El reloj marcaba las 8:40 p.m. del 11 de abril cuando se apagaron las luces del Movistar Arena. Diez minutos después de la hora prevista, No Te Va Gustar apareció en escena sin preámbulos, con una decisión clara desde el arranque: no construir el show desde la nostalgia, sino desde el recorrido. ‘Halcones y payasos’, una de las cartas recientes de ‘Florecer en el caos’ (2026), abrió la noche y fijó el tono. No fue un inicio explosivo, sino medido, casi contenido.
El primer bloque terminó de tomar forma con ‘No te imaginas’ (‘Luz’, 2021) y ‘A las nueve’ (‘El calor del pleno invierno’, 2012). Esta última, una de las canciones más reconocibles de su catálogo, apareció demasiado temprano para lo que muchos esperaban. Sin embargo, no fue un error de cálculo: fue una declaración de intenciones. En tres canciones, la banda trazó una línea entre su presente, su etapa reciente y uno de sus momentos más populares. Ese esquema —mezclar tiempos, no jerarquizarlos— se mantuvo durante toda la noche.
“Muchísimas gracias, qué felicidad estar de vuelta acá en Bogotá y presentando un nuevo álbum. La verdad estamos muy felices con este disco, que ojalá les haya gustado, y vamos a tocar muchas canciones de ‘Florecer en el caos’ y muchas de las otras. Ojalá que pasemos una gran noche, como cada vez que venimos”, dijo Emiliano Brancciari en su primer saludo.
Posteriormente, sin discursos largos, No Te Va Gustar fue directo a la música: una canción tras otra, casi sin pausas, manteniendo al público enganchado.
Durante la primera hora, el repertorio fue alternando canciones nuevas con otras de distintas etapas, en un recorrido que conectó bien el presente de la banda con su historia. El sonido se mantuvo sólido, con ese cruce entre rock, vientos y momentos más melódicos, sin necesidad de alargar versiones ni recargar los arreglos.
El único corte claro llegó con el solo de batería de Diego Bartaburu. Tres minutos en los que el escenario se redujo a un foco y un pulso, mientras el resto del grupo se retiraba momentáneamente. Más que un momento de lucimiento, funcionó como transición: un respiro antes del tramo más directo del concierto.
Diego Bartaburu, baterista de No Te Va Gustar.
La promesa de Emiliano Brancciari a los fanáticos colombianos de No Te Va Gustar
A partir de ahí, el show se volvió más compacto. Sin pausas, sin discursos, con una seguidilla que incluyó ‘Ese maldito momento’, ‘Chau’, ‘Tan lejos’, ‘Al vacío’ y ‘Paranoia’. El público respondió coreando, sosteniendo la energía sin necesidad de estímulos adicionales. No fue un concierto de euforia desbordada, sino de conexión constante.
El cierre llegó con ‘Fuera de control’, en línea con la energía de ese segundo tramo del concierto. Sin embargo, la respuesta del público hizo que la banda regresara al escenario para un último bloque. Entonces interpretaron ‘No somos nosotros’ y ‘No era cierto’, completando dos horas de show.
“Gracias, Bogotá. Siempre es un placer tocar para ustedes. Por eso volveremos siempre que sea necesario”, prometió Brancciari antes de retirarse definitivamente del escenario del Movistar Arena.
La noche, además, jugó a favor. Sin lluvia ni cambios bruscos, el ambiente se mantuvo estable, algo que terminó reflejándose también en el tono del concierto: sin sobresaltos, sin excesos, pero efectivo en su propuesta.
Más que un repaso de éxitos o una apuesta total por lo nuevo, No Te Va Gustar presentó en Bogotá un show que funciona como síntesis de su momento actual. Una banda que no renuncia a sus canciones más reconocidas, pero que tampoco gira alrededor de ellas. Una transición que en el escenario se siente natural.
