8 Jul 2020 - 2:00 a. m.

COVID-19: los desafíos para tener un país con oxígeno

Aunque en Colombia se producen 618 toneladas de oxígeno diario, suficiente para abastecer a los hospitales, llevarlo a todos los territorios es complejo. Se trata de un medicamento indispensable para tratar a los pacientes afectados por el coronavirus.

Sergio Silva Numa - @SergioSilva03

José Luis Accini tiene una buena manera de resumir por qué es necesario hablar del oxígeno en medio de tantos debates sobre ventiladores, tratamientos y vacunas. “Es evidente: el oxígeno es la intervención terapéutica más importante para personas con COVID-19, porque afecta los pulmones. Es vital. Lo usamos desde que un paciente entra a la sala de urgencias”, dice.

Accini es el presidente de la Asociación Colombiana de Medicina Crítica y Cuidado Intensivo. Está en Barranquilla, donde el aumento de casos de personas con el virus SARS-CoV-2 ha hecho que los hospitales empiecen a saturarse poco a poco (la ocupación de unidades de cuidado intensivo en Atlántico, por ejemplo, ya es del 77 %). Con ello ha sucedido algo inevitable: los puntos para suministrar oxígeno a quienes llegan a los servicios de urgencias también se han ido agotando. No todos los que llegan con complicaciones respiratorias pueden recibir esta medicina vital.

“Al hospital donde llegué con mi papá había UCI y ventiladores disponibles, pero en urgencias había tantos pacientes, que ya no quedaban puntos de oxígeno disponibles para quienes lo necesitaban. Al cabo de unos días, mi papá falleció”, dice un médico en Barranquilla que prefiere no ser nombrado.

Aunque las discusiones sobre las necesidades para enfrentar la pandemia se han enfocado en la ausencia de ventiladores y en la expansión de UCIS, hace un par de semanas la Organización Mundial de la Salud (OMS) recordó en una rueda de prensa que todos los gobiernos debían concentrar sus esfuerzos en remediar un problema que había pasado a un segundo plano: la escasez mundial de equipos de oxígeno.

“Este es un tema del que no hemos hablado lo suficiente y que es de vital importancia para no empeorar la letalidad en América Latina”, apuntó en Twitter la epidemióloga Zulma Cucunubá.

Kevin Watkins, director de Save The Children, también lo había señalado en el blog del Banco Mundial: “La respuesta al COVID-19 hasta ahora ha pasado por alto en gran medida la importancia del suministro de oxígeno médico”, que “es el tratamiento primario para la mayoría de los pacientes que sufren síntomas graves por COVID-19”. “El oxígeno es la principal intervención para pacientes con COVID-19 grave. Todos los países deberían trabajar para optimizar la disponibilidad de oxímetros de pulso y sistemas de oxígeno médico”, había indicado semanas atrás la OMS.

Pese a que es cierto que algunos países tienen serias dificultades para acceder a oxígeno médico, no es el caso de Colombia. Como cuenta Íngrid Reyes, directora de la Cámara de Gases Industriales y Medicinales de la Andi, hoy se producen 618 toneladas diarias de oxígeno. El 60 % de esa cantidad es para uso médico y el otro 40 % es para uso industrial.

Eso, explica Leonardo Arregocés, jefe de la Dirección de Medicamentos y Tecnologías en Salud del Minsalud, es una muy buena cantidad que es distribuida en carrotanques a los hospitales de Colombia. La mayoría de centros tienen unos tanques (criogénicos, los llaman) donde almacenan ese oxígeno en estado líquido para distribuirlo a través de una compleja red de tuberías y válvulas que desembocan en las habitaciones. Allí los pacientes lo reciben en estado gaseoso y diferentes concentraciones, según su estado de salud. Otros centros, como el hospital San Rafael de Leticia, tienen una planta propia de producción de oxígeno con capacidades limitadas. Si la sobrepasan, como sucedió, pueden colapsar.

