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Grupo Frontera: del viral “No se va” a su llegada al Movistar Arena en Bogotá

Grupo Frontera llega este 16 de abril al Movistar Arena en su primer gran encuentro con Colombia. Pero más allá del fenómeno viral y el éxito internacional, esta es la historia de una banda que, en medio de su evolución, sigue manteniendo unas letras que conectan con lo cotidiano, el desamor y las raíces que la vieron nacer.

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Por Leidy Barbosa
16 de abril de 2026
Grupo Frontera ha tenido una carrera con una marca influencia colombiana
Fotografía por: Isaac Esquivel
Grupo Frontera ha tenido una carrera con una marca influencia colombiana

Grupo Frontera ha tenido una carrera con una marca influencia colombiana

Fotografía por: Isaac Esquivel

Si a usted le preguntan si ha cantado alguna vez música mexicana, la respuesta casi sobra. En Colombia, la cercanía con este género no es reciente ni superficial: ha sido constante, profunda, de muchos años y, en muchos casos, determinante para moldear parte de nuestros propios sonidos.

Pero algo cambió. En un mapa musical latino que hoy se mueve a toda velocidad, el regional mexicano dejó de ser tradición para convertirse en protagonista. Bajo ese gran paraguas que reúne mariachi, banda, corridos, norteña o sierreño, el género vive una transformación que lo llevó de lo local a lo global, encabezando listas y cruzando fronteras con una naturalidad que antes parecía impensable.

En ese proceso, también se rompe un viejo estereotipo: ya no es solo música para brindar, sino un lenguaje amplio, diverso y contemporáneo. Y es ahí donde nombres como Grupo Frontera, quien llega este 16 de abril al Movistar Arena bogotano, ayudan a entender por qué este sonido no solo resiste el paso del tiempo, sino que hoy lo está marcando.

Un grupo con mucho colombiano

Para entender a Grupo Frontera, vale la pena hacer un pequeño desvío y mirar a Morat. Y es que, en esta nueva etapa de la música latina, las conexiones entre géneros, países y audiencias son cada vez más evidentes. Lo que parece aislado, en realidad dialoga. Y el auge del regional mexicano también se explica desde esas mezclas, cruces e influencias que recorren toda la región.

A comienzos de 2022, No se va”, una canción de Morat incluida en su álbum Balas Perdidas, empezó a circular en TikTok con otros ritmos y otras voces, distintas a las de los bogotanos. Nadie sabía muy bien quiénes eran, pero el algoritmo no requería presentaciones: simplemente la impulsó hasta volverla viral. No era solo una reinterpretación, sino una relectura de un tema que ya había marcado a la banda colombiana, ahora adaptado a un nuevo público y a una sensibilidad distinta.

Fue entonces cuando comenzó a sonar el nombre de Grupo Frontera, integrado por Adelaido “Payo” Solís III, Juan Javier Cantú, Julián Peña Jr., Alberto “Beto” Acosta y Carlos Guerrero, músicos originarios del Valle de Texas. Pero, ¿quiénes son realmente y, sobre todo, cómo se teje su conexión con la música colombiana?

“La cercanía con Colombia viene de antes del fenómeno del regional. Monterrey, ciudad de origen de varios de nosotros, ha sido una plaza clave para Morat, con un público fiel que terminó influyendo de forma directa en nosotros. De hecho, “No se va" nace de un lugar particular: el de fans, que somos nosotros con el grupo y que primero escuchan, luego reinterpretan y finalmente se convierten en colegas”, explicó Adelaido “Payo” Solís, vocalista de la agrupación, a Vea, de El Espectador.

Esto no es casual. Existe una historia compartida entre la música regional mexicana y la música popular en Colombia que se remonta, incluso, al cine mexicano de los años 60, que ayudó a expandir el mariachi por América Latina y encontró en el país un terreno fértil. Hoy, esa relación se refleja en los hábitos de escucha: Colombia es uno de los mayores consumidores de regional mexicano en la región y las plataformas digitales han registrado un crecimiento sostenido del género en los últimos años.

En ese contexto se entienden también los cruces de Grupo Frontera con artistas colombianos. Además de su trabajo con Morat en “Los dos”, colaboraron con Maluma, Shakira y Manuel Turizo, y han tendido puentes con el vallenato a través de Silvestre Dangond, uno de sus exponentes más influyentes. Esa cercanía no solo responde a una estrategia musical, sino también a afinidades sonoras: los ritmos del norte de México dialogan con géneros colombianos como la cumbia y el vallenato, que la banda ya había escuchado desde antes.

“La primera vez que escuché vallenato tenía unos seis u ocho años. Fue por mi papá, y pensé que era cumbia, que es lo que nosotros tocamos. Hay muchas similitudes entre esos géneros. Fue curioso porque pensé que eran canciones que eran de México”, recordó Payo.

