Ayer, luego de reunir a un grupo de expertos para analizar el incremento de casos en diez países, declaró una “emergencia de salud pública de interés internacional”.
No es para menos. En tan solo cinco meses se han registrado 68 casos, cuando en el mismo período de 2013 se presentaron 24: un aumento del 183% que tiene alertadas a las autoridades, pues creían que el virus, que ataca principalmente a niños entre 4 y 15 años, estaba al borde de la extinción. De hecho, era la siguiente enfermedad candidata a desaparecer del planeta después de la viruela.
“Dado que se ha comprobado la efectiva exportación e importación del virus, consideramos que esto constituye una amenaza y se justifica decretar una emergencia sanitaria”, afirmó en rueda de prensa Bruce Aylward, director general adjunto de la OMS.
Una de las mayores preocupaciones es que, de no tomar fuertes medidas, la enfermedad se siga diseminando de un país a otro, como ha venido sucediendo. De acuerdo al reporte, el virus pasó de Siria a Irak, de Camerún a Guinea Ecuatorial y de Pakistán a Afganistán. Y, según la OMS, “mientras haya un solo niño infectado con poliomelitis, los niños de todos los países corren el riesgo de contraerla”. Su forma de transmisión es de persona a persona a través de secreciones respiratorias o por la ruta fecal oral.
Las naciones afectadas, de acuerdo a los especialistas, están divididas en dos grupos: las que tienen “capacidad exportadora” (Pakistán, Siria y Camerún) y el resto (Nigeria, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Etiopía, Irak, Israel –incluidos los territorios palestinos- y Somalia).
La situación es alarmante porque el no detener la expansión de esta enfermedad implica un enorme retroceso del plan que se viene implementando desde 1998, con el que se logró disminuir el 99% de los casos existentes.