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El precio de pasar por cuidados intensivos

Más de la mitad de los pacientes que sobreviven gracias a los tratamientos en las Unidades de Cuidados Intensivos sufren luego de depresión, ansiedad y otros trastornos mentales.

Redacción Vivir

23 de enero de 2014 - 02:30 a. m.
Las drogas sedantes y el estrés que generan los cuidados intensivos están asociados a trastornos psicológicos. / 123rf
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Los médicos y las enfermeras que trabajan en las unidades de cuidado intensivo saben que su labor transcurre en una borrosa línea entre la vida y la muerte. En esas habitaciones siempre iluminadas, repletas de monitores de signos vitales, ventiladores mecánicos, reanimadores cardíacos y alarmas, hacen lo posible para que los pacientes que han sufrido infartos o hemorragias masivas o que han sido víctimas de accidentes estrepitosos tengan una segunda oportunidad de seguir con vida.

Pero todo tiene un precio y, de acuerdo con una serie de estudios que desde hace varios años conduce la psicóloga británica Dorothy Wade, de la Universidad College Hospital, el precio del paso por una unidad de cuidado intensivo es una pobre salud mental en los meses siguientes.

En octubre del año pasado, Wade y sus colaboradores publicaron en la revista Critical Care los resultados de un trabajo en el que demostraron que el 55% de los pacientes que sobrevivieron gracias a los cuidados de sus médicos intensivistas, tres meses más tarde sufría algún efecto psicológico.

El trastorno más común entre los pacientes fue la depresión (46%), el segundo lugar lo ocuparon los trastornos de ansiedad (44%) y el tercero que afectó a más víctimas fue el trastorno de estrés postraumático (27%).

En declaraciones dadas al periódico inglés The Guardian, Wade señaló que las entrevistas y evaluaciones realizadas con pacientes le han enseñado que “sufren serias depresiones o tienen recuerdos escalofriantes y pesadillas del tiempo que pasaron en cuidado intensivo. Esto también afectó su calidad de vida y la recuperación de la enfermedad”.

Si bien es cierto que en muchos casos estos trastornos pueden estar directamente relacionados con la enfermedad que aqueja a los pacientes, también se sabe que el exagerado uso de drogas sedantes y el estrés que generan los procedimientos médicos pueden desencadenar traumas psicológicos.

“Si piensas en cosas que se pueden usar para torturar”, comentó a The Guardian el profesor de medicina intensiva Hugh Montgomery, “encontrarás la mayoría en una unidad de cuidado intensivo. Como paciente estás desnudo y expuesto, escuchas alarmas, tus ciclos de sueño son constantemente interrumpidos, te dan drogas que te desorientan y constantemente estás expuesto a sentimientos de amenaza”.

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Cambios en la formación de los médicos que trabajan en estas unidades, así como los ajustes en los equipos tecnológicos, por ejemplo, modificando los sonidos de las alarmas, y nuevos protocolos de atención en los que se limita el uso de sedantes, hacen parte de las medidas que muchos hospitales comienzan a implementar para reducir el impacto sobre la salud mental de los pacientes.

Montgomery advirtió que si bien es importante reorganizar las unidades de cuidado intensivo para reducir el estrés que generan, quizás la mejor estrategia sea implementar mejores programas de seguimiento a los pacientes para detectar quiénes corren el riesgo de desarrollar alguno de estos trastornos.

En su última publicación, Wade y su equipo también recomendaron que se estudien mejor los efectos de las drogas administradas a los pacientes: “El hecho de que diferentes drogas usadas en las UCI se correlacionen con diferentes resultados psicológicos amerita más investigación”.

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Por Redacción Vivir

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