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Ébola: “Esta vez tenemos pocas herramientas. Nos queda buscar casos, aislarlos y tratarlos”

Médicos Sin Fronteras es una de las organizaciones que ha tenido presencia en la República Democrática del Congo, donde está ayudando a contener el brote de ébola. Conversamos con su director médico, Lucas Molfino, para comprender mejor qué está sucediendo y por qué se está complicando la contención del brote.

Sergio Silva Numa

24 de mayo de 2026 - 06:59 p. m.
Trabajadores sanitarios hacen trabajos de desinfección en Bunia, en la República Democrática del Congo.
Foto: EFE - STRINGER
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El personal de salud que está haciéndole frente al brote de ébola, causado por el virus Bundibugyo, en la República Democrática del Congo, está en una carrera contra el tiempo. Sin vacunas ni tratamientos específicos para sortear la enfermedad, deben tratar de rastrear tantos casos como sea posible y seguir la cadena de transmisión, antes de que la situación se les salga de las manos. “Es un momento crítico”, dijo este fin de semana el director de la Organización Mundial de la Salud, en el que las autoridades deben mantener “una alta vigilancia para controlar la expansión del virus”.

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Mientras tanto, como dice Lucas Molfino, argentino y director médico de Médicos Sin Fronteras, quienes están en la provincia de Ituri y en Kivu del Norte —donde se ha registrado la mayor parte de casos— trabajan 24-7. “En esos puntos es non-stop”.

Molfino, que ha estado en varias misiones sanitarias a lo largo de África, aún no ha llegado a República Democrática del Congo, pero coordina y sigue de cerca lo que está pasando en ese país. Como otros colegas, cree que, esta vez, el brote de ébola puede tener un gran impacto en la región. Aunque dice que las epidemias de otros años les han dejado grandes aprendizajes (como adaptar rápidamente los centros de salud y mantener abiertos otros servicios sanitarios), las dificultades para diagnosticar casos con rapidez y el conflicto que se intensificó desde el año pasado, están complicando la situación.

(Lea Ébola y el virus Bundibugyo: las preguntas de quienes saben de epidemias)

Desde su organización ya arribaron cincuenta personas especialistas en responder emergencias, que se unirán a los casi 500 trabajadores que mantiene Médicos Sin Fronteras en la región. También mandaron 3.000 equipos de protección individual, como trajes, gafas y botas, que se sumaron a los enviados por la OMS, para evitar contagios entre quienes tratan pacientes. Molfino, que atendió por teléfono a El Espectador, espera que la cooperación internacional se mantenga las semanas y meses siguientes, porque esta vez, dice, “va a ser extremadamente importante”.

Lucas Molfino, director médico de Médicos Sin Fronteras.
Foto: MSF

¿Me podría describir cuál es la situación que están enfrentando en este momento los equipos de Médicos Sin Fronteras que están en República Democrática del Congo?

Este brote de ébola comenzó en la provincia de Ituri, en la región noreste de la República Democrática del Congo. Ahí, Médicos Sin Fronteras ya tenía proyectos regulares. Pero, desde principios de mayo, los equipos comenzaron a escuchar distintas alertas y después, con el Ministerio de Salud congoleño, se organizó una misión exploratoria para ir de visita a los lugares donde se estaba reportando esto. A partir de ahí comenzaron a detectarse casos por algún tipo de enfermedad. Y, a mediados de mayo, supimos que era una enfermedad causada por el virus de Bundibugyo.

¿Qué están viendo nuestros equipos en este momento? Que hoy la situación epidemiológica todavía es poco clara; las cosas se están moviendo extremadamente rápido. Es muy difícil tener una foto clara de lo que está pasando en el terreno porque el virus que causa esta enfermedad no lo diagnosticamos con los métodos tradicionales que teníamos.

Entonces es muy difícil tener un diagnóstico preciso. Hay un montón de casos sospechosos, pero es muy difícil confirmar la enfermedad y, aparte de todo esto, hay muchos casos que no están reportados. Entonces, la situación que nos describen los equipos es bastante preocupante. Además, ya hay casos reportados en Kampala (Uganda) y otras grandes ciudades de la República Democrática del Congo.Todo esto hace un poco más compleja la situación.

Entonces, lo primero que hicimos fue adaptar nuestros proyectos regulares: tenemos un hospital pediátrico y algunos proyectos de cirugía. Entonces, rápidamente, transformamos un poco toda la zona de triage para recibir eventuales casos. También reforzamos todas las medidas de prevención y control de infecciones, y estamos tratando de hacer un reporte de casos más exhaustivo. Al mismo tiempo, empezamos a mandar equipos y material médico para montar un Ebola Treatment Center en el epicentro del brote.

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Lo acaba de mencionar: uno de los retos es lograr diagnósticos con rapidez. ¿A qué desafíos se están enfrentando para hacer un diagnóstico temprano?

Lo que hay que entender es que hay varios virus que causan la enfermedad de ébola. En este caso tenemos el virus Bundibugyo. Antes, los brotes más comunes de ébola eran causados por el Zaire ebolavirus. Generalmente en esa parte de África, en la República Democrática del Congo y Uganda, los brotes de ébola fueron causados por ese virus, no por Bundibugyo. Entonces, en el transcurso de los últimos años, se desarrolló tecnología para hacer un diagnóstico rápido de la enfermedad causada por el Zaire ebolavirus. Al mismo tiempo se desarrollaron vacunas y tratamientos.

Pero, ahora, al ser otro virus, todo lo que teníamos como rutina para diagnosticar rápido no nos está sirviendo. Lo que se está haciendo ahora es tomar una muestra del paciente sospechoso de tener la enfermedad y se manda a un laboratorio de referencia que tiene más capacidades. El diagnóstico está mucho más centralizado.

