La creatina está entre los suplementos más estudiados en nutrición deportiva, pero también es de los que más discusión generan cuando se plantea usarla en ciertos grupos de personas. En los últimos años, su consumo se ha vuelto mucho más común, no solo entre deportistas de alto nivel, sino también entre gente que quiere mejorar su composición corporal, ganar fuerza o incluso cuidar ciertos aspectos de la salud mental. Muchas veces esto se hace sin tener muy claro hasta dónde llegan realmente sus efectos.
Fisiológicamente, la creatina es un compuesto con nitrógeno que nuestro propio cuerpo produce, sobre todo en el músculo esquelético. Su función principal es ayudar a generar energía de forma inmediata a través del sistema de los fosfágenos, lo cual es clave para hacer esfuerzos muy intensos pero de corta duración. Esto está muy bien explicado en la literatura científica y también se ha demostrado que mejora la fuerza, la potencia y la recuperación muscular en adultos sanos.
(Lea ¿Le quedó claro el último capítulo de Nueva EPS? Le ayudamos a entenderlo)
Hay trabajos importantes, como los del Dr. Darren Candow, que han aportado pruebas sólidas de que la creatina es segura en adultos, incluso cuando se toma durante largos períodos. Uno de los miedos más comunes siempre ha sido que pueda dañar los riñones. Pero en personas sanas, los estudios no respaldan esa preocupación. De hecho, varias revisiones sistemáticas coinciden en que si se respetan las dosis recomendadas, no se ven cambios importantes a nivel renal.
Más allá del deporte, también ha llamado la atención en el ámbito clínico. Algunas investigaciones recientes apuntan a que podría tener un efecto neuroprotector, especialmente en enfermedades como el Alzhéimer o el Párkinson. Aunque los resultados no son definitivos, se está explorando como un complemento terapéutico, en parte porque influye en el metabolismo energético de las neuronas.
En el mundo del deporte, la creatina se ha convertido en una herramienta eficaz y económica. Su seguridad, sumado al respaldo científico que tiene, la hacen muy útil en programas de entrenamiento bien planteados. Pero ojo, como cualquier estrategia nutricional, su uso debería venir acompañado de una evaluación profesional, y eso no siempre pasa en la práctica diaria.
El problema viene cuando esta tendencia se lleva a poblaciones más jóvenes, especialmente niños y adolescentes. Aquí la evidencia es bastante más limitada. Hay algunos estudios exploratorios en situaciones muy concretas, pero no son suficientes como para recomendar su uso de forma general. Y esto importa, porque el cuerpo en desarrollo tiene sus propias características fisiológicas que podrían cambiar la respuesta a la suplementación.
En menores de 18 años la creatina no está prohibida del todo, pero tampoco tiene un respaldo científico claro para un uso rutinario. En ciertos casos clínicos, como enfermedades neuromusculares, puede considerarse bajo estricta supervisión médica y nutricional. Pero eso no es justificación para que se consuma de forma generalizada en niños sanos o adolescentes que hacen deporte solo por diversión.
También hay que fijarse en cómo se toma la decisión de empezar a consumirla. Muchas veces viene por influencias externas: entrenadores, redes sociales, compañeros de equipo, sin una evaluación adecuada. Eso aumenta el riesgo de un mal uso, tanto en la dosis como en la calidad del producto y la falta de seguimiento profesional.
Desde la nutrición pediátrica, la recomendación es clara y prudente: la creatina no debería ser parte de la suplementación habitual en niños. La prioridad tiene que ser una alimentación equilibrada, con suficiente energía y nutrientes, que cubra las necesidades del crecimiento y la actividad física. Solo en circunstancias muy puntuales, y siempre con la guía de un nutricionista pediátrico con experiencia podría pensarse en usarla.
Aunque en adultos se ha visto que es segura, no está bien tomar esos resultados y aplicarlos directamente a los niños. Hay muy pocos estudios a largo plazo en menores, así que no se pueden sacar conclusiones firmes. Y en ciencia, que no haya evidencia no significa que no haya riesgo. Por eso, lo más sensato es actuar con cuidado.
La creatina es un suplemento muy estudiado, con beneficios claros para el rendimiento deportivo y un potencial interesante en el área clínica, sobre todo en enfermedades neurodegenerativas. No daña los riñones en personas sanas y cuenta con el aval de expertos. Pero en niños y adolescentes no hay suficiente información como para recomendarla de forma habitual. Cualquier decisión al respecto debe ser individualizada y supervisada por profesionales, evitando seguir modas o información a medias, algo que, por desgracia, sigue siendo muy frecuente.
*Nutricionista Clínico Pediátrico, Presidente Nacional de la Asociación Colombiana de Nutrición Clínica (ACODIN)
👩⚕️📄¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud? Te invitamos a verlas en El Espectador.⚕️🩺