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“El exceso de alcohol es perjudicial para la salud”: la frase que Colombia podría cambiar

El Ministerio de Salud está planeando actualizar la política pública sobre alcohol en Colombia y podría decidir que las botellas tuvieran etiquetas mucho más visibles y explícitas sobre el riesgo asociado a esos productos como cáncer y enfermedad hepática.

Juan Diego Quiceno

11 de mayo de 2026 - 06:00 p. m.
En 2019, según la OMS hubo aproximadamente en todo el mundo 2,6 millones de muertes como consecuencia del consumo de alcohol. De estas, 1,6 millones se debieron a enfermedades no transmisibles, 700 000, a traumatismos y 300 000, a enfermedades transmisibles.
Foto: Pixabay
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En silencio y lejos del foco público, el Ministerio de Salud avanza en un proceso que podría marcar un giro en la estrategia de Colombia para reducir el consumo de alcohol. La cartera trabaja en la actualización de la Estrategia Nacional de Reducción del Consumo de Alcohol, en respuesta al llamado que hizo la Corte Constitucional en la sentencia C-445 de 2025 en la que exhortó al Gobierno Nacional a reforzar las medidas frente a este problema de salud pública.

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“La Corte consideró que resultaba imperioso exhortar al Congreso y al Ministerio de Salud para que, en el marco de sus competencias, actualizaran la política pública sobre consumo de alcohol conforme a la mejor evidencia científica. Asimismo, llamó a todas las instituciones competentes a implementar medidas intersectoriales y educativas para reducir el consumo de alcohol y garantizar una información veraz sobre sus riesgos”, explica Carlos Jiménez, experto en proyectos de incidencia de la organización Red PaPaz, y quien ha participado en las distintas mesas de trabajo convocadas por el Ministerio de Salud para avanzar en esa tarea.

Esa sentencia dejó un sinsabor en muchas de las personas que han estudiado los efectos en la salud pública del consumo de alcohol. La sentencia respondía a una demanda de inconstitucionalidad presentada por la ciudadana Carolina Piñeros Ospina (directora de Red PaPaz) contra la expresión “exceso de” contenida en la leyenda obligatoria: “El exceso de alcohol es perjudicial para la salud” que hoy está en todas las bebidas alcohólicas.

Piñeros argumentaba que este mensaje es equívoco y engañoso, ya que induce a los consumidores a creer que el alcohol solo daña la salud cuando se consume en exceso, ignorando la evidencia científica actual que sugiere que cualquier nivel de consumo, por pequeño que sea, es riesgoso, especialmente en relación con enfermedades como el cáncer.

Durante el proceso, Prolicores, Asovinos y otros gremios argumentaron que no hay consenso científico sobre la nocividad de dosis mínimas y que incluso algunos estudios sugieren beneficios cardiovasculares en consumos moderados. El Ministerio de Salud, a su vez, reconoció que la evidencia científica ha avanzado y que la leyenda actual puede ser considerada desactualizada, mientras la Procuraduría pidió la constitucionalidad de la norma, alegando que no se debe imponer un “Estado paternalista” que desincentive cualquier consumo.

En su sentencia, la Corte concluyó que la frase “El exceso de alcohol es perjudicial para la salud” puede mantenerse, al considerar que no es engañosa y que refleja el consenso científico más sólido existente al momento en que fue adoptada, pero, al mismo tiempo, el alto tribunal aceptó que la regulación colombiana lleva décadas sin actualizarse y que la evidencia sobre los riesgos del alcohol, incluidos los relacionados con cáncer, ha avanzado en los últimos años, por lo que pidió que dicha norma se actualizara. Con base en esa petición, algunas organizaciones de la sociedad civil y académicos esperan que el Minsalud dé un gran siguiente paso: implementar un etiquetado de advertencia mucho más visible y explícito.

Una nueva evidencia sobre la mesa

La advertencia que hoy aparece en las botellas de licor en Colombia tiene casi 40 años y, según la propia Corte Constitucional, prácticamente no ha sido revisada desde entonces. La frase “El exceso de alcohol es perjudicial para la salud” quedó establecida en la Ley 30 de 1986, aunque antes ya había existido un antecedente: un decreto de 1974 ordenaba en aquel entonces incluir la advertencia “El alcohol es una sustancia perjudicial para la salud”.

