Elizabeth Chava se ha consolidado como uno de los rostros emergentes de la televisión colombiana. La actriz paisa ha participado en producciones como ‘Rigo’, ‘La reina del flow 3′ y actualmente hace parte del elenco de ‘Las de siempre’, un proyecto que la mantiene en constante exposición frente a la audiencia. Su crecimiento en la industria ha sido progresivo, acompañado de una mayor visibilidad y de las exigencias propias del medio.
En conversación con Vea, la antioqueña abordó por primera vez un aspecto íntimo de su vida que ha estado presente incluso antes de alcanzar reconocimiento público: la autoexigencia tóxica, como ella misma lo denomina. Aunque suele asociarse con disciplina o deseo de superación, en su caso ha tenido matices más complejos, vinculados a la presión interna, la percepción de sí misma y la manera en que enfrenta los retos profesionales.
La lucha de Elizabeth Chava contra la autoexigencia tóxica
La actriz explica que esta tendencia no surgió de la noche a la mañana, sino que tiene raíces en su etapa escolar y en ciertos patrones de comportamiento que fue interiorizando con el tiempo. La necesidad de hacerlo todo bien, de evitar errores y de cumplir expectativas externas fue configurando una dinámica interna que, con el paso de los años, empezó a jugar en su contra, especialmente al entrar en un entorno tan expuesto como el de la actuación.
Ese contraste entre la exposición pública y la búsqueda constante de aprobación generó una tensión difícil de manejar. Por un lado, debía mostrarse segura frente a cámaras; por el otro, lidiaba con pensamientos recurrentes que cuestionaban su propio desempeño.
“Siempre quería que me fuera bien, que no me podía equivocar… esa necesidad de agradarle a la gente ha jugado un poco en contra cuando estás en este medio”, reconoció Elizabeth Chava.
Uno de los momentos que detonó con más fuerza esa autoexigencia fue tras su participación en ‘Rigo’. Luego de una racha positiva en castings, enfrentó un resultado adverso que impactó su confianza. A partir de ahí, la duda comenzó a instalarse con más intensidad. “Yo decía: ‘¿Aquí qué pasó?’… ahí empieza otra vez esa autoexigencia tóxica, ese síndrome del impostor a retumbar en la mente: ‘¿Yo sí soy buena?’”, contó.

Esa presión se trasladó incluso a procesos concretos como los videocastings, donde repetía tomas de manera insistente en busca de una perfección que nunca parecía suficiente. “Grabábamos 50 castings… y yo decía: ‘No, tenemos que hacer otro más’, porque no quería que me vieran imperfecta”, explicó, evidenciando cómo ese nivel de exigencia terminaba siendo contraproducente.
A pesar de ese escenario, Elizabeth Chava también ha identificado herramientas para gestionar mejor la situación. Reconoce que el acompañamiento profesional fue un punto de inflexión. Aunque inicialmente dudó, aceptó acudir a terapia por recomendación de su familia, entendiendo que no es necesario estar en un estado extremo para buscar ayuda. “Si necesitas solucionarlo, por más pequeño o grande que sea, hay que hacerlo”, agregó en su charla con Vea.
El apoyo de su círculo cercano también ha sido determinante, sobre todo porque, de cara al público, su actitud siempre ha sido positiva. “La gente ni siquiera sabía que mi mente estaba así porque siempre he tenido una sonrisa”, afirmó, subrayando la diferencia entre lo que se proyecta y lo que realmente se vive a nivel interno.
Actualmente, la actriz asegura estar en un proceso de mayor equilibrio. Actividades como el deporte y el aprendizaje de técnicas para gestionar la ansiedad le han permitido encontrar momentos de calma y reconectar consigo misma. Sin embargo, admite que la autoexigencia no desaparece del todo, sino que aparece en determinados contextos, lo que la obliga a mantenerse atenta a su manejo emocional.
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