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Una comisión convocada por la revista The Lancet Oncology ha concluido que el mundo enfrenta una gran crisis de personal para atender el cáncer, y que esa escasez podría convertirse en uno de los principales obstáculos para reducir la mortalidad por esta enfermedad en el futuro.
Antes de continuar, hay que explicar dos cosas para entender la dimensión del anuncio. The Lancet Oncology es una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo en el campo del cáncer y forma parte del grupo de publicaciones médicas The Lancet, considerado una referencia global en salud pública y medicina. De cuando en cuando, la revista convoca comisiones, que no son más que grupos de expertos internacionales encargados de analizar en profundidad un problema de gran relevancia, revisar la evidencia científica disponible y proponer recomendaciones para gobiernos, sistemas de salud y organismos internacionales.
Los informes de estas comisiones suelen reunir durante varios años a decenas de investigadores, médicos, economistas y especialistas de distintas disciplinas, por lo que suelen convertirse en documentos de referencia para orientar políticas públicas y debates globales.
En esta ocasión, la comisión fue convocada para responder una pregunta: ¿está el mundo preparado, en términos de personal de salud, para enfrentar la creciente carga global del cáncer? Para ello, los investigadores modelaron la situación actual y futura de 17 de los tipos de cáncer más frecuentes y estimaron las necesidades de 18 categorías de profesionales involucrados en su atención. Con especial atención a África subsahariana y América Latina, también analizaron los principales obstáculos para formar, contratar y retener personal especializado en países de ingresos bajos y medios, y propusieron medidas concretas para enfrentar una crisis que, advierten, ya está en marcha y solo se agravará.
Uno de los mensajes centrales del informe es que el problema va mucho más allá de la escasez de oncólogos. El cáncer, explicaron, depende de una compleja cadena de profesionales que incluye enfermeras, patólogos, radiólogos, técnicos, cirujanos, especialistas en radioterapia, farmacéuticos, investigadores y otros trabajadores sanitarios. Cuando falla cualquiera de esos eslabones, se resienten el diagnóstico, el tratamiento y el seguimiento de los pacientes.
Los autores proyectan que la incidencia de los cánceres analizados crecerá durante las próximas décadas, especialmente en los países de ingresos bajos y medios. Detrás de este aumento están fenómenos globales como el crecimiento y envejecimiento de la población, pero también cambios en los estilos de vida y la exposición a factores de riesgo como el tabaquismo, la obesidad, el consumo de alcohol, la contaminación ambiental y otros determinantes de salud.
Uno de los hallazgos más alarmantes es que una parte importante de la carga mundial del cáncer permanece invisible. Según las estimaciones de la comisión, aproximadamente uno de cada tres casos de cáncer nunca llega a ser diagnosticado. La situación es particularmente crítica en algunas regiones de África, donde más del 60 % de los casos podrían quedar sin detectar. Esto implica que millones de personas fallecen o viven con la enfermedad sin recibir un diagnóstico oportuno ni acceder a tratamientos potencialmente efectivos.
Las desigualdades persisten incluso cuando el cáncer logra ser detectado. En numerosos países de ingresos bajos y medios, los pacientes suelen llegar a los servicios de salud cuando la enfermedad ya se encuentra en etapas avanzadas. A esto se suman las limitaciones para acceder a medicamentos esenciales, radioterapia, cirugía oncológica y personal especializado. Como consecuencia, las probabilidades de supervivencia continúan siendo muy inferiores a las observadas en los países más desarrollados. Las proyecciones de la comisión reflejan esa brecha. Para 2050, la supervivencia neta a cinco años seguiría siendo de apenas 34 % en África y de 39 % en Asia, mientras que en los países de altos ingresos superaría el 60 %.
La escasez de personal es uno de los factores que explican esta situación. Los investigadores calculan que para mediados de siglo el déficit mundial de trabajadores relacionados con la atención oncológica podría acercarse a los 100 millones de personas. La mayor carencia correspondería al personal de enfermería, con alrededor de 65 millones de profesionales faltantes, seguida por áreas diagnósticas como radiología y patología, donde se proyecta un déficit cercano a los 16 millones. Sin embargo, el informe no se limita a describir una crisis. También intenta cuantificar lo que podría ganarse si se invierte en solucionarla.
Según los modelos de la comisión, una expansión suficiente de la fuerza laboral oncológica podría evitar cerca de 170 millones de muertes por cáncer entre 2030 y 2050. Los beneficios, sostienen los autores, no serían únicamente sanitarios. La comisión estima que fortalecer la fuerza laboral dedicada al cáncer podría generar beneficios económicos netos cercanos a los 120 billones de dólares estadounidenses entre 2030 y 2050. En términos sencillos, cada dólar invertido produciría un retorno aproximado de cuatro dólares gracias a la reducción de muertes prematuras, el aumento de la productividad y la disminución de los costos de la enfermedad.
Por ello, la comisión concluye que la escasez de personal para atender el cáncer debe verse más que como un problema médico, como un desafío económico, social y también de desarrollo. Entre las soluciones propuestas figuran ampliar los programas de formación, fortalecer la educación y la investigación, mejorar el acceso a tecnologías diagnósticas y tratamientos, impulsar la salud digital, fomentar alianzas internacionales y aprovechar herramientas de inteligencia artificial para aumentar la capacidad y productividad de los equipos sanitarios.
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