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La zoonosis más común del planeta podría estar pasando inadvertida en Colombia

La brucelosis es la zoonosis más frecuente del mundo y afecta a cientos de miles de personas cada año. Durante décadas pareció estar ausente de Colombia. Sin embargo, el reporte de tres casos con efectos importantes en ganaderos de Antioquia está llevando a algunos científicos a preguntarse si la enfermedad realmente no estaba aquí o si simplemente nunca la hemos buscado de la manera adecuada.

Juan Diego Quiceno

30 de junio de 2026 - 07:00 a. m.
Brucelosis en Colombia: estudio alerta sobre una enfermedad que podría estar pasando desapercibida.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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La brucelosis es una de las zoonosis más frecuentes del mundo. Está ampliamente distribuida y es común en países con una fuerte actividad ganadera. Sin embargo, en Colombia, donde hay más de 23 millones de bovinos, 5,3 millones de cerdos, 1,4 millones de ovejas y 1,1 millones de cabras, durante décadas pareció estar ausente. Esto siempre despertó dudas entre algunos investigadores. Hoy cobra fuerza una hipótesis distinta: la enfermedad nunca dejó de estar aquí, simplemente no hemos sabido cómo buscarla.

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“La brucella (un género de bacterias, entre las que Brucella melitensis es la principal causante de brucelosis humana en el mundo) se transmite a través del contacto con sustancias como la leche del ganado. Al ingerir leche no pasteurizada o entrar en contacto con secreciones de animales infectados, que pueden ser bovinos, ovinos o caprinos, entre otros tipos, se entra en contacto con la bacteria”, explica Daniel Montoya, infectólogo y docente de cátedra de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín. “Cuando ingresa al cuerpo de un humano, atraviesa el intestino de las personas; posteriormente, puede pasar a la sangre y generar invasión sistémica. Desde allí puede diseminarse e invadir diferentes órganos, como la columna vertebral, o generar compromiso en otras áreas importantes”.

Antes de que se conociera su causa, la brucelosis era conocida como “fiebre de Malta”, “fiebre mediterránea” o “fiebre ondulante”. Desde mediados del siglo XIX, los médicos que atendían a soldados británicos destinados a Malta observaban con desconcierto que muchos desarrollaban fiebre persistente, dolores articulares incapacitantes y una enfermedad que podía acompañarlos durante meses. En 1887, el médico militar David Bruce identificó la bacteria responsable, que más tarde sería bautizada como Brucella. Pero nadie sabía cómo llegaba el microorganismo a las personas. La respuesta comenzó a aparecer casi dos décadas después, cuando investigadores descubrieron que miles de cabras aparentemente sanas estaban infectadas y que la bacteria se transmitía a través de la leche que consumían soldados y civiles.

Aquello cambió la historia de la enfermedad. Hoy se estima que cada año se reportan al menos 500.000 casos de brucelosis en todo el mundo. Pero en Colombia no hubo reportes de casos humanos confirmados hasta 2020. Ese año aparecieron los dos primeros, aunque ninguno presentaba compromiso focal demostrado, es decir, evidencia de que la bacteria hubiera invadido y lesionado un órgano o tejido específico del cuerpo. Los pacientes tenían la infección, pero no las complicaciones localizadas que suelen convertir la brucelosis en una enfermedad particularmente difícil de diagnosticar y de tratar.

Ahora, un grupo de investigadores, entre los que está Montoya, el investigador Ricardo Augusto Díaz e Isabel Cristina Ramírez Sánchez, médica infectóloga del Hospital Pablo Tobón Uribe, publicaron el reporte de los primeros tres casos de brucelosis en Colombia por B. melitensis con complicaciones dolorosas e incapacitantes. ¿Su conclusión? La infección podría no ser tan rara ni tan excepcional como se cree.

Una enfermedad dolorosa y desatendida

La descripción de estos tres casos fue publicada en Biomédica, la revista del Instituto Nacional de Salud (INS). “Nuestro trabajo presenta los primeros casos de brucelosis por Brucella melitensis con manifestaciones osteoarticulares documentados y publicados en Colombia”, explica Ramírez, quien además de infectóloga del Hospital Pablo Tobón Uribe, en Medellín, es coordinadora académica del posgrado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Antioquia (UdeA). “No obstante, esto no implica que sean los primeros casos ocurridos en el país. Es probable que otros pacientes hayan sido diagnosticados y tratados previamente, pero al no haberse comunicado en la literatura científica, permanecen invisibles para la comunidad médica y científica. Precisamente, la importancia de este reporte radica en visibilizar esta enfermedad en nuestro medio, fortalecer la sospecha clínica y promover un diagnóstico más oportuno en futuros pacientes”.

