En el mundo se estima que la miopía afecta a uno de cada tres niños y adolescentes. Así lo concluye un estudio de la Organización Mundial de la Salud publicado en la revista British Journal of Ophthalmology que revisó 276 estudios en 50 países y los seis continentes. Con estas cifras, los investigadores anticipan que la incidencia global de la miopía superará los 740 millones de casos en 2050.
La miopía, también conocida como visión corta, ocurre cuando un alargamiento excesivo del ojo hace que los objetos lejanos se enfoquen delante de la retina, en lugar de hacerlo sobre ella, lo que provoca visión borrosa a distancia. Esta suele comenzar en la primera infancia y tiende a empeorar a medida que las personas progresan de la niñez a la adolescencia y finalmente a la edad adulta.
La pandemia, dicen los científicos, podría haber empeorado el problema. Durante la pandemia de covid-19, muchos países implementaron cierres a nivel nacional como una medida de cuarentena de emergencia para controlar la transmisión del virus. “Recientemente se han planteado preocupaciones sobre el posible impacto negativo de los cierres prolongados en la salud ocular, específicamente la miopía”, escribían los autores.
Si bien en los últimos años se ha apuntado a que el aumento de las personas con miopía se ha atribuido al uso excesivo de pantallas, una nueva investigación propone que la respuesta detrás de este incremento podría ser más compleja de lo que se pensaba.
Como explican los autores del estudio, el ojo humano está continuamente ajustando su ángulo, el diámetro de la pupila y el poder refractivo para enfocar las imágenes. Esto se conoce como “acomodación” en la que se enfocan objetos modificando, por ejemplo, la posición del lente del ojo, el cristalino. “Al observar objetos cercanos, incrementa la constricción de las pupilas, la refractibilidad del lente y la vergencia del ojo”, sostienen los investigadores de la de la Facultad de Optometría de Suny en Universidad Nueva York (NYU).
Según los autores, estudios previos han asociado mirar de cerca durante mucho tiempo con un aumento de la acomodación del cristalino, la convergencia ocular y la constricción de la pupila.
En el reciente estudio, publicado en la revista Cell Reports, los investigadores se enfocaron en cómo la retina se ve afectada por experiencias visuales en las que hay un alto contraste de luces. En particular, se analizó la respuesta de dos canales neuronales de la retina que transmiten al cerebro información sobre la aparición y desaparición de la luz en una imagen.
Para esto, los investigadores reclutaron a 34 personas, entre ellas 13 con visión normal y 21 con miopía. Los participantes del estudio recibieron estímulos consistentes en pequeños cuadrados claros u oscuros centrados en el monitor, sobre un fondo uniforme de gris medio con luminancia aleatoria.
Los experimentos sugieren que un alto contraste de luces hace que el ojo trabaje más. En particular, una acomodación excesiva en interiores, por la falta de luz durante mucho tiempo, podría afectar el control de la miopía.
“Este mecanismo podría explicar por qué la miopía aumenta con actividades que maximizan la contracción acomodativa de la pupila, como el trabajo de cerca, y disminuye con actividades y/o tratamientos que la reducen, como la actividad al aire libre, la atropina, el desenfoque positivo y el bajo contraste”, indican los autores del estudio.
Los autores del estudio admiten que aún hacen falta más estudios para confirmar esta hipótesis. En un comunicado sobre esta investigación, José Manuel Alonso, autor principal del estudio e investigador en la NYU, “nuestro hallazgo sugiere que un factor subyacente de la miopía podría ser el volumen de luz recibido mientras se enfoca de cerca durante un tiempo prolongado [...] “No es un resultado definitivo. Es una hipótesis demostrable basada en la fisiología del ojo que relaciona muchos factores diferentes”.
Por su parte, Urusha Maharjan, investigadora en optometría y coautora del estudio, asegura que “cuando las personas se concentran en objetos cercanos en interiores, como teléfonos, tabletas o libros, la pupila también puede contraerse, no por el brillo, sino para enfocar la imagen. En condiciones de poca luz, esta combinación puede reducir significativamente la iluminación de la retina”.
El panorama de la salud visual
Aunque es una de las más frecuentes, la miopía no es la única afección visual. Según la OMS, las afecciones oculares y la deficiencia visual están muy extendidas, y con demasiada frecuencia quedan sin tratar. “En todo el mundo, por lo menos 2.200 millones de personas padecen deficiencia visual, y de ellas, por lo menos 1.000 millones tienen una deficiencia visual que podría haberse evitado o que aún no se ha tratado”, se puede leer en el informe sobre salud visual que publicó ese organismo en 2020.
La OMS estimó que el costo de atender las cataratas y los errores de refracción no tratados en todo el mundo puede estar alrededor de los 24.800 millones de dólares estadounidenses. “Hoy en día, millones de personas viven con una deficiencia visual o ceguera que podría haberse evitado pero, lamentablemente, no fue así. Aunque se desconoce el número exacto, se estima que 11,9 millones de personas en todo el mundo tienen una deficiencia visual moderada o grave o ceguera que podría haberse evitado, a causa del glaucoma, la retinopatía diabética y el tracoma”. El costo estimado de prevenir la deficiencia visual en estas personas habría sido 32.100 millones de dólares.
¿A qué se debe esa cantidad de problemas visuales? Los factores de riesgo y las causas de las afecciones oculares incluyen el envejecimiento, la genética, determinados estilos de vida y comportamientos, las infecciones y diversos problemas de salud. Muchas afecciones oculares son de origen multifactorial. En lo que tiene que ver con estilos de vida, la OMS señala que el tabaquismo es el principal factor de riesgo modificable de la degeneración macular senil) e influye en el desarrollo de las cataratas. La nutrición también puede desempeñar un papel importante en las afecciones oculares. La carencia de vitamina A, por ejemplo, provocada por la malnutrición crónica en los niños, puede causar opacidad corneal.
“Es inaceptable que 65 millones de personas sean ciegas o tengan problemas de vista cuando su visión podría haberse corregido de la noche a la mañana con una operación de cataratas, o que más de 800 millones de personas tengan dificultades para realizar sus actividades cotidianas porque no tienen acceso a unas gafas”, dijo en 2020 el director de la OMS, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Según el informe, se necesita una mayor integración de la atención oftalmológica en los servicios nacionales de salud, en particular en el nivel de la atención primaria, para garantizar que se atiendan las necesidades de atención oftalmológica de un mayor número de personas, entre otras cosas mediante la prevención, la detección precoz, el tratamiento y la rehabilitación.
“Millones de personas tienen graves deficiencias visuales y no pueden participar plenamente en la sociedad porque no pueden acceder a servicios de rehabilitación. En un mundo construido sobre la base de la capacidad de ver, los servicios de atención oftalmológica, incluida la rehabilitación, deben proporcionarse más cerca de las comunidades para que las personas alcancen su máximo potencial”, dijo hace unos años Alarcos Cieza, que dirige la labor de la OMS en el ámbito de la ceguera y la deficiencia visual.
La OMS estimó que se necesitan US$14 300 millones para atender las necesidades de atención insatisfechas de los 1000 millones de personas que viven con deficiencia visual o ceguera debido a la miopía, la hipermetropía y las cataratas.
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