Publicidad

El pez doméstico que puede salvar vidas

La OMS concluyó que la especie lebistes tiene un gran apetito por el mosquito que causa el dengue y puede ayudar a combatir la propagación de la enfermedad.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Redacción Vivir
16 de septiembre de 2013 - 09:35 a. m.
El pez doméstico que puede salvar vidas
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El pez lebistes, también conocido como guppy o millón, especie que usualmente se encuentra en las peceras domésticas, puede ayudar a reducir el dengue, según un estudio financiado por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El experimento se desarrolló en dos distritos de Camboya y Laos entre 2009 y 2011, en los que se introdujo el pez en el 88% y el 76% de los hogares, respectivamente.

Los resultados fueron notables: se produjo una reducción considerable de las larvas del mosquito transmisor del virus del dengue, ya que el pez lebistes (reconocido por tener la cola en forma de abanico) demuestra un gran apetito por el insecto que se desarrolla en el agua estancada.

"Es un modelo de bajo costo, durante todo el año y seguro, además de permitir la participación de toda la comunidad. Es una alternativa al uso de productos químicos y reduce el coste de los tratamientos de emergencia para contener las epidemias", indicó Gerar Servais, experto en salud en el BAD.

Teniendo en cuenta que en la actualidad no hay una vacuna o tratamiento específico para tratar el dengue, virus transmitido por el mosquito Aedes aegypti, que cada año infecta a unos 100 millones de personas y tiene en riesgo a casi la mitad de la población mundial, la alternativa resulta interesante.

Aún más si, según el BAD, la enfermedad supone un gasto considerable de la precaria economía de muchas familias, además de afectar a los presupuestos de los gobiernos, el turismo y otros sectores económicos.
El experimento, exitoso en Asia, también podría beneficiar a una región como América Latina. Por un lado, el pez lebistes, originario de Centroamérica, tiene amplia distribución en Venezuela, Brasil y Colombia. De hecho, la Secretaría de Salud de Soledad, en Atlántico, ya puso a funcionar un proyecto con tres especies silvestres de peces (el centroamericano, la mojarrita y la gambusia) para frenar la proliferación del dengue.

En este municipio, las autoridades llevan los peces, casa por casa, en los barrios donde se han construido albercas, porque no tienen aún la normalización del servicio de agua potable ni de saneamiento básico.
Estos estanques de almacenamiento doméstico de agua son el hábitat primario del mosquito propagador del dengue, el cual se come las larvas del insecto en su fase acuática, y así se controla el surgimiento del principal agente transmisor de la enfermedad.

La técnica logró disminuir el número de casos de dengue en el municipio. Incluso, “hasta la fecha, no hay un solo caso”, precisó Carlos Bula, secretario de Salud.


La alerta del dengue

La Organización Mundial de la Salud señaló recientemente que el dengue es la enfermedad tropical de mayor propagación y supone una amenaza de pandemia. Infecta a 50 millones de personas de más de 125 países. Se estima que hay entre 2.000 y 2.500 millones de personas en riesgo de infectarse por la enfermedad, sobretodo en Asia y en América, aunque Europa y Estados Unidos no se escapan.

Los síntomas aparecen entre 3 y 14 días después de la picadura, y la persona puede experimentar fiebre, dolor en los músculos y en los huesos. Las mujeres embarazadas, los niños y ancianos son particularmente vulnerables.

Iván Darío Vélez, director del Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales, PECET, de la Universidad de Antioquia, explica que enfermedades como el dengue son transmitidas por mosquitos que se reproducen, sobre todo, en épocas de sequía con episodios de lluvia, como ocurre en la actualidad: “al llover se acumula agua, y cuando está caliente, el mosquito nace”.

El director del PECET considera que hay otros factores poco analizados que también podrían explicar la situación. Por un lado, el aumento de migraciones nacionales e internacionales propicia la transmisión entre países y regiones en la que el dengue o la malaria no son comunes. Por ejemplo, según Vélez, Risaralda no es un departamento en el que la malaria sea significativa, pero el número de personas que llegan del Chocó, ponen a la región en riesgo. “Las enfermedades se están transportando y se están creando nuevos focos”, añade.

Otro punto importante es la guerra: “en los países que tienen un conflicto, los programas de prevención de enfermedades se frenan, ya que la situación de orden público impide la entrada de personal médico, vacunas y proyectos de sensibilización”, expresa Vélez.
Asimismo, la premura con que se atiende en los centros hospitalarios evita que se haga un adecuado diagnóstico de estas enfermedades: “lo que está pasando en la consulta regular es que la persona llega con fiebre y dolor de huesos, se le prescribe un simple analgésico y no se busca el dengue como una posibilidad del diagnóstico”, denuncia el doctor.

Por Redacción Vivir

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.