La llamada resistencia a los antimicrobianos es una de las cosas que más preocupa a científicos y organismos de salud como la OMS. Ocurre cuando bacterias, virus u otros microorganismos dejan de responder a medicamentos diseñados para eliminarlos. Esto vuelve más difíciles de tratar muchas infecciones que son muy comunes. Este fenómeno estuvo relacionado con más de 4,7 millones de muertes en 2021 y podría superar los 8 millones anuales hacia 2050. Hasta ahora, los científicos sabían que el uso excesivo de los antibióticos es el principal motor de la resistencia. Pero cada vez existe más evidencia de que el cambio climático también influye.
Una nueva investigación publicada en la revista científica The Lancet advierte que el cambio climático podría estar acelerando la resistencia a los antibióticos en una de las bacterias más importantes para la salud pública: la Salmonella, que puede circular entre humanos, animales, alimentos y el ambiente y es una de las principales causas de enfermedades diarreicas en el mundo. Los investigadores analizaron más de 488.000 genomas de Salmonella procedentes de 139 países y encontraron que el aumento de las temperaturas y los cambios en las lluvias están asociados con una mayor abundancia de genes de resistencia antimicrobiana.
El equipo utilizó modelos que combinaron datos climáticos históricos con información genética recopilada entre 1940 y 2023. El análisis reveló que la abundancia global de genes de resistencia en Salmonella aumentó un 38 % durante ese periodo. Además, el estudio encontró que el cambio climático, por sí solo, estuvo asociado con un incremento cercano al 10 % en estos genes resistentes en la mayoría de países analizados. Según los autores, el aumento de las temperaturas y las alteraciones en las precipitaciones modifican los ecosistemas microbianos y crean condiciones que favorecen la expansión de bacterias resistentes.
Las regiones donde el aumento de genes de resistencia fue más pronunciado fueron Asia oriental y el Pacífico, además de América Latina y el Caribe, donde la carga de resistencia creció por encima del promedio mundial. Para los investigadores, esta tendencia muestra que la resistencia antimicrobiana se ha intensificado de forma sostenida y generalizada.
El estudio identificó 115 subtipos distintos de genes de resistencia distribuidos en 14 grandes clases de antibióticos. Los más frecuentes fueron los asociados con resistencia a aminoglucósidos, betalactámicos, sulfonamidas y tetraciclinas, que representaron cerca del 70 % de todos los genes detectados. Los patrones históricos también mostraron cómo nuevas resistencias fueron apareciendo progresivamente con el tiempo, en paralelo con la introducción y el uso masivo de distintas familias de antibióticos tanto en medicina como en agricultura.
Los investigadores dicen que el efecto del clima sobre la resistencia bacteriana no aumenta de manera “recta” o gradual. En cambio, encontraron una relación en forma de “U”: tanto ciertos niveles bajos como altos de temperatura y precipitación pueden asociarse con mayores niveles de genes resistentes. El estudio identificó puntos de inflexión aproximados a partir de los cuales el impacto climático se vuelve más fuerte. En el caso de la temperatura, el umbral apareció alrededor de 7,8 °C de promedio, mientras que para las precipitaciones se ubicó cerca de 1.468 milímetros anuales. A partir de esos niveles, los cambios climáticos comienzan a relacionarse con aumentos más acelerados en la abundancia de genes de resistencia.
Según los autores, esto sugiere que pequeñas variaciones climáticas podrían producir efectos desproporcionados en algunos ecosistemas y regiones. Encontraron que el efecto de la temperatura fue más marcado que el de las precipitaciones, lo que apunta al calentamiento global como uno de los factores más importantes en la expansión futura de la resistencia.
Los autores modelaron distintos escenarios futuros hasta el año 2100. Bajo escenarios de altas emisiones de gases de efecto invernadero, la resistencia antimicrobiana seguiría intensificándose. Sin embargo, si se cumplen objetivos climáticos de bajas emisiones, como los alineados con el Acuerdo de París, y se refuerzan programas de uso racional de antibióticos, la abundancia de genes resistentes en Salmonella podría reducirse hasta un 24 % frente a los escenarios más contaminantes. Para los investigadores, los hallazgos muestran que la resistencia antimicrobiana ya no puede entenderse únicamente como un problema médico o farmacéutico. También debe abordarse como una consecuencia del cambio climático.
👩⚕️📄¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud? Te invitamos a verlas en El Espectador.⚕️🩺