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¿Cuántas veces ha normalizado un dolor de estómago? Puede ser momento de escucharlo

El cáncer gástrico puede avanzar durante años sin dar señales claras, mientras algunas de sus molestias terminan normalizándose. La historia de Olga Lucía Mora, diagnosticada en estadio III después de dos años de síntomas, fue uno de los puntos de partida del foro “Escucha tu estómago”, organizado por Foros El Espectador, Caracol Televisión y la Liga Colombiana contra el Cáncer. Expertos hablaron allí sobre las señales de alerta, el papel del Helicobacter pylori, la alimentación y otros hábitos que pueden ayudar a prevenir y detectar a tiempo esta enfermedad.

Foros El Espectador

01 de septiembre de 2026 - 11:00 a. m.
Si usted tiene más de 35 años y presenta síntomas de dispepsia, como ardor en la boca del estómago, náuseas, sensación de llenura o distensión abdominal, debería consultar. No significa que tenga cáncer, sino que esas molestias necesitan ser valoradas por un médico, quien determinará si es necesario realizar una endoscopia y qué camino seguir.
Foto: unsplash
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A Olga Lucía Mora le detectaron cáncer gástrico el 4 de febrero de 2025. Durante los dos años anteriores había tenido molestias en el estómago de esas que muchos en algún momento hemos sentido: comía cualquier cosa y sentía que se le “soplaba” la barriga; otras veces le dolía el estómago o simplemente quedaba con una sensación de indisposición que se repetía una y otra vez. Intentó bajar de peso y tomó distintos medicamentos para controlar las molestias, pero el malestar persistía. El 27 de diciembre de 2024, sin embargo, sintió algo un poco diferente. Después de tomar un jarabe, un dolor muy fuerte le recorrió el estómago. Sintió como si un ácido de batería le hubiera atravesado el cuerpo.

Dos meses después de ese episodio, y tras dos largos años de molestias que había normalizado y aprendido a sobrellevar, llegó finalmente el diagnóstico: un adenocarcinoma gástrico en estadio III. Olga, que es enfermera, lo recordó todo con detalle en un foro titulado “Escucha tu estómago”, organizado por Foros El Espectador, Caracol Televisión y la Liga Colombiana Contra el Cáncer, con el apoyo de AstraZeneca y Selika Medicall. ¿Cuántas veces hemos normalizado un dolor de estómago, una sensación de llenura o una acidez persistente? ¿Cuántas veces hemos pensado que es “lo de siempre” y simplemente hemos tomado algo para que pase? ¿Cuántas veces hemos evitado consultar a un médico?

“Tenemos que escuchar nuestro estómago”, dijo Wilson Cubides, director ejecutivo de la Liga Colombiana contra el Cáncer. “La sintomatología no se debe normalizar. Hacerlo es la razón por la cual los diagnósticos de este cáncer son tardíos”. Según Cubides, en Colombia se diagnostican alrededor de 9.000 nuevos casos de cáncer gástrico cada año y cerca de 6.900 personas mueren por esta enfermedad. La cercanía entre ambas cifras, advierte, es una señal de que muchos pacientes están llegando tarde al diagnóstico. De hecho, asegura que cerca del 90 % de los casos se detectan cuando el cáncer ya está en estadios III y IV.

Por eso, “esto nos debe tocar a todos”, cree Devi Puerto, directora técnica del Centro de Salud Pública en Cáncer del Instituto Nacional de Cancerología. “El cáncer gástrico es una patología de interés en salud pública”. Las cifras de mortalidad ayudan a entender por qué: Puerto lo señala como el cáncer que más muertes causa en Colombia. ¿Qué significa llegar a un punto de estadio III y IV en el diagnóstico? Que el cáncer ya está en una etapa avanzada, lo que reduce las posibilidades de ofrecer tratamientos con intención curativa.