Con el tiempo, esa conexión se fortaleció, en parte por la influencia de Carlos Vives, cuya fusión del acordeón vallenato con sonidos modernos marcó una referencia clara para la banda. Ese camino los llevó a su última colaboración reciente, que es con Silvestre Dangond, con quien grabaron “Imposible”, según Solís, surgió de una conexión genuina y terminó convirtiéndose en un proyecto especialmente significativo para ambos.

Su avance con la música

La banda entendió rápido cómo moverse en esta era digital: aprendieron sobre la industria, vieron videotutoriales de YouTube, produjeron sus primeros videos con presupuestos mínimos y, cuando llegó la viralidad, la capitalizaron sin titubeos. En cuestión de meses, un éxito llevó a otro y lo que comenzó como un proyecto local empezó a proyectarse a gran escala.

Ese crecimiento, sin embargo, también los tomó por sorpresa. Payo cuenta que, antes de consolidarse como grupo, varios de sus integrantes habían intentado abrirse camino en la música sin éxito y ya habían tomado rumbos distintos. Por ejemplo, Juan Javier Cantú trabajaba en la ganadería, Carlos Guerrero tenía su propia empresa de transporte y otros miembros estaban enfocados en sus oficios.

“La música había quedado en pausa, más como un anhelo que como un plan real. Hasta que decidieron retomarla, esta vez sin la presión de pegar, sino por el simple gusto de tocar juntos. En ese proceso fue cuando me encontraron: yo subía videos a TikTok y ellos me escribieron por Instagram para invitarme a cantar. Aunque igual me hicieron audición. Luego, la quinta canción que grabamos fue la que explotó. Para mí, eso demuestra que cuando haces las cosas por gusto y no por ambición, todo fluye distinto”, dijo Solís.

El contexto también jugaba a su favor. Mientras el regional mexicano ganaba terreno global, “Un x100to”, su colaboración con Bad Bunny, logró entrar al Billboard Hot 100 en 2024, confirmando que ya no se trataba de un fenómeno de nicho, sino de un movimiento capaz de competir en las grandes ligas.

Pero lo que distingue a Grupo Frontera es su apertura a incorporar otros ritmos. Sin embargo, ahí se entra en un terreno delicado: en el contexto de un género en expansión, aparece una tensión inevitable entre crecer y mantenerse fiel. ¿Cómo evolucionar sin diluir lo propio, tanto en lo individual como en lo colectivo?

Payo es claro en decir que la clave está en las raíces. Aunque la música evoluciona y se mezcla con nuevos sonidos, insiste en que debe mantener una base reconocible: en su caso, la cumbia con la que crecieron en el norte de México. Lo mismo ocurre, dice, con otros artistas del movimiento, cuyas propuestas se modernizan sin desprenderse de elementos tradicionales como las guitarras, la tuba o el bajo quinto.

“Eso es lo que queremos hacer: decirle al mundo que Frontera puede colaborar con diferentes artistas y que también podríamos hacer distintos estilos de música, pero sin abandonar lo que somos”, afirmó.

¿A la gente le gusta el desamor?

Cuando se le pregunta a “Payo” por las temáticas de sus canciones (en especial, por el nombre de su gira Triste, pero bien cabrón), su respuesta parece sencilla, pero encierra algo más profundo: las canciones tristes conectan en cualquier momento. “Si estás feliz, igual puedes poner una canción triste y pensar en algo que viviste. Y si estás pasando por un mal momento, también. En cambio, si estás triste y pones una canción feliz, no siempre cuadra”, explicó.

Esa universalidad del desamor se hace evidente en sus conciertos. Aunque el ambiente es festivo, hay momentos en los que la música toca fibras más profundas. Payo recuerda, por ejemplo, a un hombre en primera fila que, en medio del show, rompió en llanto mientras cantaban una de sus canciones. “A lo mejor llegó contento, pero la canción le pegó y lo llevó a otro lugar”, dice.

De ahí nace el concepto de la gira: esa dualidad entre la emoción y la herida. Porque, como reconoce el propio Solís, incluso en etapas aparentemente estables o felices, siempre hay espacio para recordar lo que dolió. “Puedes estar bien, salir con amigos, pasarla bien… pero hay momentos en los que algo te mueve por dentro. En ese punto intermedio, entre la nostalgia y la celebración, es donde la música encuentra eco", dijo.

De hecho, menciona que, más allá de la fiesta o el desahogo, para ellos la música y en especial la que cantan, hay una intención de dejar espacio para múltiples lecturas.

“La música no solo es para cantarla y que tenga un solo significado. Por ejemplo, temas como “No se va”, pueden hablar de una relación de pareja, pero también de la pérdida o la distancia con alguien cercano. Esa versatilidad en las letras, añade, es parte de lo que las hace conectar con tantas personas", afirmó.

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Leidy Barbosa

Por Leidy Barbosa

Periodista de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en la producción audiovisual y en animación digital. Apasionada por temas medioambientales y sociales.@leidyramirezbLbarbosa@elespectador.com
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