
Mucho antes de pensar en llenar grandes escenarios, Reykon tuvo que enfrentarse a sus propias sombras. Se alejó de su fe, dejó que el orgullo ganara espacio y aprendió, a veces a la fuerza, que no todo lo que ocurre en la industria merece llevarse a cuestas. Hoy, mientras se prepara para presentarse por primera vez en solitario en el Movistar Arena de Bogotá, el cantante también revisa los errores que marcaron sus primeros años.
“Yo creo que en esa primera etapa me alejé mucho de Dios. Soy un man muy creyente y respeto mucho lo que cree cada persona, pero tengo una fe muy grande en Dios y siento que me alejé bastante. Eso hace que uno vaya perdiendo su esencia, que deje de disfrutar cada cosa”, explicó en su charla con “Vea”, de “El Espectador”.
La distancia con su fe no fue el único asunto que tuvo que revisar. El orgullo y la costumbre de tomarse las situaciones profesionales de manera personal también ocuparon un lugar importante en ese proceso. Con los años, entendió que una canción que no sale, una colaboración que no se concreta o una respuesta que no llega no necesariamente representan un ataque o una mala intención.
“Una de las cosas más importantes que he aprendido es a no tomarme las cosas de manera personal. Hay situaciones que pasan en la música, pero uno tiene que echarles tierrita y seguir. Si hoy no se dio, de pronto más adelante se dará otra oportunidad”, afirmó.
Las canciones de Reykon encontraron otra generación
A sus 39 años, Andrés Felipe Robledo Londoño (nombre de pila) atraviesa una etapa en la que su música convive con dos públicos distintos: quienes lo acompañaron desde sus primeros lanzamientos y los adolescentes que están descubriendo sus canciones a través de las redes sociales. Algunas de esas producciones tienen 15 o 16 años, pero han vuelto a circular como si acabaran de estrenarse.
El cantante cuenta que, aunque en un principio no era un seguidor habitual de redes como TikTok, comenzó a notar cómo jóvenes de 13 a 15 años encontraban sus canciones y las disfrutaban sin que necesariamente existiera una conexión con la época en la que fueron lanzadas.
“Me parece muy bonito que una canción que hice hace 15 años todavía se recuerde y que haya jóvenes que la están cantando como si hubiera salido ayer. Eso a uno le da mucha alegría”, señaló.
Para Reykon, ese fenómeno también representa una oportunidad para valorar el camino recorrido. El reguetón de sus primeros años se desarrolló en un momento en el que el género todavía buscaba consolidarse en la industria colombiana y latinoamericana. Hoy, con una escena mucho más amplia y numerosos artistas, aquellas canciones forman parte de una memoria musical que continúa encontrando nuevos oyentes.
“Siento que estoy en mi mejor momento, sobre todo porque antes no disfruté muchas cosas de las que debí sentirme orgulloso y contento, pero ahora si lo hago. Ahora valoro y disfruto de esta nueva oportunidad. De hecho, yo creo que lo que se ve hoy en mi exterior es un reflejo de lo que está pasando adentro”, dijo.
Movistar Arena, un escenario que antes parecía imposible
El siguiente capítulo de la carrera de Reykon estará marcado por sus dos presentaciones en el Movistar Arena de Bogotá, previstas para el 6 y 7 de noviembre. La dimensión de esos conciertos todavía lo sorprende, especialmente porque hubo un momento en el que ni siquiera imaginaba cómo eran los escenarios destinados a los artistas.
“Uno ve que la gente canta las canciones, pero nunca se imagina llenando escenarios así (…) Los sueños que yo tenía eran pequeños comparados con lo que Dios tenía preparado”, agregó.
Más allá de la expectativa por las entradas y por el tamaño del escenario, Reykon admite que no estaba preparado para la respuesta del público en Bogotá. Antes de que comenzara la venta, le preocupaba que las boletas no se agotaran y que la convocatoria no fuera la esperada. Sin embargo, los mensajes de sus seguidores y la demanda de las presentaciones terminaron convirtiéndose en una motivación adicional.
En el escenario, el antioqueño se encontrará con una parte de su historia: las canciones que lo hicieron conocido, el público que lo acompañó desde el comienzo y una nueva generación que las está descubriendo. Pero también lo hará con el resultado de un recorrido en el que, además de aprender a llenar espacios, ha tenido que entender cómo habitarse a sí mismo.
“Eso no quiere decir que no me vaya a equivocar. No quiero generar falsas expectativas, porque sigo siendo humano y siempre se cometen errores. Pero hoy prefiero detenerme a pensar antes de actuar”, concluyó.

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