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Lo que debemos hacer es cargar la muestra y enviarla a un laboratorio central, en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo. Ahora, junto con la OMS y el Ministerio de Salud congoleño, están tratando de llevar los laboratorios que tienen esta capacidad más cerca del lugar del brote, pero eso lleva tiempo, especialmente en el contexto que estamos trabajando.

Esta vez, tenemos pocas herramientas. Lo que nos queda es trabajar en buscar los casos, aislarlos y tratarlos sintomáticamente mientras esperamos el diagnóstico.

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El brote se da en un contexto en el que hay una alta movilidad de población y en un conflicto intenso. ¿Qué tan difícil está siendo buscar esos casos y rastrear esa cadena de transmisión?

Es un desafío extremadamente grande porque es un contexto que está marcado por una crisis humanitaria gigantesca. La crisis en Kivu y en la provincia de Ituri es un conflicto en el que se enfrentan distintos grupos en la región con el gobierno congoleño. Ese conflicto lleva a que haya grandes desplazamientos de población y una gran desconfianza. Además de la inseguridad y del desplazamiento, hay infraestructuras muy débiles y pobreza crónica, lo que hace que la gente viva en condiciones muy precarias. Esto favorece mucho más la transmisión de la enfermedad, pero no solamente de ébola, sino de sarampión, cólera y diarrea.

Así que todo esto hace que mantener los pilares básicos de la respuesta, que es la identificación de pacientes y la búsqueda de los contactos próximos, sea extremadamente complejo.

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¿Cómo están los servicios hospitalarios en este momento?

Lo que puedo decir desde nuestra perspectiva y de lo que aprendimos como organización médica de emergencias en la respuesta a brotes de ébola anteriores, es que es muy importante mantener los servicios sanitarios abiertos para enfermedades comunes. Uno piensa que todo el mundo cambia a ébola, pero la gente se sigue enfermando de malaria, las mujeres tienen que continuar pariendo, hay gente que debe hacerse sus cirugías… Lo que quiero decir es que es esencial mantener los servicios básicos de salud.

Entonces, lo que se está haciendo es tratar de adaptar estos servicios básicos y que todo el personal médico tenga el equipamiento necesario para, en caso de recibir casos, puedan estar protegidos.

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Hace pocos días, desde Médicos Sin Fronteras y desde OMS, enviaron equipamiento y elementos de protección para el personal de salud. ¿Es suficiente en este momento?

Los materiales están llegando. De nuestra parte, todavía estamos implementando esas medidas; todo lleva su tiempo. Llegar a la zona es extremadamente complejo; es una zona prácticamente fronteriza porque Ituri es vecino de Uganda.

En un primer momento ha habido una respuesta buena de las organizaciones que trabajan con el Ministerio de Salud congoleño, de la OMS y del CDC africano. Pero me parece que en algún momento lvamos a tener que seguir muy de cerca este aspecto. La cooperación internacional va a ser extremadamente importante para mantener la respuesta, porque este brote puede ser muy grande. Con dificultades para hacer un diagnóstico, sin vacunas ni tratamiento específico, puede tener un impacto muy grande en la región.

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Frente a esa situación de violencia, ¿nos puede detallar qué es lo que está sucediendo en ese punto de la República Democrática del Congo?

En la provincia de Ituri hay una pelea muy intensa que viene de mucho tiempo atrás entre grupos armados no gubernamentales y las fuerzas gubernamentales. Pero esta lucha escaló en el último año y solamente en la provincia de Ituri hay, aproximadamente, más de un millón de desplazados internos.

Según los últimos datos que nosotros tenemos, en el primer mes de 2026 hubo otro desplazamiento de, al menos, 100.000 personas. Eso ayuda a ver la complejidad del conflicto. Ahora, si bajás a la provincia del Norte de Kivu —donde también hay brote de ébola— ahí hay una pelea muy intensa entre el ejército congoleño y el grupo armado M-23 y otros grupos pequeños que trabajan con ellos. En la provincia de Kivu del Norte también hay más de 1,5 millones de desplazados.

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Lo más complejo es que desde el 2025 estas hostilidades vienen escalando de una forma impresionante. Antes se daban en un contexto más rural, pero desde el año pasado esto escaló a centros urbanos. Las grandes ciudades de la región como Goma, Sake y Minova, fueron atacadas varias veces. Miles de familias de esas ciudades fueron desplazadas.

En comparación con los otros brotes de ébola en los que ustedes han estado presentes, ¿cree que en el actual hay una mejor coordinación entre las autoridades locales, las ONG y los organismos internacionales?

Sí. El Ministerio de Salud congoleño desarrolló mucha experticia a raíz de los brotes de ébola anteriores y hoy hay una gran cooperación con la OMS y con el CDC africano, que es un actor muy importante en la región. A partir de ahí se aprendieron muchas cosas, como por ejemplo, que los servicios de salud tienen que continuar, que hay que pensar en malaria porque mata tanto o más gente que el ébola.

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Hoy hay un espíritu de colaboración, de hacer las cosas bien porque evidentemente es muy importante lo que está pasando. Incluso, con la posibilidad de probar nuevos tratamientos y de hacer investigación clínica.

¿Cuántas personas hay de Médicos Sin Fronteras ayudando a atender este nuevo brote?

Hay unas 50 personas de personal internacional que responden a emergencias arribando a las distintas localidades en la provincia de Kivu del Norte. Pero ya teníamos más de 500 personas trabajando en los proyectos regulares. Eso se suma a todo el material médico y el material logístico que estamos mandando: guantes, máscaras, antiparras, trajes de protección, botas…. Todo esto llegó entre el 18 y el 19 de mayo. Y ya estamos preparando más cargamentos desde Europa y desde nuestra base en Kampala (Uganda).

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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