
Jack Antonoff junto a su banda, Bleachers. El músico y productor balancea su proyecto más personal con su rol como el arquitecto detrás de los mayores fenómenos globales de la década, colaborando estrechamente con figuras como Taylor Swift, Sabrina Carpenter y Lana Del Rey.
En la arquitectura del pop contemporáneo, todos los caminos conducen a Jack Antonoff. ganador serial del Grammy a Productor del Año y mente maestra detrás de los éxitos de Taylor Swift, Lana Del Rey y Sabrina Carpenter, Antonoff ha moldeado la identidad sonora de la última década.
Sin embargo, cuando se refugia en Bleachers, su proyecto más personal, las reglas de la industria se desvanecen. Con el lanzamiento de Everyone for Ten Minutes, su quinto álbum de estudio, la banda entrega su obra más madura: un refugio analógico donde conviven sintetizadores con instrumentos inusuales como el clavecín y la armónica, balanceándose entre la euforia bailable y la melancolía de la pérdida.
A través de canciones catárticas como “We Should Talk” o la romántica “You and Forever” —dedicada a su esposa, Margaret Qualley—, Antonoff confronta el aislamiento de una sociedad atrapada en pantallas y propone la imperfección del arte como un espacio de resistencia humana frente a un tema que alarma en la cultura: el uso de la Inteligencia Artificial.
¿Qué es lo más increíble de este nuevo álbum de lo que aún no le han preguntado? ¿Hay algo que la prensa haya pasado por alto o que los fans de pronto no capten en la primera escucha?
¡Sí! Estoy trayendo de vuelta el clavecín (harpsichord) y la armónica. Esas dos cosas me tienen vuelto loco en este disco y me encantan porque no las había escuchado en años.
Acá ocurre algo sin precedentes: por primera vez, toda la banda comparte créditos de composición en un tema. ¿Qué tan liberador —o quizás aterrador— fue permitir que una canción se construyera con las ideas de todos en tiempo real?
Fue muy natural y fácil. Esas canciones nacieron simplemente de ponernos a tocar. Gran parte de este álbum surgió de estar tocando juntos en una habitación. Esos momentos fueron tan fáciles y orgánicos como cualquier otra cosa que haya hecho en mi vida. A estas alturas, por el tiempo que llevamos juntos, los shows que hemos tocado y la vida que hemos compartido, la banda ya es una familia. Hay una magia y una energía entre nosotros que ni siquiera se puede describir. Solo tienes que escucharla, y me encanta plasmar eso en la música.
El disco lo grabaron en Italia, ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue genial. A veces, ir a un lugar extranjero donde no tienes tus equipos ni hablas el idioma te obliga a comunicarte únicamente a través de la música. Obviamente es increíble estar en casa, en los estudios Electric Lady y rodeado de nuestras cosas, pero el hecho de agarrar guitarras al azar, tocar un piano que no es mío y usar la batería que tuvieran disponible allá... eso resulta muy inspirador. Es muy cool.
El título de una de sus canciones, Everyone for 10 minutes (“Todos durante 10 minutos”), viene de la configuración de visibilidad del AirDrop que los usuarios de iPhone conocen. Más allá de la tecnología, ¿es este álbum su propia manera de limitar el acceso?
Sí, y lo hago a través de la música. Es decir, siempre digo que Bleachers es para cualquiera, pero no para todos. Siento que hoy en día existe una presión enorme por hacer algo que sea digerible para todo el mundo, y yo deseo hacer exactamente lo contrario. Las historias se están volviendo más específicas, las referencias son más específicas. Amo a mi audiencia y amo esta conversación en la que hemos estado metidos, y lo único que intento es profundizar en ella. No estoy mirando más allá de ellos.
En sus canciones suele hablar de sus inicios, de cuando ni siquiera sabía cómo poner gasolina en Nueva Jersey, y ahora llena el Madison Square Garden. ¿Qué parte de ese chico que no sabía cómo navegar en el mundo real sigue guiando sus decisiones en el estudio?
El sentimiento puro, lo que se siente bien para mí, es lo que está bien. Muchas cosas han cambiado en mi vida, pero eso no. Cuando era un niño y hacía música, hacía ciertas cosas y decía: “Oh, ese soy yo. Me encanta. Así es como suena ser yo”. Al final del día, esa sigue siendo la misma fuerza motriz.
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Constantemente lo nombran como el heredero del “sonido de Nueva Jersey” —esa mezcla de nostalgia, saxofón y una épica callejera—. Sin embargo, es un ciudadano del mundo que graba en Londres, Nueva York o Los Ángeles. ¿Jersey sigue siendo un lugar físico para usted o es más un estado mental al que regresa cuando necesita recordar por qué empezó a hacer música cuando nadie lo escuchaba?
Son ambas cosas. Pero últimamente ha sido más un estado mental al que acudo porque viajo demasiado. Es como un lugar de meditación donde puedo ir y sentir que estoy en el espíritu con el que crecí musicalmente. Puedo escuchar esos sonidos en mi cabeza que se sienten como mi mundo, y luego quiero sacarlos de ahí y entregárselos al mundo real.
