bien, la he hecho bien. Y si quiero volver, puedo volver a Argentina, donde están también mis amigos y mi lugar, y las siguientes temporadas en El Barro, donde siempre me llaman a hacer teatro. Y estoy en Colombia, que es donde está mi familia, donde siempre es un amor. Me gusta el ritmo que estoy llevando”.
La mochila de Carolina Ramírez no pesa nada
El tiempo también sirvió para los suyos. “Me ocupé mucho de la familia, de sanar mi relación con mis papás, tuve la oportunidad de tenerlos en Playa del Carmen, y estuvimos muy conectados desde lo espiritual” (…) “Siempre fui muy hiper responsable desde niña, muy perfeccionista, muy de hacerme cargo de todo el mundo, y en algún momento uno pierde el rol, y en este año me ocupé de sanar eso, de ocuparme de ponerme en el lugar que me correspondía, de ser la hija. Tuvimos una ceremonia preciosa allá, que me permitió ubicar a mi papá y a mi mamá en el lugar correcto y doblar las rodillas y rendirme ante ellos. Uno como hijo a veces se vuelve muy prepotente, los papás no son perfectos, pero son tus papás”.
Carolina va ligera por la vida. “Llevo tres años trabajando en encontrar la paz. El mundo está muy loco, y uno se enloquece con él. Hay mucha ansiedad, necesidad de poseer, de tener, de abarcar. Creo que estos tres años lo que aprendí fue a liberarme y a quitarme peso. Ay, mi mochila ahora es tan chiquitica, no pesa nada, es una maravilla. Tenía una maleta tan pesada, decía ‘yo puedo con todo, yo puedo sostener, yo puedo sostener el mundo. Ay, no, ¿por qué? Y lo peor es que uno sostiene resentimientos, uno sostiene un pasado. Hay que soltar, hay que ser feliz, hay que buscar el amor".
¿Está Carolina Ramírez lista para ser mamá?
Obvio, estoy más preparada que un yogur. Llevo muchos años buscando, queriendo. Cuando me separé después de 16 años juntos, que lo intentamos un montón, que fue muy doloroso, fue una etapa muy difícil también, fue de verdad, una relación muy hermosa. Yo me casé muy enamorada, y la separación fue muy digna. Duró lo que tenía que durar, por las razones que sean, sostuve hasta cuando quise sostenerme y creo que él también, y con ese mismo amor fuimos capaces de cada uno agarrar su rumbo. Claro, yo dije, ‘no, pues paila ya, ¿y ahora cómo consigo?’ ahora tengo una pareja nueva, chévere, que también quiere ser padre. No, ahí haciendo la tarea, felices. Estoy en un buen momento de la vida donde, la verdad, el haberme conectado con Dios, porque eso creo que fue lo mejor que me pasó este año, que es como que me encontré con ÉL y lo entendí, entendí su dimensión, que no se puede decir en palabras, comprendí que sus tiempos son perfectos, y que al final, quien decide cuándo, cómo y dónde es ÉL y eso también me ha permitido como practicar el desapego, que es muy hermoso”.