Los tres pacientes son del sector ganadero en Antioquia y comparten un patrón: habían desarrollado una serie de síntomas que podrían confundirse fácilmente con otras enfermedades más comunes, como fiebre persistente, sudoración nocturna, pérdida de peso y dolor osteomuscular progresivo. Son síntomas que en Colombia es fácil asociar al dengue o al zika. Sin embargo, detrás de ese cuadro estaba Brucella melitensis, una bacteria capaz de permanecer durante meses en el organismo.

En uno de los casos, un hombre de 58 años perdió 20 kilos en apenas tres meses. Además de fiebre recurrente y sudoración nocturna, desarrolló un dolor que recorría gran parte de la columna, alteraciones neurológicas y dificultad para caminar. Los estudios revelaron compromiso de la columna cervical y de la médula espinal, una de las manifestaciones más graves de la enfermedad. Otro paciente, de 62 años, consultó después de tener durante tres meses un dolor lumbar progresivo que terminó siendo incapacitante. También había perdido peso y presentaba episodios de fiebre. Antes de llegar al diagnóstico recibió infiltraciones con esteroides sin ninguna mejoría. Cuando se identificó la infección, la bacteria ya había provocado una infección de las vértebras y los discos intervertebrales.

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El tercer caso refleja otro de los desafíos al tratar la enfermedad: su capacidad para confundirse con trastornos articulares frecuentes. El paciente consultó por inflamación y dolor en una rodilla sin antecedentes de trauma. También recibió infiltraciones con esteroides, pero los síntomas continuaron empeorando durante meses. Cuando los especialistas lograron identificar la causa, la infección ya había producido artritis séptica, osteomielitis y un absceso muscular. Aunque respondió al tratamiento, quedó con una artrosis avanzada de la rodilla como secuela crónica.

Los tres casos tienen algo en común: el diagnóstico llegó después de meses de síntomas y cuando la bacteria ya había provocado lesiones importantes. “Poder llegar al diagnóstico de brucelosis, en estos casos, debe alertar sobre el hecho de que sí circula este tipo de enfermedad en Colombia y constituye un llamado de atención para los colegas, los médicos, pero también de otras áreas afines, para entender que esto también está en nuestro medio, que hay que abrir el ojo, que es una posibilidad y que no son enfermedades extrañas que afectan a otros países y no a nosotros”, dice Montoya.

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Como sugieren los casos, el infectólogo es claro en señalar que, si no se trata a tiempo, la brucelosis puede convertirse en una enfermedad dolorosa e incapacitante. La bacteria tiene la capacidad de diseminarse por el organismo y afectar distintos órganos y tejidos, pero una de sus complicaciones más temidas ocurre cuando invade huesos y articulaciones. En esos casos puede provocar infecciones de la columna vertebral, artritis, osteomielitis y abscesos que no solo generan dolor intenso, sino que pueden dejar secuelas permanentes.

No es la primera vez que un grupo de científicos hace un llamado en ese sentido. En 2019, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de Texas A&M publicó una revisión en la revista Frontiers en la que advertían que la brucelosis seguía siendo una enfermedad subdiagnosticada tanto en animales como en humanos en el país. Los autores señalaban que, pese a los esfuerzos de control realizados durante décadas, la vigilancia epidemiológica aún presentaba vacíos.

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Uno de ellos resultaba especialmente importante: aunque la vigilancia se concentra en Brucella abortus, asociada principalmente al ganado bovino, no existe un programa específico para detectar otras especies de la bacteria, como B. melitensis, asociada más a los casos en humanos y la misma que ha sido identificada en los tres pacientes del estudio.

Por eso, los investigadores advertían que el supuesto estatus de Colombia como territorio libre de B. melitensis no podía simplemente darse por sentado: “En Colombia, la brucelosis humana es un claro ejemplo de una enfermedad desatendida. A pesar de su importancia para la salud pública, actualmente no se ha establecido un sistema de vigilancia adecuado”.

