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Ébola y el virus Bundibugyo: las preguntas que tienen quienes saben de epidemias

A diferencia de los brotes de ébola que se han detectado desde 1976, esta vez hay varios elementos que tienen un poco inquietos a quienes le han seguido la pista a esta enfermedad. ¿Qué sabemos y qué no de lo que pasa en la República Democrática del Congo?

Sergio Silva Numa

20 de mayo de 2026 - 08:05 p. m.
Imagen del un centro de tratamiento del ébola en la República Democrática del Congo en el brote de 2025.
Foto: EFE - Moïse Badimu/© UNICEF/UNI884781/Moïse Badimu. All rights reserved.
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Deténgase un momento en la siguiente gráfica. Está hecha con datos preliminares, pero ayuda a entender un poco mejor por qué el brote de ébola que hay en este momento en la República Democrática del Congo (RDC) tiene un poco nerviosos a quienes saben de virus y epidemias.

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En ella, pueden ver la trayectoria de otros brotes de ébola que ha habido en el pasado, durante sus primeros cien días. El más escalofriante fue el que hubo entre 2014 y 2016, que dejó más de 28.600 personas infectadas y más de 11.300 fallecidos. Se produjo en África Occidental y hubo casos en Guinea, Liberia y Sierra Leona. También en RDC, Malí, Nigeria, y Senegal. Tras la repatriación de personal de salud, se registró un caso en algunos países europeos y cuatro en Estados Unidos.

En esos primeros cien días, en 2014 la acumulación de casos fue creciendo poco a poco. Pero, en esta oportunidad, la línea, en su inicio, es mucho más pronunciada.

A Silvana Zapata, presidente de la Asociación Colombiana de Epidemiología, le preocupa un poco lo que ve en esa gráfica, que compartió en sus redes sociales el epidemiólogo Tom Frieden, exdirector de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

(Lea ABC del ébola, tras la declaración de emergencia de salud global: ¿Por qué es inquietante?)

“Hay un nivel de incertidumbre con los datos que tenemos hoy, pero, sin duda, pareciera que hay un comportamiento diferente. Son muchos casos en poco tiempo”, dice Zapata.

Con esa incertidumbre sobre la mesa, Zulma Cucunubá, epidemióloga y directora del Instituto Salud Pública de la Universidad Javeriana, cree que es una señal para estar atentos con lo que sucederá con el ébola. Es posible que esa gran diferencia con los otros brotes signifique dos cosas, intuye: una, que el brote haya empezado mucho antes de lo que suponemos.

“Tenemos que esperar los modelos matemáticos y filogenéticos, pero una posibilidad es que el brote haya empezado antes de marzo. Si es así, lo que vemos ahora podría ser la punta del iceberg”, explica. (Por ahora, el primer caso reportado fue el de una enfermera que enfermó el 24 de abril).

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La segunda cosa que podría indicar la gráfica es que, esta vez, el virus se esté transmitiendo de una manera mucho más rápida que en los brotes anteriores. Después de todo, añade Cucunubá, hasta ahora vamos a aprender en detalle sobre la transmisión del virus Bundibugyo, uno de los cuatro virus que causan la enfermedad en seres humanos.

Aunque fue descubierto en 2007 y causó un brote en 2012, que dejó 38 infectados y 13 muertos, muy poco sabemos de ese virus impronunciable. Hasta ahora, todos los esfuerzos se habían concentrado en enfrentar a otra especie, Orthoebolavirus zairense (o Zaire ebolavirus), culpable de lo ocurrido en 2014 y 2016. Cuando causó un brote entre 2018 y 2019 en la RDC en los mismos lugares del brote actual —las provincias de Kivu del Norte e Ituri— ya había una vacuna para sortear la situación, de por sí compleja por el intenso conflicto en la República Democrática del Congo.

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“Hoy todos están trabajando con lo que sabemos del Zaire ebolavirus, pero es cierto que hay preguntas sobre la transmisión del virus Bundibugyo”, añade Zapata.

Mientras las despejan, todos insisten en que la enfermedad causada por el virus Bundibugyo no se transmite por vía aérea, como el covid-19 o el sarampión, sino por contacto cercano (como el que tiene el personal de salud con los enfermos) o por los fluidos corporales de una persona infectada, ya sea enferma o fallecida. También hay que tener precaución con el vestuario o las sábanas que haya usado un paciente.

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Estudiantes lavan sus manos en Kivu del Norte, en la RDC, donde se presenta el brote de ébola.
Foto: EFE - MARIE JEANNE MUNYERENKANA

Lo otro que tampoco saben con certeza quienes le siguen la pista a las epidemias es el llamado “número reproductivo básico” (el R0) que indica el promedio de casos nuevos que puede generar una persona infectada. Suele variar según la situación, pero algunos autores lo sitúan entre 1,3 y 2, como concluyeron en una evaluación de la evidencia disponible (una revisión sistemática), publicada a inicios del 2024 en Travel Medicine and Infectious Disease. El R0 del sarampión, para volver a la otra enfermedad que está quitándole el sueño a las autoridades de salud en América Latina, oscila entre 12 y 18.

Sobre un indicador más esperan tener claridad las próximas semanas, tanto Cucunubá como Zapata: la letalidad del ébola causado por el virus Bundibugyo, es decir, el número de muertes que produce entre los casos confirmados. En los otros brotes causados por ese microorganismo se ha calculado en un rango de 30 % a 50 %, señaló la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en las recomendaciones que emitió hace un par de días para sus estados miembros, entre los que está Colombia, para que no bajen la guardia.

