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Criar animales en granjas para obtener pieles: los riesgos para la salud pública

La cría de animales para obtener pieles no solo es cruel, sino que también proporciona un entorno ideal para que los virus se mezclen y se transmitan a los seres humanos.

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Jane Qiu - Knowable Magazine
07 de marzo de 2026 - 01:00 p. m.
Los animales criados para obtener su piel, como estos zorros de una granja en la provincia nororiental china de Liaoning, pueden ser portadores de varios virus que infectan a las personas. Las granjas peleteras suelen estar mal reguladas y son laxas en cuanto a las medidas de bioseguridad.
Los animales criados para obtener su piel, como estos zorros de una granja en la provincia nororiental china de Liaoning, pueden ser portadores de varios virus que infectan a las personas. Las granjas peleteras suelen estar mal reguladas y son laxas en cuanto a las medidas de bioseguridad.
Foto: Jane Qiu
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Un olor fuerte y almizclado me invade al salir del taxi frente a la casa del Sr. Wang, cerca de Tong’erpu, en la provincia nororiental china de Liaoning. Es uno de los mayores centros de comercio de pieles del país. Wang me saluda, vestido con un suéter azul y una gorra a juego. “Estoy a punto de dar de comer a los zorros”, dice.

En su patio, 600 zorros árticos, alojados en filas de jaulas de malla metálica elevadas, me miran nerviosos. Sin máscara, guantes ni ropa protectora, Wang recorre las filas y echa una pasta de pescado, maíz y huesos de animales en los cuencos de cada jaula. Los animales, de color blanco cremoso y con colas cortas y tupidas, se dan un festín en medio de un frenético coro de sorbos y tragos.

Como muchas otras en la región, la granja de zorros de Wang proporciona un complemento esencial para una precaria subsistencia agrícola. Pero el negocio de la cría de animales para obtener pieles conlleva sus propios riesgos. El precio de las pieles fluctúa mucho de un año a otro, me cuenta Wang. Y pueden aparecer enfermedades misteriosas con una fuerza devastadora. Hace unos años, cuenta Wang, la diarrea acabó con cientos de sus zorros.

China es uno de los principales productores mundiales de pieles —especialmente de zorro, visón y mapache— junto con Europa y Estados Unidos. En 2021, la industria peletera china daba empleo a unos 6 millones de personas y tenía un valor estimado de 61.000 millones de dólares estadounidenses.

Los brotes de enfermedades que describe Wang son habituales, pero antes de la COVID-19 rara vez se notificaban, y mucho menos se investigaban. Estudios realizados desde la pandemia han descubierto que algunos brotes, que pueden matar a miles de animales, fueron causados por un virus especialmente preocupante que puede provocar fiebre alta con síndrome de trombocitopenia (SFTS). En los seres humanos, esta afección puede provocar hemorragias, vómitos, diarrea y fallo orgánico. Parece estar afectando a un número cada vez mayor de personas desde que se identificó por primera vez en 2009, afirma Yu Xuejie, microbiólogo de la Universidad de Wuhan que descubrió el virus que causa la enfermedad. Solo el año pasado, añade Yu, China notificó aproximadamente 5.500 casos confirmados —casi el triple de los registrados solo cinco años antes—.

Y el virus SFTS no es el único asociado a la cría de animales para la obtención de pieles que preocupa a los científicos. Un estudio reciente muestra que otros virus capaces de infectar a las personas, incluidos los coronavirus y los virus de la gripe, están muy extendidos entre los animales de peletería. Debido a las condiciones de hacinamiento, las deficientes normas de bioseguridad y la escasa vigilancia en las granjas peleteras, científicos como Eddie Holmes, virólogo de la Universidad de Sídney, Australia, y coautor del estudio, advierten de que la industria es “espectacularmente arriesgada”.

Las granjas, afirma Holmes, podrían ser el caldo de cultivo de la próxima pandemia.

Las preguntas que acosan a los científicos son urgentes: ¿Con qué facilidad se propagan los virus en los animales de peletería? ¿Qué enfermedades podrían provocar en las personas? ¿Y cómo les favorecen las prácticas ganaderas? Poco después de mi visita a la granja de Wang, brotes tanto en animales de peletería como en humanos en múltiples granjas comenzaron a dar algunas pistas.

