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El mosquito de la malaria en América Latina estaría evolucionando para resistir insecticidas

Un estudio que analizó el ADN de más de mil mosquitos en seis países de Sudamérica (incluido Colombia) revela que el principal vector de la malaria muestra señales de adaptación a los insecticidas. Los hallazgos sugieren que esta resistencia podría estar impulsada, en parte, por el uso de químicos en la agricultura, lo que plantea desafíos para el control de la enfermedad en la región.

Redacción Salud

28 de marzo de 2026 - 11:07 a. m.
Una experta nos explica de qué se trata esta enfermedad y cómo prevenirla.
Foto: Getty Images
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La malaria sigue siendo un problema muy importante de salud pública en Colombia y Sudamérica, y gran parte de su transmisión depende de un mosquito: Anopheles darlingi. Sin embargo, hasta ahora había poca información genética detallada sobre la especie, lo que ha dificultado responder preguntas muy importante: como por ejemplo, si existen distintos tipos “ocultos” de mosquito (que se comporten diferente) o cómo está evolucionando la resistencia a los insecticidas.

Para ayudar a resolver esto, un grupo de investigadores analizó el genoma de más de mil mosquitos recolectados en seis países (Guayana Francesa, Brasil, Guyana, Perú, Venezuela y Colombia). Esto les permitió ver con mucho detalle cómo están organizadas sus poblaciones y cómo están evolucionando, si lo están haciendo. Sus hallazgos fueron publicados en la prestigiosa revista científica Science.

“La malaria persiste con tenacidad en Sudamérica, y existe el riesgo de que cepas peligrosas del parásito resistentes a los medicamentos evolucionen en América y se propaguen a otros lugares”, afirmó, citado en una nota de prensa, el autor principal, Jacob Tennessen, investigador del Departamento de Inmunología y Enfermedades Infecciosas de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard.

“Nuestro estudio desempeña un papel fundamental al revelar la dinámica evolutiva de un vector principal de la malaria, proporcionando nuevos conocimientos sobre la biología de Anopheles darlingi que podrían ayudar a mejorar los métodos para bloquear la transmisión de la enfermedad", agregó el investigador.

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Uno de los hallazgos más importantes de la investigación es que no se encontraron evidencia de “especies ocultas” dentro de Anopheles darlingi, lo que, dicen, simplifica en parte el panorama: se trata de una sola especie, aunque, eso sí, con bastante variación interna. Aun así, encontraron una fuerte estructura poblacional, es decir, los mosquitos de distintas regiones son genéticamente diferentes entre sí. También identificaron 13 inversiones genéticas grandes (fragmentos del ADN que están “invertidos”), algunas de las cuales parecen estar siendo favorecidas por la evolución. Este tipo de cambios, explican, puede ayudar a los mosquitos a adaptarse a distintos ambientes o presiones, como el uso de insecticidas.

Uno de los resultados más relevantes frente a las intervenciones de control que hoy hacen los países tiene que ver justamente con esa resistencia. En otros mosquitos, suele deberse a cambios en genes específicos donde actúan los insecticidas. Pero en este caso, el estudio sugiere que la resistencia en Anopheles darlingi podría depender más de genes metabólicos, especialmente los del sistema del citocromo P450, que ayudan a descomponer sustancias tóxicas. En otras palabras, el mosquito no solo evita el insecticida: también puede “procesarlo” mejor.

“La resistencia a los insecticidas solo se había documentado esporádicamente en Anopheles darlingi, que no ha sido sometido a campañas intensivas de insecticidas como las de otras partes del mundo", explicó Tennessen. “No esperábamos observar una evolución tan significativa de los genes relacionados con la resistencia, y en tantos países diferentes. La resistencia podría deberse a los insecticidas agrícolas, más que a los utilizados específicamente para el control de vectores”. En palabras más sencillas, los científicos pensaban que este mosquito no iba a desarrollar tanta resistencia, porque no ha estado tan expuesto a campañas intensivas de insecticidas como en otras regiones. Sin embargo, encontraron que sí está evolucionando para resistirlos, y además en varios países al mismo tiempo.

Lo más llamativo, agregan en el estudio, es que esa resistencia podría no venir tanto de los insecticidas usados en salud pública, sino de los que se emplean en la agricultura. Es decir, al estar en contacto constante con químicos en cultivos, los mosquitos podrían estar adaptándose sin que ese fuera el objetivo, lo que termina afectando la eficacia de las estrategias para controlar la malaria.

Según los investigadores, el estudio representa un hito para la biología de los vectores en América y sienta las bases para futuros estudios de otras especies de Anopheles en la región. Si bien los hallazgos del estudio contribuyen a una base de conocimientos que puede orientar las iniciativas de control de la malaria, “se trató de una investigación básica, no de un estudio aplicado”, afirmó el autor principal, Daniel Neafsey, profesor asociado de inmunología y enfermedades infecciosas de la Escuela de Salud Pública TH Chan de Harvard. “Se requiere investigación adicional antes de implementar cualquier cambio en las políticas”.

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