Wilson Cubides, director de la Liga Colombiana Contra el Cáncer.
Foto: Foro Cáncer gastrico

Ese dolor que persiste, esa sensación de llenura que se repite, esas náuseas que aparecen una y otra vez, no son “porque mi organismo es así” o porque “siempre he sido así del estómago”. “Lo primero que hay que hacer cuando tiene alguna sintomatología como llenura, ardor en la boca del estómago o náuseas, es consultar inmediatamente a su médico y que, si es necesario, lo lleven al especialista, al gastroenterólogo, que es el especialista por excelencia del sistema gastrointestinal”, dijo Cubides. Tener alguno de estos síntomas no significa que una persona tenga cáncer. De hecho, no tenerlos tampoco significa que esté libre de la enfermedad. Esta, precisa el especialista, puede ser una enfermedad silenciosa, especialmente en sus primeras etapas, cuando puede no producir síntomas.

Lo importante, explica Puerto, es no acostumbrarse a vivir con ellas ni tratar de resolverlas automedicándose: si persisten, hay que escuchar al estómago, hay que consultar.

Cómo aprender a escuchar el estómago

La principal prueba para encontrar un cáncer gástrico es la endoscopia. El procedimiento consiste en introducir por la boca un tubo delgado y flexible, equipado con una luz y una cámara, que permite al médico observar el esófago, el estómago y el inicio del intestino delgado. Si durante el examen encuentra una zona que parece anormal, puede tomar pequeñas muestras de tejido, conocidas como biopsias, para analizarlas en el laboratorio. Es ese estudio de la biopsia el que permite confirmar si hay células cancerosas.

Pero, por supuesto, no significa que todas las personas deban correr a hacerse una endoscopia. “¿Qué hay que hacer? Hay que estratificar el riesgo”, explicó Puerto. Es decir, identificar quiénes tienen una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad y, a partir de ahí, determinar quiénes necesitan estudios como este. Hay algunas señales que no deberían esperar en ese sentido. “Toda persona de cualquier edad que presente signos de alarma, como, por ejemplo, pérdida de peso no explicada, vómitos frecuentes, dolor o dificultad para tragar, signos de sangrado como anemia, vómito en concha de café, sangrado oscuro o sensación de masa en el abdomen o dolor al palpar, debe consultar”.

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Si usted tiene más de 35 años y presenta síntomas de dispepsia, como ardor en la boca del estómago, náuseas, sensación de llenura o distensión abdominal, debería consultar. No significa que tenga cáncer, sino que esas molestias necesitan ser valoradas por un médico, quien determinará si es necesario realizar una endoscopia y qué camino seguir.

Ahora bien, agregó Ricardo Oliveros, médico cirujano gastrointestinal, hay una edad que debería marcar un punto de partida. “A los 50 años, todos deberíamos tener una endoscopia de base”, planteó. No se trata, reconoce, de enviar mañana a toda la población a hacerse el examen: un programa de tamizaje universal tendría costos importantes y, por ahora, no sería viable. Su propuesta apunta a identificar desde esa edad a las personas que podrían necesitar un seguimiento más estrecho, a partir de la identificación del riesgo.

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Como muchas enfermedades, el cáncer gástrico no tiene una sola causa. En su origen hay una combinación de elementos genéticos, medioambientales y relacionados con los hábitos y las condiciones de vida. Hay factores de riesgo que no podemos modificar. Por ejemplo, los antecedentes familiares de cáncer gástrico y algunos síndromes hereditarios pueden aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad. En esos casos, el seguimiento debe ser más estrecho y cercano. También importa el lugar de procedencia: Oliveros señala que hay regiones del país donde el cáncer gástrico es más frecuente, por lo que haber vivido o provenir de una zona de alta incidencia puede ser un elemento para tener en cuenta.

Desde hace muchos años se sabe, por ejemplo, que el tabaquismo y el consumo de alcohol, en cualquier cantidad y frecuencia, aumentan el riesgo de sufrir cáncer, no solo el gástrico.
Foto: Foro cáncer gástrico

Pero hay otros factores sobre los que sí podemos actuar. Desde hace muchos años se sabe, por ejemplo, que el tabaquismo y el consumo de alcohol, en cualquier cantidad y frecuencia, aumentan el riesgo de sufrir cáncer, no solo el gástrico. Pero para este tipo de cáncer en particular, hay, además,un par de elementos adicionales a tener en cuenta.

