Catalina Gómez es una de las presentadoras de entretenimiento más reconocidas del país. Actualmente, hace parte de Día a Día, el programa matutino de Caracol Televisión, junto a Carolina Cruz, Carolina Soto, Iván Lalinde, Carlos Calero y Juan Diego Vanegas. Además de su carrera profesional, también ha logrado conectar con el público al compartir detalles de su vida personal, mostrando una imagen genuina tanto delante como detrás de las cámaras.
Papá de Catalina Gómez no la dejaba tener novio
Recientemente, la presentadora concedió una entrevista para Sin reserva pódcast, conducido por José Fernando Patiño. Allí, la paisa habló de su infancia y adolescencia, etapas de su vida que la marcaron.
La comunicadora recordó un episodio familiar en el que tuvo que enfrentarse a la autoridad de su padre para poder vivir una etapa común en la juventud: tener novio. “Mi papá me decía: ‘Yo no la quiero ver con esos culicagados, porque si la vemos usted y yo partimos cobijas’. Eso sí me marcó. Eso fue un trauma, no de infancia, sino de adolescencia”.
Según relató, su papá era especialmente estricto con ese tema. La situación alcanzó un punto crítico cuando, sintiéndose atrapada y sin oportunidades para expresarse, Catalina decidió tomar una medida drástica como forma de reacción. “Yo en esa época dije: ‘como mi papá no me deja tener novio, no me deja salir ni me deja hacer nada, yo me voy a ir de monja’”, contó.
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Esta declaración, aunque no era del todo sincera, logró provocar una reacción inmediata en su padre, quien se mostró preocupado ante la posibilidad de que su hija eligiera un camino que no se alineaba con sus verdaderos deseos. “Entonces a él eso le pareció horrible y me dijo: ‘¿por qué no vas a hablar con esta psicóloga para que te de orientación profesional porque cómo te vas a ir de monja si tú quieres estudiar medicina’“.
Sin embargo, en lugar de aferrarse a la idea original, Catalina decidió ser honesta durante la consulta. “Yo fui, pero le dije que en realidad yo no quería irme de monja, le dije: ‘yo necesito es que mi papá me deje ser porque ya estoy aburrida de eso’”, recordó.
Ese espacio terapéutico se transformó en un verdadero punto de inflexión. La profesional no solo prestó atención a su descontento, sino que también la ayudó a fortalecer su voz y su confianza. Con esa nueva claridad, regresó a casa con la firme decisión de hablar. Aunque sabía que no sería fácil, logró sentarse con él y compartir lo que realmente sentía, incluso estableciendo algunas condiciones para llegar a un acuerdo. Ese instante marcó un cambio significativo en la dinámica familiar. “Ella me empoderó, y yo llegué a donde mi papá y le puse unas condiciones. Definitivamente, todo en la vida se soluciona hablando y exponiendo lo que uno tiene dentro del corazón, lo que le duele. A mí me costaba hablar con mi papá, no era fácil entablar conversaciones con él”, recordó.
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