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El libro de una médica estadounidense que explica a fondo “la revolución Ozempic”

Fragmento de “La revolución Ozempic. Una guía completa sobre los fármacos para adelgazar”, libro de la médica experta en obesidad Alexandra Sowa, recién publicado en Colombia con el sello editorial Grijalbo.

Alexandra Sowa * / Especial para El Espectador

04 de febrero de 2026 - 11:00 a. m.
La doctora Alexandra Sowa es considerada pionera en el campo de la medicina de la obesidad. Tiene grados en Medicina interna y Medicina de la obesidad, y es profesora clínica en la facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU). En consultada para estos temas por influyentes medios de comunicación, como CNN, CBS News y The New York Times, y sus escritos han aparecido en prestigiosas publicaciones como The Atlantic y NPR.
Foto: https://alexandrasowamd.com
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Introducción

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Por qué sientes que los médicos te han fallado

Cuando decidí empezar a formarme en la especialización de medicina de la obesidad, hubo colegas que se extrañaron. Comentaban cosas como: «Pero ¿por qué? Yo odio tratar a esa gente». Por «esa gente» se referían a personas con obesidad, situación que afecta a alrededor del 43 % de la población estadounidense. (Recomendamos leer esta investigación de El Espectador de medicamentos contra la obesidad sobre los que científicos piden mesura).

Supongo que no debería haberme sorprendido que hubiera médicos que estigmatizaran la obesidad, igual que hacen muchas personas en nuestra sociedad, por no decir la mayoría. Pero lo cierto es que me molesta. Los médicos, que tienen un poder tremendo sobre el bienestar de sus pacientes, prestan el juramento de no dañar a nadie. Y quienes han sufrido estigmatización por causa de la obesidad saben muy bien el daño que puede hacer.

Mis pacientes me cuentan historias que me impresionan mucho. Por ejemplo, que van a consulta por un dolor agudo y el médico, en lugar de escucharlos, los interrumpe para hablarles de su sobrepeso, de modo que se sienten ignorados en lugar de apoyados, humillados en lugar de cuidados. No es de extrañar, pues, que muchos dejen de ir al médico.

A los médicos les encanta recomendar a los pacientes que bajen de peso, pero la ironía es que no suelen estar muy cualificados para dar consejos al respecto. Históricamente, los estudiantes de medicina y los residentes apenas reciben formación en nutrición. La mayoría de los médicos dan a sus pacientes el mismo consejo que yo recibí cuando era más joven y tenía un peso que se acercaba al límite saludable: «Muévete más y come menos». Te sueltan una charla rápida y te entregan un folleto sobre nutrición que no es más que un copia-pega de las directrices elaboradas por las autoridades sanitarias. Y, tras este asesoramiento que tiende a ser inapropiado y sin sustancia, cuando los pacientes no logran adelgazar, ¿a quién culpan los médicos? Lo has adivinado: a los pacientes.

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Hasta hace muy poco, los médicos consideraban que el sobrepeso era principalmente un fallo de la voluntad. A las personas obesas se las ha visto por regla general como víctimas de su propia indolencia o ignorancia, o de una combinación de las dos cosas. Sin embargo, gracias a las investigaciones que se han realizado en este campo, hoy sabemos que la obesidad tiene una base biológica. Se trata de una dolencia y, en el capítulo 1, explicaré por qué es necesaria tan a menudo una intervención médica para revertirla.

Pero también sabemos que la obesidad es un fenómeno complejo. Engordar es un proceso en el que influyen muchos factores; es decir, no existe una sola causa. Por eso les cuesta tanto a los médicos ofrecer un tratamiento efectivo. Las consultas de veinte minutos, que son la norma en el sistema sanitario, no proporcionan suficiente tiempo para que los médicos y los pacientes desentrañen la mezcla de variables tanto físicas como psicológicas que pueden complicar el mantenimiento de un peso adecuado.

Como médica que trabaja exclusivamente con personas que sufren obesidad, sé bien que, para abordar convenientemente el problema, no pueden ignorarse estos factores mentales y físicos. Pero también sé que toda esta complejidad y este estigma son justo la razón por la que los medicamentos análogos del péptido similar al glucagón de tipo 1 (GLP-1), como Ozempic, Wegovy, Mounjaro o Zepbound, son la herramienta más potente y beneficiosa que puedo ofrecerles hoy a mis pacientes, pues puede cambiarles la vida y salvársela.

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Aunque las personas que vienen a mi consulta han vivido muchos tipos de experiencias que han contribuido a su sobrepeso, los análogos del GLP-1 les funcionan a casi todas ellas. Por ejemplo, a pacientes como Alice, que estaba recuperándose de un trastorno por atracón. O a David, que, tras haber participado en maratones toda su vida y tener que dejarlo por una estenosis espinal, necesitaba recuperar un peso saludable para poder someterse a una cirugía correctiva. O a Catherine, que no lograba adelgazar después de un embarazo.