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En esa comunicación la OPS les recordó que ese virus es endémico de África y que nunca ha sido identificado en América. Aunque les sugirió fortalecer las medidas de vigilancia y prepararse para facilitar la repatriación de personas que puedan estar expuestas al virus Bundibugyo, les advirtió que no es buena idea cerrar fronteras ni imponer restricciones a viajeros o de comercio.

El riesgo es alto para la República Democrática del Congo y los países vecinos, dijo ayer el director de la Organización Mundial de la Salud, pero “no es una emergencia pandémica. El riesgo es bajo a nivel global”, lo cual no quiere decir que se no necesite, como ha reiterado, de la solidaridad de todos los países.

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Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, en la rueda de prensa del 20 de mayo.
Foto: EFE - SALVATORE DI NOLFI

En el momento en que escribimos este artículo, ha habido 516 casos confirmados y 131 muertes, aunque un informe del Centro MRC para el Análisis Global de Enfermedades Infecciosas (MRC GIDA) del Imperial College London, en colaboración con la OMS y los ministerios de Salud de Uganda y de la República Democrática del Congo, señala que no se puede descartar la posibilidad de que haya más de mil contagios.

Tropiezos diagnósticos y vacunas entre la violencia

Hay otro par de cosas que hacen particular a este brote de ébola que se está presentando en Kivu del Norte e Ituri, en la RDC. La primera son las dificultades que está teniendo el personal de salud para diagnosticar la enfermedad. Es una medida muy importante en esta etapa, le dijo Kirsten Spann, viróloga de la Universidad Tecnológica de Queensland en Brisbane, Australia, al portal de noticias de la revista Nature.

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Sin embargo, como le explicó a Science, Salim Abdool Karim, que preside el comité de los CDC de África y dirige el Centro para el Programa de Investigación del SIDA en Sudáfrica, no hay reactivos necesarios para detectar el ADN del virus Bundibugyo, pues los que tienen están disponibles para el Zaire ebolavirus.

Esa situación ha retrasado la detección de casos y, según le aseguró a esa revista Placide Mbala, jefe de epidemiología y salud global del Instituto Nacional de Investigación Biomédica en Kinshasa (en RDC), están a la espera de nuevos reactivos para distribuirlos en laboratorios remotos.

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Trish Newport, responsable de emergencias de Médicos sin Fronteras, agregó, en un video publicado este 20 de mayo, otro elemento que está dificultando las cosas en la RDC: el colapso de servicios.

Su forma de sintetizar lo que está ocurriendo fue la siguiente: “Durante el fin de semana hubo casos sospechosos que llegaron al Hospital de Salama. Ahí tenemos un centro quirúrgico que no cuenta con un área de aislamiento. El equipo los identificó como casos sospechosos y los envió al hospital de Bunia. El hospital de Bunia nos los devolvió diciendo: ‘nuestra zona de aislamiento está llena de casos sospechosos, no tenemos espacio para ellos’. Llamamos a otros centros de salud y todos dijeron: ‘estamos repletos de casos sospechosos, no tenemos espacio’”.

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Este 20 de mayo llegaron suministros enviados por la OMS a la República Democrática del Congo.
Foto: EFE - DANIEL IRUNGU

Entre ese abanico de dificultades hay un contexto que hace más difícil todo: la violencia que vive esa área de la RDC. “El conflicto y la violencia armada en la provincia de Ituri, mantienen a la población civil atrapada en un ciclo de violencia mortal, donde miles de personas sufren en silencio”, había advertido el Comité Internacional de la Cruz Roja a finales del año pasado. “Hay una nueva ola de violencia en Ituri que agrava la crisis humanitaria”, dijo Médicos Sin Fronteras hace veinte días, a través de un comunicado.

“Eso, sumado a la alta movilidad entre fronteras de esos países, hace que sea muy complicado seguir la cadena de transmisión”, reflexiona Zapata. “La posibilidad de que haya una pandemia es extremadamente baja. Sin embargo, con una situación tan compleja de orden público, con casos en una ciudad grande y sin vacunas, puede que se presente un brote como el del 2014, pero es muy pronto para saberlo”, agrega el infectólogo y profesor de la Universidad Nacional, Carlos Álvarez.

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Y aunque la OMS está evaluando cuáles medicamentos pueden ser útiles para enfrentar la enfermedad, aún no hay certeza del mejor camino. Tampoco de una vacuna. La mayor parte de las esperanzas están depositadas en un proyecto en el que se embarcó la Universidad de Oxford junto con el Institute for Drug Discovery de la Universidad de Leipzig, la farmacéutica Moderna y el Serum Institute of India (uno de los mayores fabricantes de vacunas del mundo).

Arrancaron a inicios de este año con la idea de desarrollar una contra el virus Bundibugyo y otros filovirus. En su presentación, prometieron precios accesibles, en caso de lograrlo. “Estamos trabajando lo más rápido posible”, le aseguró al portal de noticias de Science, la genetista molecular Teresa Lambe, que dirige el equipo de Oxford.

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Por Sergio Silva Numa

Editor de las secciones de ciencia, salud y ambiente de El Espectador. Hizo una maestría en Estudios Latinoamericanos. También tiene una maestría en Salud Pública de la Universidad de los Andes. Fue ganador del Premio de periodismo Simón Bolívar.@SergioSilva03ssilva@elespectador.com
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