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30 Jul 2021 - 2:00 a. m.

Baja calidad de mamografías, un problema que empieza a inquietar en Colombia

Un estudio de la Universidad de Caldas demostró que el 75 % de las mamografías tomadas en cuatro centros radiológicos de Manizales tenían falta de calidad en las imágenes obtenidas. La investigadora principal del artículo sugiere que el sistema de salud no está haciendo las auditorías idóneas para este procedimiento, en el que se busca detectar el cáncer de mama.
Mamografía
Mamografía
Foto: Diana Sánchez

Son las 4 de la mañana en una vereda a media hora de Pensilvania, Caldas. Susana*, una mujer campesina de 50 años, se levanta a cumplir con sus labores diarias y, al terminar, emprende camino hacia el municipio más cercano.

Pasados 30 minutos se encuentra en la plaza principal del pueblo esperando un bus que la lleve a la capital del departamento: Manizales. Sobre las cinco de la mañana el transporte la recoge junto a otras 50 mujeres y, luego de recorrer 138 kilómetros, llegan a su destino. Han pasado cinco horas desde que se levantó en su casa y el día hasta ahora comienza.

Son las 10 de la mañana y Susana está a punto de tener su primera mamografía. Ella y las otras mujeres se reparten en cuatro centros de radiología de la ciudad. Cuando llega su turno, cinco horas después, le piden que ponga su seno derecho sobre una especie de plancha que está helada. Luego de unos minutos el aparato se cierra y oprime el seno de Susana. El procedimiento es doloroso e incómodo. Al finalizar la mamografía todavía hay cinco mujeres después de ella y Susana debe esperarlas a todas.

A las 5:30 de la tarde Susana, junto a las otras 50 mujeres que iniciaron la jornada, regresan al bus que las llevó a la ciudad. Cerca de las 9 de la noche llegan a Pensilvania y solo hasta las 10 están en casa junto a su familia.

La historia de Susana es, en resumen, lo que vivieron más de 300 mujeres que pudieron acceder a una mamografía gracias a una investigación realizada por la Universidad de Caldas y financiada por el Sistema General de Regalías del fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación. “Calidad de las imágenes, la lectura y el servicio de mamografía en cuatro centros de imagenología de Manizales, Colombia” fue como titularon los investigadores el artículo que resume los resultados y que fue publicado en la revista Biomédica, del Instituto Nacional de Salud. Su principal conclusión es inquietante: la calidad de las imágenes de mamografía no es la adecuada.

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Un sistema de salud centralizado

Según el Instituto Nacional de Salud, el de mama es el cáncer más común del país con una tasa de incidencia de 63,9 casos por cada 100.000 mujeres mayores de 15 años, y la mamografía es el procedimiento más común con el que se puede detectar.

Karol García, ingeniera biomédica y una de las autoras del artículo, explica que, aunque es un procedimiento que puede salvar vidas, es costoso y complejo. Para realizarse requiere a un radiólogo, un técnico en radiología y después a un médico experto en mastología para que lea los resultados.

En su estudio, que buscaba calificar el servicio de mamografía en la ciudad de Manizales de forma íntegra, fueron seleccionados 14 municipios del departamento de Caldas, donde los investigadores buscaron que los hospitales atendieran la mayor cantidad posible de mujeres del régimen subsidiado.

“Las mujeres eran de muy bajos recursos. Algunas vivían a 3 o 5 horas del casco urbano del municipio y nunca habían accedido a una mamografía”, asegura García.

Inicialmente escogieron cerca de 520 mujeres y, luego de realizar exámenes de palpación mamaria en los municipios, seleccionaron a 318, la mayoría mayores de 50 años y que en los últimos 12 meses no se habían hecho una mamografía, o tenían menos edad, pero que en estudios previos habrían presentado irregularidades.

Los investigadores, según cuenta García, tuvieron varios obstáculos para llevarlo a cabo. El primero de ellos era un tema cultural: algunas mujeres les decían que no querían hacerse el examen por pudor o miedo a que alguien las viera desnudas. Algunas, incluso, aseguraban que sus esposos no les daban “permiso”, apunta la ingeniera.

El segundo tenía que ver con un factor económico. Aunque el estudio cubría todos los gastos, muchas mujeres rechazaban la mamografía porque no tenían dinero para el almuerzo o porque tenían que trabajar o no tenían quién les cuidara la casa o los hijos.

Según un estudio, publicado en el repositorio de la Universidad Nacional de Colombia, el 38 % de las mujeres que sufren cáncer de mama en Colombia tienen que recurrir a préstamos bancarios para responder a gastos de transporte, salud, vivienda, comunicaciones y alimentación. Además, la investigadora detectó que algunas de ellas pierden sus empleos durante el tratamiento.

El tercer obstáculo identificado por el estudio de la Universidad de Caldas era el miedo de los centros radiológicos que prestaban el servicio de mamografía a que su marca se viera afectada por los resultados del análisis. Por esta razón, solo cuatro de los seis centros de este tipo que existían en Manizales para 2018 -año en el que empezó esta investigación- accedieron a participar, aun cuando el proyecto iba a pagarles por el servicio.

