En septiembre del 2024, la actriz australiana Nicole Kidman estaba disfrutando de las mieles del éxito en medio de su asistencia al Festival de Cine de Venecia. Allí se alzó con la Copa Volpi, sin embargo, inesperadamente una noticia la obligó a alejarse del evento. Su madre de 84 años había muerto.
Además de lo que significaba la muerte de Janelle Ann Kidman, a la actriz le abrumó el hecho de no haber estado con ella cuando partió. Pese a que no trascendió la causa de la muerte de la progenitora de la actriz, era claro que enfrentaba problemas delicados de salud. Unos años antes había superado un cáncer de seno.
La partida de su mamá llevó a la actriz a reflexionar sobre la importancia de estar acompañada en los momentos finales de la existencia. A partir de ahí comenzó a indagar sobre el rol que existe en algunos países, pero no es aún lo suficientemente conocido en el mundo: las doulas de la muerte, en inglés, death doula.
¿Qué hacen las doulas de la muerte?
En su reciente participación en un panel en la Universidad de San Francisco, la semana anterior, la australiana reveló que desea formarse para ejercer este papel. Dentro del ciclo Silk Speaker Series, donde estuvo acompañada por la periodista Vicky Nguyen, el pasado 11 de abril, Kidman confesó que la muerte de su madre le permitió darse cuenta que las personas que se acercan a la muerte tienen necesidad de ser asistidas por alguien que les brinde compañía, tranquilidad y, por qué no, consuelo.
Hasta ahora el papel de doula se ha popularizado para recibir bebés, es decir las doulas de vida que preparan a las madres para recibir una nueva criatura y se encargan del momento del nacimiento, brindando apoyo físico, pero también emocional a la nueva madre.
Kidman mencionó que pese a que ella y su hermana procuraron estar atentas a las necesidades de su madre, hay personas especializadas que hubieran podido estar con ella en sus últimos minutos.
Kidman, que lleva casi dos años meditando en esto, ahora está decidida a comenzar la preparación como doula para el final de la vida, donde ejercerá un papel emocional para que el proceso de partir sea menos traumático, solitario y más empático y humano.