En sus inicios, la magia venía de la intuición pura y de no saber cómo “debía” sonar un disco profesional. Ahora que es un maestro de la arquitectura del pop y conoce todos los trucos de la industria. Ha trabajado con Taylor Swift, Lana Del Rey, Lorde y Sabrina Carpenter, ¿cómo hace para desaprender lo que sabe? ¿Cómo protege esa capacidad de asombro y el valor del error para que Bleachers suene como una banda real y no como un producto perfecto?
Con cada grabación que hago simplemente me siento muy curioso: intento cosas nuevas, traigo instrumentos que nunca antes había tocado... es una cuestión de actitud. Es decir, sé cómo hacer ciertas cosas, pero al final del día solo estoy persiguiendo una sensación. Persigo ese sentimiento intangible de por qué algo me enciende por dentro. No lo sé, nunca me ha importado la matemática ni las reglas en la música, solo estoy esperando escuchar ese sentimiento.
Habla mucho sobre la Inteligencia Artificial. Vivimos en una era donde cualquier tecnología nueva que se inventa se convierte instantáneamente en datos para entrenar algoritmos. Al escribir ahora, ¿lo hace con un sentido de rebeldía? ¿Con el deseo de crear algo tan humano, tan específico y tan lleno de contradicciones que sea, por definición, imposible de replicar para una IA?
Absolutamente. Si alguien allá afuera piensa que el proceso sagrado de hacer música, escribirla y presentarla en vivo se puede aprender o entrenar [mediante un algoritmo], yo estoy aquí para reírme en su cara.
Siguiendo esa idea, ¿le asusta que la tecnología moderna nos esté quitando la capacidad de dejarle cosas a la imaginación?
Totalmente. Y ese es el punto de inflexión en el que nos encontramos ahora. Pero lo que veo en mí mismo y en muchísima gente en el mundo es un rechazo absoluto hacia eso. Y esas son las personas con las que realmente me interesa hablar en este momento.
¿Cómo se imagina entonces el futuro de la música?
Basado en la autenticidad, la calidad y lo que viene del alma. Creo que eso siempre ha sido el núcleo de todo. Y aunque ahora haya algo que realmente lo está desafiando, de alguna manera eso va a hacer que se vuelva aún más profundo. Creo que el futuro de la música es muy brillante, de verdad lo creo.
¿Siente que eso aplica a todas las profesiones? No lo sé, ¿por ejemplo al periodismo? ¿Crees que también necesitamos esa autenticidad?
Creo que aplica a absolutamente todo en la vida. Al final del día, muchos de estos nuevos sistemas [tecnológicos] son creados por personas que solo quieren hacer algo rápido, fácil y ganar dinero. Con el tiempo, eso se va a convertir en algo que nadie realmente quiere. Por eso la experiencia, la intención, el amor y el alma son las cosas que van a importar, como siempre lo han hecho, pero ahora más que nunca porque se están volviendo cada vez más raras.
Ha dicho que le encantan los sintetizadores analógicos porque a medida que se calientan, se desafinan y empiezan a comportarse como si estuvieran cansados o vivos... casi como un ser humano. En un mundo donde todo se puede corregir con un clic, ¿cómo decide qué errores son lo suficientemente hermosos como para dejarlos en el disco?
Es solo un sentimiento. A veces escucho algo y pienso: “Oh, me encanta, pero quiero que esté un poco más ajustado”. Y otras veces escucho algo y pienso: “Eso es todo”. Simplemente juegas con diferentes elementos. Se trata de sentir el alma de quien está tocando. Lo que me fascina de los instrumentos analógicos es que, como dijiste, su comportamiento es errático. Son como las personas: funcionan de manera diferente según el entorno y la atmósfera. Si está lloviendo afuera, tienen una energía distinta; si han estado encendidos trabajando por demasiado tiempo, tienen otra energía.
Mencionó hace poco que los trabajos recientes de Bleachers se alejan un poco de su sonido habitual para adoptar una paleta inspirada en álbumes como Sea Change de Beck o Yankee Hotel Foxtrot de Wilco. ¿Qué inspiraciones específicas encontró para este nuevo disco? ¿Sigue estando presente la influencia de Bruce Springsteen o está viendo el sonido a través de un lente diferente?
A estas alturas, la inspiración es realmente solo mi banda.
¿Y qué música está escuchando ahora mismo?
Me gusta mucho el nuevo álbum de Grace Ives y he estado revisando un montón de los discos viejos de Tom Waits con los que crecí. Esas son las dos cosas que tengo en rotación.
Esta es mi última pregunta, Jack. ¿Cuál es el mejor consejo que alguien le ha dado jamás?
Que pasar una vida haciendo música y tocando en vivo es una vida bien vivida. Alguien me dijo eso hace poco. Suena simple, pero en esta era de modernidad hay demasiada presión para hacer muchísimas cosas a la vez, y yo la verdad no quiero hacerlo.
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