Tras la pista del asesino

La fiebre alta con síndrome de trombocitopenia no es nueva. Hace casi 20 años, el centro de China se vio afectado por oleadas de una misteriosa enfermedad que provocaba fiebre, diarrea y recuentos plaquetarios peligrosamente bajos —y que mató a casi un tercio de las personas que la contrajeron—. “Los familiares estaban enfadados y salieron a la calle a protestar”, exigiendo que el Gobierno descubriera la causa de la nueva enfermedad, recuerda Yu, antiguo empleado del Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades de Pekín.

En 2009, Yu dirigió un equipo al que llevó al centro de China para recoger muestras de sangre de pacientes con la enfermedad desconocida. Desafiando la creencia predominante de que la culpa era de una bacteria, descubrió un nuevo virus ARN. Su equipo detectó el virus o los anticuerpos contra él (un signo de exposición) en el 70 % de los pacientes hospitalizados con SFTS —una prueba lo suficientemente convincente como para que los científicos concluyeran que este virus recién identificado era el responsable de la enfermedad—.

La mayoría de los pacientes vivían cerca de zonas boscosas densamente pobladas de garrapatas y mosquitos chupadores de sangre. Pero cuando el equipo de Yu capturó casi 6.000 mosquitos, ninguno era portador del virus. La verdadera amenaza, según Yu, se encontraba en las garrapatas. Entre las extraídas de animales domésticos, una de cada 20 dio positivo.

Estudios de seguimiento confirmaron que Haemaphysalis longicornis, una garrapata capaz de alimentarse de diversos huéspedes, es el principal vector del SFTS. Docenas de especies, entre ellas roedores, aves, cabras y ganado, son portadoras de anticuerpos contra el virus, lo que indica una infección pasada. Desde entonces, la enfermedad ha aparecido en personas de otros países asiáticos, como Japón, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam, causando la muerte de hasta uno de cada cinco pacientes. La mayoría de los casos de SFTS se producen en China, y entre 1996 y 2023 se registraron más de tres docenas de brotes en los que las personas infectadas transmitieron el virus a otras.

Luego, en otoño de 2023, la noticia de la muerte de zorros en granjas del este de China comenzó a difundirse en las redes sociales de los veterinarios. Uno tras otro, los zorros desarrollaron secreción nasal, perdieron el apetito, defecaron heces negras y luego murieron, a los pocos días de mostrar los primeros síntomas. En cada granja, algunas con hasta 11.000 zorros, murieron decenas de animales —en algunos casos un tercio de los animales de la instalación—.

Shi Weifeng, virólogo de la Universidad de Medicina Jiao Tong de Shanghái, se puso manos a la obra. Shi, cuya investigación se centra en las enfermedades humanas causadas por patógenos de origen animal, envió a su equipo a recoger muestras de hisopos y órganos (bazo, intestinos, pulmones y riñones) de zorros enfermos o muertos en seis granjas de las provincias de Shandong y Liaoning, así como muestras del entorno de las granjas, como fregaderos y piensos.

Hasta hace poco, la creencia generalizada era que la mayoría de los animales infectados con SFTS solo mostraban síntomas leves o ninguno, afirma Keun Hwa Lee, virólogo de la Universidad Hanyang de Seúl. Sin embargo, todos los zorros analizados por el equipo de Shi, excepto uno, estaban plagados del virus, con sus cuerpos marcados por la infección de SFTS: órganos inflamados y manchados de hemorragias, células y tejidos degenerados.

Un análisis de 13 genomas virales completos secuenciados a partir de zorros infectados reveló que se clasificaban en tres grupos sutilmente diferentes, pero distintos. En algunos casos, los genomas tenían segmentos de diferentes virus —como bloques de Lego encajados en nuevas combinaciones— un proceso de reorganización conocido como reordenamiento o reagrupamiento. El reordenamiento, señala Shi, puede generar variantes más infecciosas, más mortales o ambas cosas.

El equipo concluyó que múltiples linajes del virus SFTS circulaban por el este de China, contagiando a los zorros una y otra vez. No tienen tan claro cómo se infectaron los animales, ya que solo encontraron una garrapata, y esta no tenía el virus.

