Después de un año de haberse iniciado la epidemia de ébola, que hasta la fecha ha dejado más de 10.000 muertos y alrededor de 25.000 personas infectadas, al mundo le quedaron varias lecciones que deberá aprender si no quiere enfrentarse a las dificultades que pueden generar futuros brotes.
La principal enseñanza, quizás, apunta a una evidente necesidad de fortalecer los sistemas sanitarios, especialmente en países que, como los africanos, aún deben enfrentar serios desafíos en temas de salud pública.
Así, por lo menos lo ve Fernando Simón, médico portavoz del comité especial para la gestión del ébola en España y quien fue la cara más visible en la crisis que tuvo que afrontar el país ibérico.
Según él, además, esta epidemia les advirtió a los organismos de salud en el mundo que deberán reaccionar de mejor manera en el futuro y le envió un mensaje a la industria farmacéutica para que se preocupe más por invertir recursos en ciertas enfermedades a las que no se les ha prestado la atención necesaria.
Según la Organización Mundial de la Salud, ya comenzaron las pruebas de vacunas contra el ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea. ¿Qué impacto tendrán?
Esta epidemia no se controlará con las vacunas ni con los tratamientos que se van a ensayar. Si las vacunas dan algún resultado positivo serán útiles en futuras epidemias. Actualmente, el virus se controla con otros medios como el aislamiento precoz de los casos identificados y el seguimiento estricto de las personas con las que esos casos tuvieron contacto.
¿La vacuna, entonces, no tendrá ninguna utilidad en esta epidemia?
Los ensayos de las vacunas y medicamentos llevan un proceso más largo de lo que la gente suele pensar. En este caso se han agilizado estudios y ensayos, pero por más rápido que se desarrollen tomarán aun varios meses, por eso no creo que tengan un impacto importante en el control de esta epidemia.
¿El virus desaparecerá sin la intervención de estos nuevos tratamientos?
Exactamente. Es cierto que la respuesta internacional no fue la más reactiva que se esperaría en una situación como esta. Se tardó un poco en implementar o aportar los medios necesarios, pero desde septiembre se han invertido los recursos para controlarla y da la sensación, por los datos que recibimos de la OMS, que la evolución es buena y que la transmisión del virus está reduciéndose mucho. Si se mantienen las medidas que se están implementando, el problema se resolverá en unos pocos meses.
¿Por qué la reacción internacional se tardó tanto y las pruebas de las vacunas no comenzaron a realizarse inmediatamente se conoció la expansión de la enfermedad?
Trabajar con vacunas para enfermedades que en principio no existen es complicado. No es fácil proponer estudios intensivos, o que las empresas farmacéuticas inviertan mucho dinero para hacer una vacuna de una enfermedad que produce epidemias con pocos casos, como pasaba con el ébola hasta esta epidemia.
Es decir, que la creación de una vacuna depende directamente del número de personas que están afectadas…
Si el número de casos que produce la enfermedad es muy bajo, lo más probable es que no se puede valorar la eficacia de una vacuna, y eso complica mucho las cosas. Además, si las vacunas no van a tener un mercado suficiente es posible que los laboratorios no tengan interés en desarrollarlas. Con el impacto de esta epidemia el panorama ha cambiado mucho y ahora sí se está invirtiendo.
¿Qué tiene de particular esta epidemia?
Las epidemias de ébola normalmente se producían en zonas rurales muy aisladas. Ésta, por el contrario, se inició en un territorio mucho más cercano a la ciudad, lo que ha supuesto una diseminación de la enfermedad muy superior a lo que se esperaba. La mayor epidemia de ébola dejó un total de 425 muertos, un número pequeño si se compara con la actual, que ya va por más 20.000.
¿Este tipo de enfermedad pertenece a las que están abandonadas porque su población no tiene poder adquisitivo y, por lo tanto, no puede comprar medicamentos o tratamientos?
Tiene algo de cierto. Desgraciadamente el mercado farmacéutico se mueve por factores económicos. Sin embargo, el ébola pertenece a las enfermedades emergentes, que son nuevas o casi nuevas y que tienen potencial de producir más casos. Aunque se conoce desde 1976, las 13 o 14 epidemias, antes de ésta, fueron muy pequeñas. En ese momento las medidas que se implementaron para controlarlas fueron eficaces porque ya conocían el virus y sabían lo que tenían que hacer. Esta epidemia, por el contrario, surgió en un zona nueva en donde les tomó tiempo reaccionar.
¿Es, entonces, una coincidencia que esta enfermedad haya surgido en un lugar donde se padecen muchas otras?
Es cierto que esta epidemia afecta a una zona del mundo donde se dan muchas de esas enfermedades olvidadas. Pero es una coincidencia hasta cierto punto, porque las enfermedades emergentes están asociadas a movimientos de población y específicamente a la ocupación humana de nichos ecológicos donde circulan virus. Entonces, al apartar al reservorio animal, el virus tiene que encontrar otro vehículo de sobrevivencia y puede ser el humano. Además, si estamos hablando de virus que circulan en la selva tropical africana, obviamente estas enfermedades se van a producir allá y no en Europa.
¿Dónde hay riesgo de trasmisión actualmente?
Los únicos países donde ha habido trasmisión comunitaria real han sido Liberia, Sierra Leona y Guinea. Allá puede haber enfermos circulando en la población. Aún así, la probabilidad de infección en esos países es baja. A pesar de que la cifra suena escandalosa, 21.000 casos en una población de 30 millones es poco. Por otro lado, fuera de África solamente ha habido tres casos secundarios, dos en Estados Unidos y uno en España. Es decir, que el virus no circula tanto como la gente piensa, pero hay que tener cuidado.
