Ed Sheeran llegó a Bogotá con una gira construida alrededor del Loop Station, herramienta con la que graba y repite sonidos en vivo para construir canciones frente al público. Pero antes de que el británico apareciera en el escenario del Vive Claro este 16 de mayo, ya había algo anunciando su presencia: una mancha rosa extendiéndose entre la avenida Esmeralda, la calle 26 y la carrera 60, formada por miles de asistentes que adoptaron el color de ‘Play’, el álbum que marca esta nueva etapa de su carrera.
Desde las 4:00 p. m., mientras el ingreso avanzaba con tranquilidad, comenzaron a llenarse las graderías y la zona general. Horas después, sobre las 6:40 p. m., el colombiano Emyl Rusev subió al escenario e interpretó temas como ‘Mil besos más’ y ‘No vivirías igual’.
Así abrió Ed Sheeran su concierto en Bogotá
A las 8:05 p. m. llegó el momento. Las pantallas dejaron de mostrar gráficos para empezar a proyectar fotografías y videos del artista en su niñez, tocando instrumentos y construyendo una carrera mucho antes de convertirse en uno de los artistas más escuchados del mundo. Mientras avanzaban esas imágenes, una frase resumió el recorrido que estaba a punto de convertirse en concierto:
“Tocaba en bares y clubes, y literalmente nadie quería escucharme. Y luego tocamos para más de 20 millones de personas en los últimos 15 años”.
Minutos después apareció sobre el escenario. Empezó lejos de las baladas por las que buena parte del público lo conoce. Abrió con ‘You Need Me, I Don’t Need You’, una canción más cercana al rap y a sus primeros años, para después recorrer temas como ‘Sapphire’, ‘Castle on the Hill’, ‘The A Team’, ‘Shivers’ y ‘Don’t’.
Precisamente, ese primer bloque pareció funcionar como una revisión rápida de distintas versiones de Ed Sheeran: el joven insistente, el nostálgico, el vulnerable y el responsable de algunos de los mayores éxitos pop de los últimos años.

Mientras avanzaban esas primeras canciones, también aparecieron en escena dos elementos que terminarían acompañando buena parte de la noche: los fuegos artificiales y una llovizna leve sobre Bogotá. Los primeros aparecieron desde temprano y no quedaron reservados para el cierre, como suele ocurrir en otros conciertos. La segunda, en cambio, hizo algo inesperado.
No fue una lluvia incómoda ni suficiente para quedar empapado. Estuvo presente sin alterar el espectáculo, apenas perceptible por momentos, mezclándose con las luces del escenario y con miles de personas cantando. Más que interrumpir, terminó acompañando el concierto durante varias canciones, hasta dar la sensación de ser otro elemento dentro de la puesta en escena.
Ed Sheeran complació a sus fanáticos
Uno de los momentos que rompió la estructura prevista llegó con ‘Supermarket Flowers’. Algunos asistentes comentaban que la canción no hacía parte del repertorio inicial, pero terminó apareciendo después de que Ed Sheeran viera uno de los carteles levantados entre el público, según él mismo lo dijo.
La escena tuvo sentido dentro de un concierto donde la cercanía parecía importante incluso frente a miles de personas. Gran parte del espectáculo ocurrió con el británico prácticamente solo en tarima, construyendo sonidos en tiempo real con el Loop Station.
Aunque más adelante aparecieron músicos para acompañarlo en canciones como ‘Galway Girl’ y ‘Nancy Mulligan’, el concepto siguió siendo el mismo: un artista capaz de sostener durante horas un escenario enorme apoyado principalmente en una guitarra, una pedalera y un catálogo de canciones que atraviesa distintas generaciones de seguidores.
El setlist de Ed Sheeran en Bogotá incluyó también otros temas como ‘Photograph’, ‘Thinking Out Loud’, ‘Perfect’, ‘I See Fire’, ‘Love Yourself’ —canción que escribió y luego terminó convertida en voz por Justin Bieber— y otros clásicos que el público cantó completos.
En la parte final del show, el artista británico interpretó algunos de sus mayores éxitos. En esos momentos apareció una imagen que comenzaría a circular en redes sociales. Durante ‘Shape of You’, Ed Sheeran apareció con la camiseta de la Selección Colombia, marcada con el número 17 y su nombre en la espalda.
Lo que quedaba del concierto avanzó entre más fuegos artificiales, voces acompañando cada coro y un público que parecía decidido a extender la noche algunos minutos más.
Antes de despedirse, dejó una última frase: “Gracias, chicos. ¡Los quiero!”. Y con eso terminó una presentación que reunió miles de personas, una llovizna inesperadamente amable y a un artista que, después de recordar en pantalla que alguna vez tocó para salas vacías, cerró la noche frente a un recinto lleno en Bogotá.
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