Sin embargo, aproximadamente al mismo tiempo que los zorros de Shangdong y Liaoning morían en masa, a miles de kilómetros de distancia, en Finlandia, la gripe aviar se propagaba como la pólvora de una granja peletera a otra. Un estudio dirigido por Lauri Kareinen, virólogo jefe de la Agencia Finlandesa de Alimentación en Helsinki, relacionó los brotes de gripe con gaviotas reidoras infectadas en la región. Las gaviotas, explica Kareinen, acudían regularmente a las granjas peleteras para alimentarse, y muy probablemente fueron las que encendieron la chispa que desencadenó el incendio viral.

Kareinen se pregunta si los brotes de SFTS en las granjas de China también podrían haber sido provocados por aves o roedores infectados que se acercaban a las granjas en busca de restos de comida y contaminaban el pienso de los zorros. Otra posibilidad es que algunos de los ingredientes crudos utilizados en el procesamiento del pienso pudieran provenir de animales enfermos. Un estudio reciente descubrió que los animales pueden transmitir el patógeno a través de la saliva y que los animales sanos pueden enfermar tras la exposición oral.

Los científicos sospechan que, una vez que el virus se afianzó en algunos animales, pudo propagarse de uno a otro a través del contacto cercano. Un equipo que logró aislar el virus de visones de granja observó: “Cuando un visón enjaulado padece la enfermedad y muestra síntomas clínicos, los visones cercanos muestran síntomas clínicos similares y mueren rápidamente”.

Impacto en humanos

La propagación del virus SFTS de un individuo a otro no parece limitarse a los animales. En octubre de 2023, no muy lejos de las granjas donde el equipo de Shi investigaba la misteriosa mortandad de zorros, una mujer de 60 años sufrió mareos, náuseas y vómitos. En dos días entró en coma y murió una semana después. Por esas mismas fechas, una compañera de trabajo suya ingresó en el mismo hospital con “fiebre de origen desconocido”. Las pruebas de laboratorio dieron un veredicto escalofriante: las mujeres eran portadoras del virus SFTS. Ambas trabajaban en una granja que albergaba más de 500 mapaches, 6.000 visones y 10.000 zorros.

Un equipo dirigido por Yang Zhenghui, epidemiólogo de la Comisión de Salud de Weihai, se presentó en la granja como si se tratara de investigadores forenses en la escena de un crimen —entrevistaron a los trabajadores, tomaron muestras del equipo y los recintos, buscaron garrapatas y reconstruyeron la cadena de acontecimientos—.

Ninguno de los otros 22 trabajadores había enfermado. Sin embargo, la mitad de ellos eran portadores de anticuerpos que indicaban una infección pasada, y un trabajador dio positivo en anticuerpos que sugerían una infección en curso.

El equipo no encontró garrapatas en la granja ni en los campos alrededor de las casas de los pacientes, y ni las mujeres ni sus compañeros recordaban haber sido picados por una garrapata. Por el contrario, más de tres cuartas partes de los trabajadores informaron haber sido salpicados con sangre mientras despellejaban a los animales —una prueba sombría de que, a pesar de las directrices del sector, algunos animales de peletería en China siguen siendo despellejados sin ser primero sacrificados por electrocución—.

La cría de animales para la obtención de pieles está mal regulada en China, afirma Peter Li, experto en políticas de vida silvestre de la Universidad de Houston-Downtown, en Texas. En Europa y Estados Unidos, la aplicación de las medidas de protección también puede ser laxa, aunque en algunos lugares se han introducido mejoras desde la pandemia de la Covid-19. El equipo de Yang descubrió que los trabajadores enfermos tenían muy pocos conocimientos sobre cómo protegerse de posibles enfermedades mientras trabajaban, incluso cuando despellejaban animales. Las muestras tomadas en la zona de despellejamiento, entre ellas la sangre de dos zorros e hisopados del suelo y de un basurero, dieron positivo para el virus SFTS. Cuatro de los seis genomas virales secuenciados —una muestra de zorro y tres hisopos ambientales— eran idénticos entre sí en un 99,9 % y a los de los dos pacientes, lo que apunta a una fuente común.

Yang y sus colegas, que no respondieron a las solicitudes de entrevista de Knowable, plantearon en su informe la hipótesis de que el virus que portaban los animales podría haberse convertido en aerosol durante el proceso de despellejamiento, exponiendo a los trabajadores a través de la inhalación.