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Alimentación y Helicobacter pylori

¿Alguna vez ha escuchado hablar de Helicobacter pylori? Se trata de una bacteria que puede instalarse en la mucosa del estómago y permanecer allí durante muchos años sin que la persona sepa que la tiene. Puede no producir ninguna manifestación, pero también puede provocar una inflamación crónica del estómago que, con el paso del tiempo, puede favorecer la aparición de lesiones y aumentar el riesgo de sufrir cáncer gástrico.

La mucosa es la capa que recubre el interior del estómago y que está en contacto con los alimentos que consumimos y los jugos gástricos. Cuando la inflamación que produce la bacteria en esta capa se mantiene durante mucho tiempo, puede desencadenar una cadena de cambios que los médicos conocen bien: aparece la gastritis, luego pueden presentarse lesiones ulcerosas y, con el paso de los años, puede desarrollarse un cáncer gástrico. Por eso, Helicobacter pylori es considerado el principal factor de riesgo infeccioso de esta enfermedad. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer estima que alrededor del 76 % de los casos de cáncer gástrico a nivel mundial serían atribuibles a esto.

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“En la población menor de 50 años, el mejor esquema de prevención del cáncer gástrico apunta a diagnosticar y tratar el Helicobacter pylori, porque si yo lo trato tempranamente en la vida, probablemente estoy rompiendo esa cadena de la historia natural de la enfermedad y haciendo lo que se llama una prevención futura”, explica Oliveros. Se estima que 8 de cada 10 colombianos podrían tener esta bacteria en el estómago. Ahora bien, no todas las personas que tienen H. pylori van a desarrollar cáncer. Pero identificar y tratar la infección permite actuar sobre esto, que es uno de los principales factores relacionados con esta enfermedad, especialmente cuando se hace antes de que ese proceso avance.

“Pero dentro de la prevención primaria, también es importante, más allá del Helicobacter pylori, lo que comemos y si estamos haciendo actividades de autocuidado”, precisa Edgar Pulido, director médico de la Liga Colombiana contra el Cáncer. Porque la pregunta natural que seguramente usted se está haciendo ahora es por qué tenemos esa bacteria en el estómago y cómo podemos evitar que esté. Y para responder a esa pregunta, Irene Trejus, nutricionista de la Liga Colombiana contra el Cáncer, y Claudia Briceño, jefa del departamento de nutrición de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), coinciden en recordar una frase que seguramente todos hemos escuchado: “Somos lo que comemos”.

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Aunque la alimentación por sí sola no genera la bacteria (puede transmitirse por alimentos o agua contaminados, por una higiene inadecuada y de persona a persona), la dieta sí influye directamente en la vulnerabilidad del estómago. En este punto, la doctora Trejus habló de algo que seguramente todos hemos escuchado alguna vez: la microbiota. “Son esos microorganismos vivos —bacterias, hongos, arqueas, virus y parásitos—que tenemos dentro de nuestro tracto gastrointestinal y en otras partes del cuerpo” y que cumplen un papel clave en el organismo. “Si esta microbiota no está sana, nuestro sistema inmune se va a ver afectado, al igual que nuestra barrera intestinal y, de ahí en adelante, pueden empezar a aparecer enfermedades relacionadas con nuestro sistema gastrointestinal”.

Por eso, cuando se habla de cáncer gástrico, lo que comemos importa mucho. ¿Qué puede afectar nuestra microbiota y qué hábitos pueden aumentar el riesgo de esta enfermedad? Las doctoras Briceño y Trejus llaman la atención sobre una alimentación con exceso de productos ultraprocesados, grasas saturadas, azúcares y sal, y sobre el bajo consumo de fibra, frutas y verduras. La evidencia es especialmente consistente en el caso de un consumo elevado de sal y algunos alimentos conservados o procesados, que se han relacionado con un mayor riesgo de cáncer gástrico. El problema, explicó Trejus, no es solo que sobra en el plato, sino también lo que falta. Frutas y verduras son una fuente importante de fibra, precisamente uno de los nutrientes que ayudan a alimentar la microbiota intestinal.