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Ayudo también a mujeres que necesitan perder peso para poder iniciar tratamientos de fertilidad. A personas que han engordado como consecuencia de tratamientos contra el cáncer. A pacientes que se recuperan de traumas sexuales. A personas que encadenan regímenes de adelgazamiento sin lograr perder peso. A alcohólicos en recuperación que reemplazan la bebida con comida. Y a otras personas que no logran localizar la causa, pero saben que la báscula lleva marcando 20 kilos de más en los últimos diez años y no hay manera de que esa cifra baje.

En general, los pacientes que acuden a mi consulta y usan medicamentos análogos del GLP-1 sienten un alivio increíble cuando se demuestra que la razón por la que no adelgazaban era una dolencia que podía corregirse. Descansan por fin al silenciar el ruido mental sobre la comida, esa voz en su cabeza que siempre estaba centrándose en lo siguiente que tenían que comer. Tras muchos años o toda una vida de estar controlándose sin descanso, logran al fin sentir lo que es dejar los cubiertos en la mesa porque se sienten saciados.

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Cuando ya no tienen que luchar contra la biología o temer a la báscula, se sienten por fin con fuerzas para abordar otros factores que pueden haber contribuido a su sobrepeso. Y es que, con la ayuda de los análogos del GLP-1, se puede separar lo médico de lo emocional y conductual de una manera nueva y profunda.

La promesa de los análogos del GLP-1

Aunque estos medicamentos hayan sido de considerable ayuda para mis pacientes y para muchas otras personas, los medios de comunicación no están informando sobre ello, sino que se han centrado en las historias de los famosos obsesionados por su imagen corporal o en dar titulares alarmistas sobre la llamada «cara de Ozempic» (efecto en el rostro de un adelgazamiento súbito) o sobre el «estómago paralizado» (descripción médicamente inexacta de la gastroparesia, un efecto secundario adverso muy poco común). Como se malinterpreta y se estigmatiza la obesidad, se hace lo mismo con los medicamentos que pueden tratarla.

Es hasta cierto punto lógico que la gente sea escéptica al oír hablar de un nuevo «medicamento que hace maravillas», sobre todo si tiene que ver con el adelgazamiento. En Estados Unidos, por ejemplo, la autoridad reguladora que aprueba los medicamentos que se pueden comercializar en el país ha cometido errores garrafales. En los años noventa, fue el fen-phen (medicamento a base de fenfluramina y fentermina), un compuesto estimulante que hubo que retirar del mercado cuando un estudio confirmó que uno de sus componentes, la fenfluramina, dañaba las válvulas del corazón. Luego llegó orlistat, que acabó siendo más conocido por provocar incontinencia fecal que por ayudar a adelgazar. (Hay que decir que, además de manchar la ropa interior, no era muy efectivo).

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Sin embargo, a diferencia del fen-phen y orlistat, los médicos llevan desde el año 2005 recetando análogos del GLP-1 para el control del azúcar en sangre y más de una década para el control del peso, lo que ha establecido unos antecedentes sólidos de seguridad y eficacia. El desastre del fen-phen también llevó a la creación de unos protocolos mucho más robustos para el estudio de los medicamentos antes de comercializarlos.

Además de muchos fallos médicos, nos topamos también con la industria del adelgazamiento, carente de regulación, que solo en Estados Unidos mueve más de veinte mil millones de dólares al año, y no porque funcione, ¡sino justo porque no lo hace! Los programas comerciales de control del peso han ayudado a algunos clientes a adelgazar, pero la gran mayoría de las personas que los han aplicado han recuperado los kilos que habían perdido, y a menudo han añadido aún unos cuantos más (explicaré este fenómeno en el capítulo 1).

En medio de esta realidad tan desoladora, surgió el movimiento de la positividad corporal como una importante alternativa a la cultura de las dietas de adelgazamiento. El concepto de «salud con cualquier talla» ha puesto sobre la mesa la estigmatización del peso en la medicina, dándole a la gente herramientas para argumentar y obligar a los médicos a reconocer sus sesgos.

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Hoy en día hay seguramente menos personas de cualquier talla y edad que se avergüencen de su aspecto. Sin embargo, a pesar de este cambio a mejor en las actitudes, subsiste una evidencia científica abrumadora que vincula la obesidad con problemas de salud graves que pueden sobrevenir con el tiempo. Ahondaré en este asunto en el capítulo 4, pero el resumen es que un índice de masa corporal (IMC) superior a 30, combinado con un vientre voluminoso, aumenta el riesgo de padecer distintas enfermedades. De todas formas, en mi opinión, la positividad corporal y los análogos del GLP-1 no son adversarios en el tratamiento de la obesidad, sino aliados.