¿Con qué tipo de tratamiento se han curado las personas infectadas?
Hasta ahora sabemos que un buen tratamiento de soporte aplicado de forma precoz a los pacientes infectados mejora el pronóstico, en este caso la supervivencia, pero el Ébola tiene una letalidad muy alta incluso con estos tratamientos.
En enfermedades tan graves se tiene que intentar todo lo que se pueda. Los tratamientos específicos contra el virus que se han suministrado a los pacientes repatriados como el plasma de paciente convaleciente, los antivirales o los anticuerpos monoclonales, son productos experimentales. Si bien son muy superiores a los que se proporcionan en África, hasta que no se realice correctamente un estudio científico, en el que unos reciban tratamiento y otros no, va a ser muy complicado comprobar su eficacia.
¿Cuál es el estado de África con respecto a esta enfermedad?
Ha mejorado. La epidemia ha sido muy grave, pero no tanto por el número total de casos, como por la disrupción en los sistemas sanitarios, en tanto que el ébola ha hecho que se descuide e incluso paralice el tratamiento de otras enfermedades.
¿Cuál es el problema de los sistemas sanitarios?
Los profesionales sanitarios que están en contacto con los enfermos tienen alto riesgo de infectarse. Hasta ahora la epidemia ha dejado cerca de 500 profesionales sanitarios muertos y más de 800 afectados. En países donde hay muy pocos médicos y enfermeras, los servicios sanitarios quedan sin atención. Por otro lado, los pocos que no se infectan no tienen la confianza suficiente para seguir trabajando como con los pacientes habituales. Y si bien a medida que se va controlando la enfermedad la situación mejora, ahora mismo en los países africanos no es el ébola lo que más mata, sino otros problemas de salud que antes, a lo mejor, se podían tratar, como la malaria, un parto complicado o cualquier cirugía vital.
¿Cómo hacen las organizaciones para cubrir el hueco que hay en los sistemas sanitarios de África?
Médicos sin Fronteras (MSF) es una de las organizaciones que reaccionó primero y ha hecho un trabajo excepcional en este continente. En ese momento no hay un problema de recursos económicos, sino de recursos humanos. Son trabajos muy intensos y estresantes. MSF como organización no gubernamental, no tiene los recursos para trabajar con las necesidades de tres países completos. Desde septiembre se empezó a ejecutar una inversión para el control del ébola por parte de países como Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia y España.
¿Estos medios son suficientes?
Los medios que se invierten ahora aunque son mejorables, están teniendo un impacto importante en el control de la enfermedad, pero todavía hace falta más recursos humanos.
¿Qué pasará cuando el ébola desaparezca o llegue a una tasa de casos muy baja?
El problema es que mientras hay ébola las organizaciones y los países invierten para controlarlo, pero cuando se acabe ¿vamos a seguir colaborando con los países de África para que puedan reconstruir sus sistemas sanitarios? No lo sé. Habría que considerarlo, porque el ébola no se acaba con la epidemia y los países que estamos tratando de invertir debemos pensar en la post epidemia.
¿Cómo enfrentar la post epidemia?
Hay que invertir en desarrollo. A la largo de mi vida he trabajado mucho en países de África, América Latina y el este de Europa, y soy un convencido de que no podemos vivir solo en nuestra isla de bienestar y grandes servicios sanitarios, sino que tenemos que tratar de conseguir una salud global. Es cierto que no se puede alcanzar lo mismo para todos pero sí unos mínimos suficientes. El reglamento sanitario internacional que se firmó en 2005 expresa hasta cierto punto ese concepto de que los problemas de salud, sobre todo los infecciosos, no son un problema local. Y aunque sea por motivos egoístas, a los países desarrollados nos interesa que las enfermedades se controlen en todas partes. Además, por motivos humanitarios creo que no podemos vivir tranquilos, o yo por lo menos, sabiendo que en otros países la gente no tiene los recursos mínimos para curar enfermedades básicas de fácil control. Además, el costo para solucionarlos sería mínimo.
Desgraciadamente las prioridades del mundo van por otra línea y hay aspectos que se financian sin ningún problema dejando de lado cuestiones prioritarias como la educación o la salud.
¿Qué otro tipo de enfermedades pueden convertirse en un problema en los próximos años?
La gripe aviar, que produce muy pocos casos al año pero todavía existe. En Oriente próximo está el MERS Coronavirus, que causa un cuadro respiratorio bastante grave. Tenemos las enfermedades vectoriales que pueden desencadenar epidemias, como el chincungunya. Y, por último, la malaria, que puede resurgir en cualquier momento.
¿Qué errores cree que se han cometido desde que se expandió el virus del ébola?
Estamos enfrentándonos a la epidemia “de las primeras veces” y por lo tanto cosas que a lo mejor se identifican como errores simplemente son retrasos en el periodo de aprendizaje. Es la primera vez que una epidemia del ébola afecta a zonas urbanas y la más grande que hemos conocido hasta ahora. Es la primera vez que el virus afecta a zonas que no tienen una continuidad geográfica y la que se repatrian tantos casos. Es la primera vez que ha habido trasmisión secundaria fuera de África y que hay dos brotes al mismo tiempo producidos por un virus diferente. Sin embargo, personalmente, no creía que fuéramos a estigmatizar tanto los tres casos que hubo en España. Para mi esta enfermedad no tenía una historia tan negra como la peste, pero la percepción social del riesgo me hizo cambiar de idea. Creo que no valoramos correctamente las necesidades de información veraz y correcta a la población en los países desarrollados.