Cuando empezó la pandemia y se trazaron los planes para aumentar el número de camas UCI, una de las cosas que hizo el Ministerio de Salud fue preguntar a todos los hospitales colombianos si podían expandir la red de gases. No tenía ningún sentido pensar en nuevas camas y más ventiladores si no podían suministrar oxígeno. “Uno de los cuellos de botella ha sido, justamente, expandir esas redes. No es tan sencillo y muchos no tuvieron en cuenta ese factor”, dice Arregocés.

Después de hacer ese sondeo, el Minsalud sabe que de los 310 hospitales que están aumentando su capacidad de camas UCI, el 65 % pueden suministrar oxígeno. Los otros están haciendo planes de acción para lograrlo. “Pero si no tienen oxígeno, infortunadamente no se pueden habilitar”, señala Samuel García, director de Prestación de Servicios y Atención Primaria.

Si los hospitales no cuentan con una red de oxígeno, ¿cómo van a resolver esa carencia? Una opción es adquirir cilindros, aunque tampoco parece ser una buena solución. ¿La razón? “Hay pacientes que necesitan concentraciones altas de oxígeno con máscaras de alto flujo. En esos casos uno de esos cilindros solo duraría dos horas”, explica Arregocés.

Sin embargo, parece la única alternativa para territorios que no cuentan con la infraestructura adecuada. Pero en este punto empiezan las verdaderas dificultades. Una es que el número de cilindros es limitado (hay 500 mil en Colombia, según la Andi). Pero lo que verdaderamente le inquieta a Íngrid Reyes, de la Cámara de Gases, es lo complejo que es transportarlos a lugares apartados. Las plantas que producen gases medicinales (como oxígeno o nitrógeno) en Colombia están cerca de grandes ciudades. Cuatro están en Tocancipá (Cundinamarca), una en Barranquilla, una en Cartagena, otra en Barbosa (Antioquia), dos en Cali y una más en Sibaté (Cundinamarca).

“Llevar oxígeno al sur del país es muy difícil. En otras ocasiones hemos tenido que importarlo de Ecuador. También me inquietan territorios como Vaupés, Amazonas y Chocó. Estamos evaluando cómo llevar al Amazonas, pero no es fácil. Una posibilidad es tran

sportarlo por tierra hasta algún punto y luego por aire, con ayuda de la Fuerza Aérea, aunque el protocolo no permite llevar estos tanques de presión”, dice Reyes.

Lo urgente, a sus ojos, es identificar esas IPS que ante un eventual “pico” de casos van a tener serias dificultades para suministrar oxígeno. “Pero aún no tenemos la lista de esas zonas vulnerables. Debemos saber si esos hospitales necesitan ampliar su red y cuál es su infraestructura. Eso hay que hacerlo con tiempo, porque si hay un aumento súbito de contagios en varias zonas del país de manera paralela, será muy difícil asumir ese reto. Logísticamente será muy complicado, así tengamos una buena producción de oxígeno”.

En 2010, un grupo de especialistas de varias universidades y organizaciones escribieron en la revista The International Journal of Tuberculosis and Lung Disease un artículo que titularon “El oxígeno es una medicina esencial: un llamado a la acción internacional”. En él recordaban que el oxígeno, descubierto por Joseph Priestley en 1774, se había usado por más de 100 años como medicina y pedían que se le diera la prioridad más alta en la agenda de salud global. “Es el punto de partida para mejorar la calidad de la atención (...) Tiene una importancia vital en la reducción de muertes por enfermedad pulmonar”, escribían.

Kevin Watkins, director de Save The Children, volvía a insistir en ese punto hace unas semanas, porque los últimos años han demostrado que el suministro de oxígeno “ilustra claramente las desigualdades de salud entre y dentro de los países”. Es uno de los problemas de equidad en salud de nuestra era, anotaba. “El acceso universal al oxígeno no es una aspiración vaga”.

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