Wen Hongling, experta en salud pública de la Universidad de Shandong en Jinan, que no participó en el trabajo, afirma que el escenario es plausible: debajo de la piel de los animales se encuentra una densa red de fluidos y vasos sanguíneos, y el acto de desollar puede convertirlos en una fina niebla invisible que permanece en el aire y puede introducirse en los pulmones de los trabajadores. Sus estudios han demostrado que los ratones expuestos a estos aerosoles se infectan con el virus SFTS, que luego se instala y se replica en sus pulmones.

Una bomba de tiempo

La historia del SFTS aún encierra misterios, afirma Lee. Las repetidas muertes en las granjas peleteras chinas, por ejemplo, le parecieron “inusuales”, dado que la gran mayoría de las especies animales infectadas muestran pocos síntomas. Independientemente de lo que haya hecho que las infecciones sean tan letales en los animales peleteros, la historia sirve como una advertencia aleccionadora. Los investigadores se preguntan qué otros virus mortales podrían acechar en estas granjas mal reguladas.

Holmes y sus colaboradores en China y otros lugares han descubierto un panorama preocupante. En un estudio, en el que se tomaron muestras de 461 animales de peletería enfermos en toda China, los investigadores identificaron casi 40 virus con alto potencial de infectar a otros animales, incluidas las personas —casi la mitad de ellos en Shandong, sede del mayor productor de pieles de visón y zorro del país—. Otro estudio, en el que se tomaron muestras de 1.941 animales de caza en todo el país, descubrió lo que parecen ser saltos entre especies de coronavirus, incluidos cuatro coronavirus caninos en perros mapaches que padecían diarrea.

Igualmente preocupante, según Holmes, son los casos documentados de “bioseguridad nula” con animales de granja, lo que crea la puerta de entrada perfecta para que estos virus se transmitan a las personas. En un vídeo grabado por sus colaboradores chinos, se veía a los granjeros manipulando perros mapaches afectados por una grave infección gástrica —utilizando nada más que sus manos desnudas—.

Aunque cada vez son más los países que han prohibido la cría de animales para la obtención de pieles desde la pandemia de la Covid-19, tanto por motivos de derechos de los animales como de salud pública, algunos científicos se muestran cautelosos a la hora de abogar por prohibiciones totales. En algunas partes del mundo, afirma Kaneinen, la cría de animales para la obtención de pieles está profundamente arraigada en la cultura y la tradición familiar; en otras, constituye una fuente de ingresos vital. Hay quien argumenta que una prohibición tajante ignora estas realidades y podría empujar a la industria a la clandestinidad —donde sería aún más difícil de controlar y potencialmente más peligrosa—.

Según los investigadores, una solución más realista es una mejor regulación y una mejora sustancial del bienestar animal en las granjas peleteras chinas. Tras los brotes de gripe aviar en 2023, Finlandia introdujo una serie de medidas obligatorias para hacer más segura la cría de animales para la obtención de pieles, entre ellas la instalación de redes para mantener alejadas a las aves, el mantenimiento de los animales en recintos cerrados, la reducción del tamaño de las jaulas y la obligación de utilizar equipos de protección individual. Kareinen y sus colegas también identificaron el proceso de desollado como “la fase más arriesgada de la operación”, en la que deben aplicarse con mayor rigor las medidas de bioseguridad.

Holmes añade que también es fundamental la vigilancia regular de los patógenos que circulan entre los animales de peletería y las personas que trabajan con ellos. Sin estas medidas, si los animales de peletería provocaran una epidemia grave, afirma, “habríamos fracasado completamente como sociedad —un fracaso absoluto y total—”.

De vuelta en Tong’erpu, dos zorros se pelean por la comida, y sus cuerpos chocan con un ruido metálico contra la jaula de alambre que los alberga. Wang lamenta que los precios de las pieles aún no se hayan recuperado desde la pandemia, lo que le hace sentir la presión. Esto puede ser parte de una tendencia a largo plazo que ve cómo disminuye el interés por las pieles, tanto en China como en el resto del mundo. Algunos creen que la cría de animales para obtener pieles, en lugar de ser eliminada, simplemente desaparecerá por sí sola.

Mientras camino por la granja, un escalofrío me recorre la espalda. Cada jaula podría ser una bomba de tiempo, y la única pregunta es si alguna detonará antes de que la propia industria se marchite.

*Este artículo fue publicado originalmente en Knowable en español y traducido por Debbie Ponchner.

Por Jane Qiu - Knowable Magazine

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