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Julián Ruiz Sáenz, microbiólogo veterinario reconocido en el país por el estudio de enfermedades infecciosas que circulan entre animales y humanos y quien no participó del estudio publicado en Biomédica, también considera que Colombia podría estar subdiagnosticando la brucelosis. A su juicio, los casos humanos son apenas “la punta del iceberg” de una situación que demuestra que la bacteria está presente en poblaciones animales y que los factores de riesgo para su transmisión a las personas siguen sin entenderse completamente. “Los casos en humanos son la punta de un iceberg de una situación que aún no conocemos”, señala.

Para Ruiz, una parte del problema es clínica. En Colombia, muchas zoonosis comparten síntomas iniciales con enfermedades mucho más frecuentes, como el dengue o el chikunguña. Por eso, explica, numerosos pacientes con brucelosis o leptospirosis pueden recibir inicialmente otros diagnósticos o quedar clasificados como casos de síndrome febril inespecífico. Para él, mejorar la capacidad diagnóstica para diferenciar estas enfermedades es necesario para conocer su verdadera magnitud en el país.

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Los desafíos y vacíos

“Lo primero es saber que esto existe y que es necesario tener medidas de precaución, como no consumir leche no pasteurizada”, dice Montoya cuando se le pregunta qué debería hacer el país para mejorar su detección de esta enfermedad. En muchas regiones por ejemplo, la elaboración artesanal de queso para consumo local se realiza sin pasteurización de la leche. “Consideramos que, a medida de que aumente la conciencia sobre esta zoonosis y se fortalezca la capacidad diagnóstica, probablemente se reconocerán más casos y se comprenderá mejor su verdadera carga en el país”, agrega la doctora Ramírez.

Pero, para Ruiz, uno de los mayores obstáculos para detectar y controlar enfermedades como la brucelosis es que Colombia sigue teniendo sistemas de salud humana y sanidad animal que funcionan de manera casi independiente. Eso impide que los hallazgos en una especie se conviertan rápidamente en alertas para la otra. Si se identifica un caso humano, explica, debería ser posible rastrear de inmediato los predios donde esa persona pudo haberse expuesto y buscar la fuente de la infección en los animales. Pero también debería ocurrir lo contrario: cuando se detecta un animal infectado, tendría que activarse una vigilancia sobre los trabajadores de la finca, las personas expuestas y quienes consumen productos provenientes de ella.

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“Nuestros sistemas de salud, tanto humano como animal, están muy desligados. No se ven mucho la cara como deberían”, señala. Esa desconexión, añade, evidencia la necesidad de fortalecer el enfoque de “Una Salud”, un modelo que busca integrar la salud humana, animal y ambiental para tomar decisiones conjuntas frente a enfermedades que circulan entre especies. De hecho, para Ramírez “estos casos recuerdan que, en el contexto de las zoonosis, la salud animal y la salud humana son inseparables y requieren un enfoque integrado”. La infectóloga considera urgente realizar “estudios de campo para identificar los reservorios animales, investigar las fuentes de infección y establecer la magnitud de la circulación de Brucella melitensis en las zonas donde se detectaron los casos”.

En la investigación más reciente, los investigadores señalan, además, que en Colombia el tamizaje de esta enfermedad en animales no es obligatorio de manera generalizada, que suele concentrarse en predios que lo solicitan o en ganado que debe ser movilizado y que no existe en realidad compensación económica para los propietarios que deben sacrificar animales infectados. Todo ello, sostienen, puede desincentivar la búsqueda activa de casos y dificulta conocer la verdadera magnitud del problema en el país.

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“Esto genera un subregistro con una importante deficiencia en el tamizaje para otras especies de Brucella, por lo cual el supuesto de ganado libre de B. melitensisen el país no es más que el reflejo de la falta de vigilancia adecuada”, concluyen.

Ruiz coincide. A su juicio, Colombia no tiene evidencia suficiente para afirmar que está libre de Brucella melitensis, precisamente porque la vigilancia no es integral. “Con una vigilancia aislada en humanos o en animales, cada uno por su lado, realmente lo que tenemos es un vacío completo de información”, afirma. En su opinión, entonces, la evidencia actual no demuestra que la bacteria esté ausente. “Por el contrario, lo que nos indica es que sí hay, solo que no somos capaces de identificarla de forma adecuada”.

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