Los análogos del GLP-1 podrían beneficiar significativamente a la salud y al bienestar de millones de personas si no les disuadieran de su uso factores como la estigmatización médica del sobrepeso, la información sesgada que domina en los medios, el fracaso de métodos de adelgazamiento anteriores o las historias que hayan oído de amigos de amigos de amigos a los que se les administró Wegovy y sintieron tantas náuseas que se pasaron tres días seguidos vomitando. Porque la experiencia colectiva de mis pacientes me ha demostrado lo siguiente: la revolución Ozempic lo cambia todo. Estos medicamentos proporcionan al fin una alternativa viable, saludable y razonable a todo lo anterior. Su uso no debe considerarse como opuesto a la positividad corporal, sino como un apoyo. No son otra concesión a la cultura de las dietas de adelgazamiento, sino un medio para liberarse de ella.

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En este libro encontrarás todos los datos disponibles sobre los análogos del GLP-1, además de experiencias reales de los pacientes de mi consulta médica, donde aplico mi método SoWell. Todo esto te ayudará a tomar una decisión bien fundada junto con tu médico sobre si debes seguir un tratamiento para regular tu peso.

Más allá de las recetas médicas

Existe aún otro obstáculo que superar para alcanzar el potencial completo de los análogos del GLP-1. Estos medicamentos son efectivos —increíblemente efectivos—, pero su éxito requiere mucho más que una receta médica. Los datos indican lo siguiente: actualmente, hasta un 66 % de la gente deja de recibir las dosis de los análogos del GLP-1 en menos de un año.

Es decir, no experimentan el beneficio que se pretende con este tratamiento, que es el mantenimiento a largo plazo de un peso que los proteja de las enfermedades. Necesitamos estudios para comprender por qué tanta gente deja el tratamiento con los análogos del GLP-1 antes de cosechar sus beneficios. De todas formas, como he tenido mucho éxito tratando a pacientes a largo plazo con estos medicamentos, he observado que existen cuatro razones principales.

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La primera es que tienen expectativas poco realistas. Por falta de información, creen que perderán peso enseguida. En este libro ofrezco datos claros y descripciones detalladas de cómo es cada paso del tratamiento con los análogos del GLP-1, preparando así a los usuarios para no aflojar durante el largo trayecto que los espera.

En segundo lugar, los pacientes necesitan ayuda para gestionar los efectos secundarios: los usuarios de estos medicamentos deben saber qué comer para evitar los efectos secundarios más comunes (náuseas, diarrea, estreñimiento y cansancio), sobre todo en los primeros meses, que es cuando resulta más habitual que se den. En este libro se ofrece un nuevo marco de opciones de alimentación para afrontar este aspecto al tiempo que se cuida la salud.

En tercer lugar, no cuentan con el apoyo de su entorno. Muchísimos de mis pacientes se topan con la incomprensión de sus familiares y amigos (¡e incluso de su médico!) ante la decisión de usar los análogos del GLP-1. Necesitan, por ello, información que les permita reafirmarse y sentir confianza mientras siguen el tratamiento, algo que no encontrarán en una simple receta.

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Y, por último, no se lo pueden permitir. A pesar de su alto precio, que varía según los países, hasta el momento, por regla general, los seguros privados y los sistemas públicos de salud solo cubren estos fármacos para el tratamiento de la diabetes tipo 2, no para el control de la obesidad. Pero se avecinan cambios. Por un lado, a medida que llegan al mercado nuevos análogos del GLP-1, se incrementa la presión para que bajen los precios.

Por otro lado, se están llevando a cabo ensayos clínicos que demuestran los beneficios a largo plazo de estos fármacos para la salud cardiovascular y metabólica. Un estudio de 2023 con más de 17.000 participantes —sí, financiado por Novo Nordisk, fabricante de Ozempic, pero de doble ciego y realizado por investigadores en cardiología de primera línea— ha puesto ya de manifiesto que la semaglutida de los análogos del GLP-1 (comercializados con el nombre de Wegovy) reduce un 20 % el riesgo de complicaciones cardiacas como infartos y derrames cerebrales.3 Gracias a los ensayos clínicos que demuestran estos beneficios más amplios, es cada vez más probable que los sistemas públicos de salud acaben financiando el tratamiento con estos medicamentos para más casos, aparte de la diabetes tipo 2.

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* Se publica por cortesía de Penguin Ranfom House Grupo Editorial. Alexandra Sowa: a través de la plataforma SoWell Health, amplía su alcance fuera del consultorio médico, ofreciendo servicios innovadores de telemedicina y recursos que reflejan su filosofía de atención: integral, basada en la evidencia y profundamente respetuosa de la dimensión emocional de la salud.

Por Alexandra Sowa * / Especial para El Espectador

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