Sin embargo, pocos meses después esa obligación fue eliminada y solo se mantuvo el requisito de informar el grado de alcohol de las bebidas. En su análisis histórico y técnico, la Corte también encontró que, cuando el Congreso aprobó la redacción actual en 1986, no hubo un debate técnico específico sobre por qué debía usarse esa frase y no otra. De hecho, concluyó que el texto simplemente se heredó de normas anteriores. Esa misma situación volvió a repetirse en 2016, cuando el Congreso expidió la Ley 1816 y mantuvo intacta la advertencia, sin revisar si seguía ajustada a la evidencia científica más reciente sobre los riesgos del alcohol.

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Lo cierto es que detrás de ese debate regulatorio, hay uno científico que también es de vieja data. Durante años, los expertos creyeron que beber pequeñas cantidades de alcohol podía mejorar la salud de los adultos. Algunos estudios incluso llegaron a sugerir que unas pocas copas de vino a la semana podrían reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y de Alzheimer.

Sin embargo, cada vez hay más evidencia de que eso no es tan cierto. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasifica el alcohol como un carcinógeno del Grupo 1, la categoría más alta de evidencia, la misma en la que están sustancias como el tabaco o el asbesto. Eso significa que existe evidencia suficiente que sugiere que el alcohol es un factor de riesgo de cáncer en humanos. Es una sustancia que está relacionada con al menos siete tipos de cáncer, entre ellos el de mama, el de hígado, colon y esófago. Esos casos ocurren incluso con consumos considerados “ligeros” o “moderados”. En Europa, por ejemplo, se estimó que en 2017 hubo 23.000 casos de cáncer asociados a consumos bajos o moderados de alcohol.

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Pero, entonces, ¿por qué algunos científicos siguen hablando de posibles beneficios del consumo bajo y moderado? Parte del debate reciente aumentó a raíz de un estudio publicado en The Lancet en 2022, que encontró que los riesgos y posibles efectos del alcohol no son iguales para todas las edades. Mientras en jóvenes prácticamente cualquier consumo se asociaba con más daños que beneficios, los autores sugirieron que en algunos adultos mayores pequeñas cantidades parecían relacionarse con ciertos efectos cardiovasculares favorables.

Sin embargo, varios científicos y editoriales posteriores cuestionaron con fuerza la interpretación de esos hallazgos. Señalaron que muchos estudios sobre supuestos beneficios del alcohol tienen limitaciones metodológicas importantes y pueden estar afectados por sesgos estadísticos o por la forma en que se comparan los grupos analizados.

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Por ejemplo, escribieron, durante muchos años los estudios compararon a bebedores moderados con personas completamente abstemias, pero dentro de ese grupo de “no bebedores”, muchas veces había personas que habían dejado el alcohol porque ya tenían problemas de salud. Eso podía hacer que los consumidores moderados parecieran más sanos de lo que realmente eran, no necesariamente por el alcohol, sino porque estaban siendo comparados con una población más enferma desde el inicio. A ese fenómeno algunos investigadores lo llaman la “paradoja del bebedor enfermo”.

Además, argumentaron, ninguno de esos supuestos beneficios elimina el riesgo de cáncer asociado al mismo nivel de consumo. En su más reciente consenso científico, la Organización Mundial de la Salud señala que no existen estudios que demuestren que los posibles efectos beneficiosos del consumo ligero o moderado sobre enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2 superen el riesgo de cáncer asociado a esas mismas cantidades de alcohol.

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En otras palabras, incluso si pequeñas cantidades de alcohol llegaran a ofrecer algún beneficio cardiovascular en ciertos adultos, la evidencia actual indica que ese posible efecto no compensa el aumento del riesgo de cáncer vinculado al mismo consumo. Debido a eso, la OMS es clara en señalar que ningún nivel de consumo de alcohol es seguro para la salud.

“Los estudios y las guías científicas, contra mucha presión de los productores de alcohol, son claras hoy en que si uno no toma nada, está mejor que si tomara cualquier cosa”, le dice a El Espectador Kenneth Cusi profesor de Medicina y jefe de la División de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo de la Universidad de Florida en Gainesville.

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Al igual que la Federación Mundial del Corazón, la Asociación Colombiana de Endocrinología ha sido clara en sus últimos consensos y encuentros (como el ENDIMET 2026) en que no se debe recomendar el inicio del consumo de alcohol como una estrategia de protección cardiovascular. Los riesgos, dice la asociación, superan cualquier beneficio potencial.

