Publicidad

Más que el line-up: lo que el FEP puede aprender de otros festivales del mundo

A 30 días del FEP, experiencias como baños con aire acondicionado, charlas con autores y premios por reciclar muestran lo que el festival podría aprender de los gigantes globales.

Por Mariana Álvarez Barrero
18 de febrero de 2026
Un detalle clave es la seguridad: carpas donde se registran los niños y se vinculan a la manilla del adulto.
Fotografía por: Óscar Pérez
Un detalle clave es la seguridad: carpas donde se registran los niños y se vinculan a la manilla del adulto.

Un detalle clave es la seguridad: carpas donde se registran los niños y se vinculan a la manilla del adulto.

Fotografía por: Óscar Pérez

La conversación ya no gira solo en torno al cartel, sino a la experiencia integral que ofrece el evento. En un contexto en el que los grandes festivales del mundo han ampliado su impacto social, cultural y ambiental, el Festival Estéreo Picnic enfrenta la oportunidad de ir más allá de la música y consolidarse como un espacio que dialogue con la ciudad y sus públicos.

Compromiso social y cultural más amplio

Festivales como el Austin City Limits (ACL) en Austin, Texas, transforman la responsabilidad social en una experiencia interactiva mediante iniciativas como “ACL Cares”. Este es un espacio en el que se presentan algunas de las organizaciones comprometidas con mejorar vidas y la comunidad local en general con dinámicas en las que no solo los asistentes se informan, sino que también ganan premios.

Además, se presentan figuras de la talla de Brett Goldstein, actor y guionista famoso por interpretar a Roy Kent en la serie Ted Lasso, que ofrecen charlas sobre liderazgo y cultura. En la última edición, Matthew McConaughey presentó su libro de poemas, por ejemplo.

Esto no solo ofrece un peso cultural extra, sino que también permite descongestionar los escenarios y las áreas públicas en momentos de picos.

Para el FEP, integrar líderes de opinión o autores nacionales no solo descongestionaría los escenarios, sino que transformaría el festival en un epicentro de diálogo social y cultural más allá del entretenimiento.

Curaduría gastronómica con ADN local

El ACL también rechaza las cadenas genéricas a través de “Austin Eats”, una zona exclusiva para restaurantes icónicos de la ciudad. El requisito es ingenioso: los chefs deben adaptar sus platos estrella a un formato de “comida rápida de autor” que garantice un flujo veloz sin sacrificar la calidad.

Esta curaduría destaca también por su inclusión, ofreciendo opciones vegetarianas y veganas de primer nivel que compiten en popularidad con la carne. Para el FEP, esto sería una oportunidad de oro para integrar la escena bogotana ahora que el festival se realiza en el Simón Bolívar, elevando la alimentación de ser un simple trámite en el evento a un pilar cultural diverso y sofisticado del mismo.

Roquear y reciclar

Todos los festivales de la empresa productora C3, como el ACL y el Lollapalooza, llevan la sostenibilidad al siguiente nivel con la iniciativa “Rock & Recycle”. Este programa entrega a los asistentes una bolsa de reciclaje con arte exclusivo. Si la devuelven llena de latas o botellas, reciben una camiseta de edición limitada que no está a la venta en los estands del evento.

Esta dinámica convierte la limpieza del parque en un juego de colección. Para el FEP, implementar incentivos similares motivaría a los fans a mantener el Simón Bolívar impecable, reduciendo drásticamente los costos de aseo.

Música accesible para todos

Los festivales del norte también han integrado intérpretes de señas que no solo traducen letras, sino que transmiten la experiencia sonora completa (ritmo, solos de guitarra y emoción). Figuras como Barbie Parker se han vuelto virales por su energía, permitiendo que la comunidad sorda viva el show a la par del resto.

Para el FEP, implementar intérpretes de lengua de señas en escenarios principales no solo cumpliría un estándar de inclusión global, sino que enviaría un mensaje poderoso de empatía, haciendo que el festival sea verdaderamente para todos.

Audiencias que crecen con el festival

Tras el primer paso del FEP en 2025 al habilitar tribunas especiales para menores en shows como Olivia Rodrigo, el siguiente nivel es el modelo Kidzapalooza. En Chicago, los niños entran gratis y cuentan con un “festival propio”: baños con aire acondicionado, talleres artísticos y tarimas para bandas juveniles. Un detalle clave es la seguridad: carpas donde se registran los niños y se vinculan a la manilla del adulto. Para el FEP, esto garantiza que la audiencia original, ahora con hijos, siga asistiendo, convirtiendo el evento en un espacio seguro y multigeneracional.

Por Mariana Álvarez Barrero

Periodista de la Universidad del Rosario. Apasionada por la agenda global, la literatura y la economía. Además, presentadora de Moneygamia, formato audiovisual de finanzas fáciles de El Espectador.malvarez@elespectador.com
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.