Con el apoyo de algunas de las alcaldías y hospitales de los municipios seleccionados, los autores del estudio llevaron a 318 mujeres a Manizales para realizarles la mamografía. Luego recopilaron los datos para analizarlos.

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García explica que para este fin escribieron una guía, basándose en estudios a escalas nacional y mundial, en los que se recopilan pautas para evaluar la calidad de imagen, lectura y servicio de la mamografía.

“Aunque esto ya está estandarizado en el mundo, tuvimos en cuenta que había cosas que no podíamos aplicar a nuestro estudio, porque en Manizales no contamos con la tecnología que cuentan otros países”, reconoce la ingeniera.

Los investigadores evaluaban todo en tres partes. La primera consistía en una inspección de calidad, en la que se revisaban instalaciones, personal, tiempo de entrega de resultados, estudios radiofísicos y mantenimiento. En la segunda evaluaban la calidad de la imagen radiológica. En esta parte solo se enfocaban en que la imagen fuera clara, que tuviera la información pertinente y que estuviera debidamente identificada.

Por último, estaba la calidad de la lectura. En esta etapa del estudio realizaron un software donde los reportes estaban estandarizados; primero un grupo de radiólogos leyeron algunos paquetes de las imágenes y luego una radióloga experta en mamografía.

La lectura de la experta en mamografía fue catalogada como la “Gold estándar” y a partir de esa se identificaron las anteriores. “Ninguno de los radiólogos se conocía entre sí o conocía los dictámenes de los otros”, asegura García.

El estudio demostró que en el 75 % de las mamografías tomadas en los cuatro centros radiológicos de Manizales no tenían la calidad adecuada en las imágenes obtenidas.

El 94 % de las imágenes evaluadas en el estudio, además, presentaban artificios que las oscurecían; el 82,01 % no mostraban claramente el ángulo inframamario y, en uno de los centros, el 69 % de las imágenes presentaba pliegues oscuros en la piel.

En la categoría de identificación y rotulación de la imagen, en ninguno de los centros se cumplía con la identificación del técnico a cargo del procedimiento ni con la de la organización.

Según el Instituto Cancerológico Nacional (ICN), el examen de mamografía, entre todos los otros procedimientos con rayos X, requiere la más alta calidad de la imagen y un excelente contraste. “Las imágenes de baja calidad, además de dificultar la interpretación, incrementan el número de exámenes adicionales y crean ansiedad innecesaria en las pacientes, y eventualmente, disminuyen el valor de la mamografía como prueba de tamización”, explican.

Además, la ingeniera García y Édgar González, médico radiólogo experto en mama del ICN, coinciden en algo: si bien las imágenes de baja calidad no implican, necesariamente, un subregistro de la detección de cáncer de mama en el país, sí podrían limitar el tratamiento temprano de la enfermedad.

Los porcentajes son alarmantes, y es extraño que ninguna otra entidad encargada de hacer vigilancia y control de instituciones médicas haya reportado esta problemática antes.

¿Por qué está sucediendo este fenómeno? ¿Cómo se podría evitar? Según el Instituto Cancerológico Nacional, encargado de establecer los lineamientos de calidad en mamografía, ellos sí tienen un manual que publicaron en 2013 para garantizar el control de calidad para los servicios de mamografía digital que aplican dentro del Instituto, pero no tienen la responsabilidad de hacer auditorías a otras entidades.

Por su parte, Carlos Humberto Orozco Téllez, secretario de Salud Pública de Manizales, explicó que “no tenía conocimiento de este artículo, ni de sus autores, ni de la calidad del mismo” y que, además, al ser un tema de mediana y alta complejidad, hacer auditoría a estos procesos “es un tema de competencia del departamento”.

El Espectador contactó a la dirección territorial de salud de Caldas, que según el Ministerio de Salud cumple con las funciones de las secretarías de Salud departamentales, y Olga Lucía Corrales, subdirectora de Prestación de Servicios de esta entidad, comentó que la auditoría que ellos hacen se basa en la Resolución 3100 de 2019, del Ministerio de Salud, en la que se deben evaluar tres aspectos: capacidad técnico-administrativa, suficiencia patrimonial y financiera, y capacidad tecnológica y científica. Según Corrales, este documento del Minsalud no ordena a los entes que realizan inspección, vigilancia y control a que realicen un análisis profundo de las imágenes.

Esta realidad ya la conocía la ingeniera García: “El sistema de salud no está haciendo las cosas bien. Hacen las auditorías, pero no son idóneas”, asegura. “No se enfocan en las imágenes producidas. Las auditorías pueden durar máximo una hora, pero no hay una trazabilidad o un seguimiento al centro que está haciendo las imágenes radiológicas para verificar si están haciendo bien el procedimiento”.

“Con los resultados de este estudio no puedo asegurar que esto esté ocurriendo en otros lugares del país, pero sí puedo pensar que si esa es la realidad de una ciudad intermedia como Manizales, no me imagino cómo será en poblaciones más olvidadas”, asegura la ingeniera. “Hay que agregarle a eso las listas de espera y las barreras para tener acceso a este tipo de procedimientos”.

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