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COVID-19, un alto precio aún por pagar

La Asociación Médica Británica advierte que el impacto a largo plazo del covid-19 será profundo. Un alto porcentaje de sobrevivientes reportan síntomas como fatiga varios meses después de la infección.

23 de agosto de 2020 - 10:00 p. m.
La doctora Nelia Sanchez-Crespo (izquierda) examina a Heather Lieberman, de 28 años, mientras participa en un estudio de vacunación contra COVID-19 en los Centros de Investigación en Hollywood (EEUU). CHANDAN KHANNA / AFP.
La doctora Nelia Sanchez-Crespo (izquierda) examina a Heather Lieberman, de 28 años, mientras participa en un estudio de vacunación contra COVID-19 en los Centros de Investigación en Hollywood (EEUU). CHANDAN KHANNA / AFP.
Foto: AFP - CHANDAN KHANNA

Lo que sabemos acerca del virus SARS-CoV-2 y la enfermedad que provoca, COVID-19, ha cambiado drásticamente desde que se asomó en la ciudad china de Wuhan, hace nueve meses. Al principio el virus parecía otro más de los peligrosos virus respiratorios a los que tanto temen los epidemiólogos por la rapidez con que se expanden en una población. Pero con el paso de los días y semanas, mientras se acumulaban millones de casos alrededor del mundo, los médicos se fueron dando cuenta de que el nuevo coronavirus era mucho más que un virus respiratorio.

Desde la pérdida del olfato hasta la inflamación de los dedos del pie, infartos, problemas neurológicos y gastrointestinales, el SARS-CoV-2 se reveló como un polifacético enemigo. Pero a esa lista inicial de síntomas y problemas agudos hay que añadir otro. Se trata de los efectos a largo plazo que puede dejar la enfermedad en los pacientes que sobrevivieron y representarán una alta carga para los sistemas de salud.

“El impacto de los síntomas a largo plazo será profundo”, ha advertido la Asociación Médica Británica. Tras realizar una encuesta en línea a 4.279 médicos adscritos a esta agremiación, se pudo establecer que un tercio de ellos han visto o tratado a pacientes que llevan ya varios meses presentando síntomas probablemente asociados a COVID-19.

Los síntomas informados incluyeron fatiga crónica, debilidad muscular, pérdida del sentido del olfato y dificultades de concentración. “Con más pacientes que presentan afecciones como resultado de una infección, es esencial que haya suficiente capacidad para apoyarlos y tratarlos”, dijo Richard Vautrey, presidente del gremio de médicos británicos.

Su colega David Strain señaló que “la evidencia creciente de que los pacientes con COVID-19 pueden sufrir síntomas duraderos, independientemente de la gravedad de la infección inicial, requiere un estudio detallado para comprender cuál sería el tratamiento óptimo y, preferiblemente, cómo prevenir que ocurra en primer lugar”.

La misma preocupación se ha manifestado entre médicos italianos. El pasado 9 de julio en la revista Jama, los médicos Angelo Carfì, Roberto Bernabei y Francesco Landi compartieron los resultados de una investigación entre pacientes dados de alta del Policlínico Universitario Agostino Gemelli, en Roma. En promedio los 179 pacientes fueron evaluados unos sesenta días después de la aparición del primer síntoma de COVID-19.

En el momento de la evaluación, solo 18 (12,6 %) estaban completamente libres de cualquier síntoma relacionado con COVID-19, mientras que el 32 % tenía uno o dos síntomas y el 55 % tenía tres o más. Es decir, que en el 87 % persistía alguna molestia.

“Se observó un empeoramiento de la calidad de vida en el 44,1 % de los pacientes”, concluyeron los autores. El 53 % de los pacientes informaron sentir fatiga; el 43 %, disnea, el 27 %, dolor articular, y el 21 % padecía dolor torácico.

Los investigadores resaltaron, a partir de estos resultados, la importancia de enfocar esfuerzos en vigilar y estudiar los efectos duraderos que podría acarrear la COVID-19.

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