El Ministerio de Salud también cree eso. En su pronunciamiento ante la Corte Constitucional, Minsalud calificó la frase “El exceso de alcohol es perjudicial para la salud” como “ambigua, subjetiva y científicamente desinformativa”. Según la cartera de Guillermo Alfonso Jaramillo, bajo la evidencia actual, “no existe un nivel seguro de consumo de alcohol”.

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¿Hacia un etiquetado más duro?

En su sentencia, la Corte Constitucional pidió que la política pública sobre alcohol en Colombia fuera actualizada conforme a la mejor evidencia científica disponible y a los lineamientos de la OMS. Aunque el alto tribunal no ordenó explícitamente adoptar medidas concretas, sí citó dentro de su análisis el paquete técnico SAFER, considerado hoy uno de los principales marcos internacionales para reducir los daños asociados al alcohol.

“Eso no sería empezar de cero, porque ya hay un camino abierto y en documentos previos ya se hablaba de SAFER. Pero creo que hace falta darle mucho más protagonismo. A veces tenemos las prioridades invertidas: casi todo se concentra en atender a quienes ya tienen dependencia, y no digo que eso no sea importante, pero hay que equilibrar mejor los esfuerzos institucionales y darle más peso a las medidas preventivas”, dice Blanca Llorente, directora de investigación de la Fundación Anáas, una organización de sociedad civil que promueve el diseño de políticas públicas para avanzar en la Agenda 2030 de Desarrollo Global. Ese paquete fue construido y publicado por la OMS e incluye medidas como aumentar impuestos, restringir la publicidad y el patrocinio, limitar la disponibilidad física de alcohol y fortalecer las advertencias sanitarias.

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Para Llorente, las mesas que ha convocado el Ministerio de Salud muestran, al menos por ahora, una disposición a fortalecer ese enfoque de prevención ambiental. “Sí veo un interés genuino de fortalecer las acciones que tienen más impacto en prevención”, señala. Sin embargo, advierte que el gran riesgo que observa es que la actualización termine solo reducida a campañas educativas o mensajes centrados en ideas como el “consumo responsable” o el “conductor elegido”, sin avanzar realmente en medidas regulatorias más fuertes para reducir el consumo.

Para Jiménez, de RedPapaz, es la oportunidad para avanzar en el cambio de etiquetado de las botellas. “Cada vez hay más evidencia sobre las características de la etiqueta que logran un mayor impacto, tal como el aumento de la concientización y el conocimiento que el consumo de alcohol puede causar cáncer. En este sentido, y frente a una eventual actualización, las etiquetas de advertencia sobre el alcohol en Colombia deberían, primero, hacer hincapié en los daños a la salud, tal como la violencia y el cáncer; y segundo, tener información objetiva y clara; ser grandes, con mensajes coloridos acompañados de gráficos”.

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Según la OMS, hoy solo 47 países en el mundo exigen advertencias sanitarias o de seguridad en las etiquetas de bebidas alcohólicas y, en la mayoría de los casos, esas advertencias siguen siendo pequeñas, poco visibles y con mensajes vagos o poco específicos. Para el organismo, el etiquetado del alcohol continúa estando mucho menos regulado que el de productos como medicamentos, alimentos o cigarrillos.

La OMS también sostiene que el impacto de estas advertencias depende mucho de cómo estén diseñadas. No produce el mismo efecto una frase genérica sobre “consumo responsable” que un mensaje explícito sobre cáncer, enfermedad hepática o embarazo. Por eso, la organización considera que advertencias más claras, visibles y directas sobre los daños del alcohol podrían ayudar a aumentar la conciencia pública sobre riesgos que todavía se subestiman.

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Algunos países ya están avanzando en esa dirección. Irlanda comenzará a exigir desde este año mensajes explícitos sobre la relación entre alcohol, cáncer y enfermedad hepática. Chile obliga desde 2023 a incluir advertencias con pictogramas que deben ocupar al menos el 15 % de la etiqueta. Y Sudáfrica exige desde hace años mensajes visibles sobre adicción, violencia, accidentes y conducción bajo efectos del alcohol. Para Jiménez, Colombia debe “introducir etiquetas obligatorias de advertencia sanitaria sobre el alcohol basadas en la mejor evidencia sobre el diseño y el contenido, y deberían además evaluar los efectos de las etiquetas sobre la percepción y el comportamiento de los consumidores”.

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