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Por eso, durante el foro las nutricionistas hicieron una pregunta al público: ¿cuántas porciones de frutas y verduras come usted al día? Comer bien o saludablemente no tiene que ser extremadamente complejo, pero sí implica cambiar algunos comportamientos o hábitos que hemos ido adoptando, quizá sin pensarlo detenidamente. A veces el problema empieza incluso antes de decidir qué vamos a comer. Briceño llamó la atención sobre algo bastante cotidiano: dejamos la alimentación para el último momento, comemos mientras terminamos de trabajar, pedimos un domicilio y seguimos haciendo otras cosas al mismo tiempo. “No tenerlo ahí de última hora en el domicilio mientras termino de trabajar, sino dedicar un momento, un espacio y darle a la alimentación la importancia que requiere”.

También están los horarios. ¿Estamos sacando realmente el tiempo para desayunar, almorzar y comer? La respuesta a esa pregunta hace parte de cuidar nuestro estómago. Hábitos que parecen inofensivos, como sentarnos a comer con el celular o alguna otra pantalla enfrente, hacen parte de conductas alrededor de la alimentación que la dejan siempre al fondo de la lista de prioridades. La distracción puede hacer que dejemos de prestar atención a lo que estamos comiendo y a la sensación de saciedad, lo que puede llevarnos después a “picotear” y terminar escogiendo paquetes u otros ultraprocesados.

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Las recomendaciones entonces no pasan solo por llenar el plato de frutas y verduras —que hay que hacerlo—, sino también por volver a entender la alimentación como un ritual que cuida al cuerpo y que requiere tiempo, conciencia y atención. Comer sentados, respetar los horarios, dejar por un momento el celular o el trabajo y prestar atención a lo que estamos comiendo hacen parte de esos pequeños cambios que, dicen las especialistas, podemos incorporar en nuestra vida diaria. Eso sí, aunque no hay una dieta milagrosa ni un alimento que, por sí solo, pueda evitar el cáncer gástrico o cualquier otra enfermedad, sí hay una serie de hábitos que, mantenidos en el tiempo, pueden contribuir a una vida más saludable.

La doctora Briceño recuerda que la alimentación debe ser completa, equilibrada, suficiente y adecuada para cada persona. Es decir, no todos necesitamos comer lo mismo, pero sí necesitamos cubrir nuestros requerimientos nutricionales y evitar los excesos.

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Y hay algo más que puede resultar incómodo reconocer: nuestros hábitos alimentarios también se aprenden en casa. Trejus cuenta que muchas veces, cuando pregunta a los niños por qué no comen frutas o verduras, la respuesta está en lo que ven hacer a sus padres. “Nosotros como adultos somos el ejemplo para nuestros hijos”, explica. A eso se suma la actividad física, otro de esos hábitos pequeños que, según las especialistas, deberíamos incorporar a nuestra vida cotidiana. La idea, en últimas, en la que coinciden las doctoras, no es convertir cada comida en un cálculo ni vivir buscando una dieta perfecta. Es volver a prestar atención a algo que hacemos todos los días: qué comemos, a qué hora, cómo lo hacemos y cuánto espacio estamos dispuestos a darle a nuestra alimentación.

De hecho, ese proceso de concientización alrededor de la alimentación y los hábitos fue algo que Olga Lucía Mora entendió durante su enfermedad. Hoy, cuando ya el cáncer remitió en su organismo, dice que hay cosas que cambiaron en su manera de ver la comida y de cuidar su cuerpo. Lo que antes podía parecer secundario, ahora ocupa un lugar distinto en su vida: alimentarse mejor y escuchar lo que le dice el organismo.

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