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10 Aug 2015 - 4:31 p. m.

El cerebro detrás del proyecto Brain

El científico ideó las bases del proyecto más ambicioso que se haya emprendido para descifrar el cerebro humano. Sus hallazgos podrían ser el punto de partida para encontrar la cura de la esquizofrenia o el alzhéimer.

Andrea Silva Reyes

Aunque se ha podido identificar cómo funcionan las neuronas de manera individual y cuál es su estructura celular y molecular, es muy poco lo que se conoce acerca de los circuitos cerebrales humanos. El cerebro pesa entre 1,2 y 1,5 kilos, tiene alrededor de cien mil millones de neuronas –el equivalente al número de estrellas en una galaxia– y a pesar de que cabe en una mano, es un órgano aún indescifrable.

Hace dos años, Estados Unidos anunció que invertiría 100 millones de dólares en una investigación que desarrollaría el mapa más completo que se haya conocido hasta hoy del cerebro humano. Fue la primera vez que el mundo escuchó sobre el proyecto Brain, acrónimo en inglés de Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies, es decir, Investigación del Cerebro a través del Avance de Neurotecnologías Innovadoras.

El ideólogo de este plan es el científico español Rafael Yuste, neurobiólogo y catedrático de la Universidad de Columbia, considerado por la revista Nature uno de los científicos más influyentes del mundo.

Brain se desarrollará en los próximos doce años y la comunidad científica confía en que servirá para encontrar la cura para enfermedades mentales y neurológicas e incluso abriría un campo en la posibilidad de modificar la mente humana.

¿Cuál es el punto de partida del proyecto Brain?

Hasta ahora hemos estudiado el cerebro mirándolo de una neurona en una neurona, pero la verdad es que lo componen millones de ellas. Es como intentar ver una película observando un solo pixel, por muchas veces que lo veas nunca te enterarás de qué es lo que ocurre. Esa es la razón por la que empieza la iniciativa Brain: poder desarrollar herramientas que registren todas las neuronas a la vez, ver toda la pantalla y entender la película. Esto va a tener una repercusión muy importante en la historia, pero también la va a tener en la medicina. Muchas de las enfermedades mentales y neurológicas no tienen cura, porque es difícil arreglar una máquina si no sabes cómo trabaja. Al saberlo, podremos encontrar la solución a esas enfermedades.

¿Qué enfermedades podrían curar?

La esquizofrenia, el alzhéimer, el autismo, la depresión, la epilepsia, entre otras. Tal vez, esta es la parte de la medicina más desconocida, a pesar de los esfuerzos heroicos que hacen los psiquiatras y los neurólogos por ayudar a estos pacientes. Imagine que no solo podamos registrar la actividad neuronal, sino también alterarla. Que un psiquiatra del futuro pueda cambiar el patrón de actividad de estas neuronas, corregir la actividad y curar.

¿Se podrán tratar temas relacionados con la mente, la manera de pensar y el comportamiento de las personas?

Estoy convencido de que sí, por eso requiere mucha responsabilidad. Desde el comienzo propusimos que esto tendría que ser un proyecto público y tendría que estar sujeto a comités éticos y legales, no solo de los científicos, sino también con representación de la ciudadanía para que éstas técnicas se utilicen sólo en beneficio de la humanidad. Soy optimista y creo que se pueden usar de manera responsable. En el caso del proyecto Brain podremos conocer e incluso alterar nuestra mente. Otra posibilidad es que se pueda leer la mente de las personas e interferir con su pensamiento, por eso tienen que estar bien llevadas.

¿Cómo se podrían usar de manera negativa esas herramientas?

Los peligros no serían tan distintos de las técnicas de manipulación mental que hemos tenido en toda la historia. Estamos rodeados de métodos más o menos poderosos de manipulación mental, los anuncios en televisión, la propaganda política, etc. Quiero ponerlo en perspectiva, el que haya potenciales usos negativos de estas tecnologías no significa que no debiéramos desarrollarlas, porque tenemos la obligación de ayudar a los pacientes y para mí tienen prioridad. Tenemos un gran porcentaje de la humanidad que sufre, sin poder recibir ayuda, unas enfermedades que son devastadoras para ellos y sus familias. Tenemos la obligación ética de ayudarles y sólo por eso tenemos que desarrollar esas técnicas, no para que las utilice la gente cuando quiera y como quiera. Tienen que estar reguladas.

¿Cómo mapear el cerebro humano?

Lo que necesitamos son nuevas tecnologías, entonces para desarrollarlas la idea es incorporar a la neurociencia expertos que vengan de otros campos que sean físicos, ingenieros o químicos. Por ejemplo, una manera de registrar la actividad de muchas neuronas a la vez es utilizar técnicas ópticas, en este sentido los que trabajan en esto pueden tener en sus manos las herramientas que pueden ayudarnos a registrar la actividad de muchas neuronas a la vez. Necesitamos incorporar a gente nueva, de otros campos, que normalmente no trabajarían nunca en neurociencia o en biología; canalizar esta experiencia que tienen y con el dinero federal de Estados Unidos que desarrollen las técnicas.

¿Por qué se han interesado en Brain empresas como Facebook, Microsoft y Google?

Están interesadas en el proyecto, pero no están participando todavía. Por ejemplo, las hormigas Cataglyphis, que viven en el desierto del Sahara, tienen un cerebro de un miligramo y hacen unos cálculos matemáticos asombrosos que les permiten recordar y contar todos los pasos que han dado en un día para computar la trayectoria más rápida para su regreso al nido. Ese tipo de observaciones que vemos en los animales y en las personas parecen de ciencia ficción para la industria de las computadoras, entonces por eso deben estar vinculadas, porque cuanto más puedan aprender de cómo los cerebros de animales y personas resuelven estos problemas, mejores programas podrán hacer para incorporarlos en la plataforma de tecnología que venden.

Hace siglos, algunos filósofos aseguraban que el mundo lo tenemos dentro de la mente. ¿Esta teoría se puede comprobar?

Sí, en eso estamos trabajando. Aunque la visión tradicional de la mente humana que viene de los filósofos ingleses es que el cerebro es una especie de tabla de respuestas a los “inputs” sensoriales que generan un comportamiento. Otra manera de entenderla fue sugerida por Emmanuel Kant, el filósofo alemán que proponía que la mente no es el reflejo del mundo, sino al revés, el mundo es un reflejo de la mente. El mundo lo tenemos dentro, el mundo en el que vivimos lo generamos con nuestra mente. Yo creo que estas técnicas nos van a permitir resolver este problema, que lleva candente en la filosofía cientos de años: cuál es el carácter de la mente humana y cómo se relaciona con el mundo.

*Periodista de RCN Radio.

 

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