En los hospitales y clínicas hay una problemática que no siempre es visible para todos: la presencia de bacterias y microorganismos que pueden afectar especialmente a los pacientes más vulnerables (aquellos que están internados en Unidades Cuidado Intensivo, por ejemplo). El problema es que algunos de estos microorganismos han desarrollado resistencia a los tratamientos con que los médicos intentan controlarlos, lo que hace mucho más dificil combatir las infecciones.
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Los profesionales e investigadores del sector salud han denominado a esto la resistencia a los antimicrobianos (RAM), que se puede dimensionar con el siguiente dato: según cifras de la Organización Mundial de la Salud, una de cada seis infecciones bacterianas ya no responde a los antibióticos en los hospitales y clínicas a nivel global.
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Esto esta teniendo efecetos tangiles. Según el organismo de salud, para 2019 la resistencia antimicrobiana fue responsable directa de 1,27 millones de muertes en el mundo y estuvo asociada a 4,95 millones más. En Colombia, las estimaciones más recientes del Ministerio de Salud indican que cerca de 4.700 muertes anuales fueron directamente atribuibles a infecciones resistentes para ese mismo año y más de 18.000 estuvieron asociadas a este fenómeno. La OMS ha calificado la resistencia a los antibióticos como una de las mayores amenazas para la salud mundial.
Como explica María Virginia Villegas, una de las pioneras en el estudio de la RAM en Colombia y presidenta del comité de resistencia de la Asociación Panamericana de Infectología, durante los últimos años “Colombia fue uno de los países líderes en resistencia bacteriana. Tenemos demasiadas bacterias resistentes y no hemos podido entender por qué se diseminan de esa forma en los hospitales”, sostiene.
Villegas, junto con decenas de expertos nacionales e internacionales, participó recientemente en el XVII Simposio Internacional de Resistencia Antimicrobiana que se realizó a mediados de marzo en Barranquilla, organizado por el grupo de investigaciones en Resistencia Antimicrobiana y Epidemiología Hospitalaria (RAEH) de la Universidad El Bosque y con el apoyo de diversos actores del sector de la salud y de la industria farmacéutica.
El objetivo de este espacio fue dimensionar la magnitud de la situación, así como compartir experiencias nacionales e internacionales para frenar esta problemática sanitaria que, según datos del Banco Mundial, podría reducir el Producto Interno Bruto (PIB) global hasta en un 3,8 % anual hacia 2050; es decir, en menos de 25 años.
A lo que nos enfrentamos
Uno de los fenómenos que más preocupa en Colombia a los médicos es la presencia de bacterias que producen carbapenemasas. En términos muy simples, se trata de enzimas que inactivan varios antibióticos, incluidos algunos de los más potentes. Los científicos conocen este proceso como hidrólisis: el antibiótico se descompone y deja de funcionar.
Pero no es lo único que está pasando. Villegas también se refiere a Klebsiella pneumoniae, una bacteria que puede vivir de forma natural en el cuerpo humano, pero que en ciertos contextos, especialmente en entornos hospitalarios, puede causar infecciones graves. Lo que más preocupa es su capacidad de adaptarse. La especialista explica que la bacteria puede adquirir y compartir material genético que le permite volverse resistente a múltiples antibióticos y, además, transmitir esa resistencia a otras bacterias. Por eso, Villegas la llama “mamá canguro”, para describir cómo transporta y disemina esa información. En algunos casos, produce enzimas que inactivan varios antibióticos.
Pero, ¿cómo surge la resistencia a los medicamentos? Como explica Christian Pallares, médico y epidemiólogo de la Universidad El Bosque, la resistencia a los antimicrobianos (RAM) es en parte consecuencia de la capacidad que tienen los microorganismos (y en general, los organismos vivos) para adaptarse y sobrevivir. Las bacterias han estado en el planeta más tiempo que nosotros, y no son estúpidas, saben defenderse. Y lo hacen frente a cualquier amenaza que tú les des”.
Según precisa Pallares, que hace parte también del Grupo de investigación en Resistencia Antimicrobiana y Epidemiología Hospitalaria (RAEH) de la U. El Bosque, este proceso puede darse de dos formas. Por un lado, los microorganismos pueden desarrollar mecanismos que les permiten resistir y defenderse de la acción de los antibióticos. Por otro, pueden activar o adquirir genes que ya contienen información para defenderse, lo que les permite sobrevivir al tratamiento.
Pero esa capacidad de adaptación, que es natural, no es la única responsable de la resistencia a los antibióticos. Como explica Pallares, el uso inadecuado de estos medicamentos también influye en el problema. “Cuando se usan antibióticos, especialmente sin una prescripción médica , se eliminan muchas bacterias, pero algunas pueden sobrevivir o pueden surgir otras. Y esas otras, pueden ser más resistentes y más difíciles de tratar”, sostiene Pallares. En palabras más simples, el uso indiscriminado de antibióticos está contribuyendo a que las bacterias se vuelvan más resistentes.
El reto de dosificar
Según cifras oficiales de la OMS, cada año se recetan más de 2,5 millones de dosis anuales de antibióticos en el mundo, lo que muestra lo extendido que está su uso. . Pero no siempre se usan bien. Un ejemplo frecuente es la gripa común: muchas personas toman antibióticos pensando que les ayudarán a recuperarse. Pero la gripa es causada por virus, y los antibióticos solo funcionan contra bacterias. Cuando se usan sin necesidad, lo que ocurre es que las bacterias del cuerpo quedan expuestas al medicamento. Con el tiempo, algunas pueden desarrollar mecanismos para resistirlo. Así, cuando realmente se necesita el antibiótico, puede ser menos efectivo o no funcionar como se espera.
Ante esto, una de las principales apuestas que han surgido desde la academia y en el sector público es buscar un uso responsable de los medicamentos disponibles para evitar un crecimiento de la RAM en contextos clínicos, en particular en hospitales de alto nivel y en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI). Como sostiene Villegas, hay suficientes estudios que demuestran que un buen uso de los antibióticos ha disminuido el incremento de la RAM en el mundo y en Colombia. “En el país tenemos una buena política pública y protocolos que buscan la optimización y racionalización del uso de los antibióticos. Aún queda mucho por hacer, pues no todas las instituciones tienen la capacidad para aplicar y llevar indicadores claros sobre su uso”.
Por otra parte, una de las advertencias que vienen haciendo los investigadores hace años es tratar de evitar que las personas se automediquen para evitar que crezca la resistencia de ciertos microorganismos a los medicamentos que están disponibles.
Pero, ¿es suficiente esta estrategia para frenar esta problemática? A ojos de Pallares, de la Universidad del Bosque, si bien es clave un uso responsable de este tipo de medicamentos, no es suficiente. “Tú puedes usar bien los antibióticos, pero ya la resistencia la tenemos. Y hay algo importante y es que nos estamos quedando atrás en el desarrollo de nuevas moléculas, y el horizonte no es muy prometedor, pues para que un antibiótico pueda salir al mercado deben pasar entre 10 y 15 años yéndole muy bien, porque tiene que pasar diferentes pruebas”, precisa. Se refiere a que, mientras algunos antibióticos actuales van perdiendo efectividad frente a ciertas bacterias, el desarrollo de nuevos tratamientos avanza a un ritmo mucho más lento.
La problemática, además, va más allá del contexto humano. Así lo sostiene, Natalia Restrepo, candidata a PhD en el Care and Public Health Research Institute (CAPHRI) de la Universidad de Maastricht (Países Bajos), miembro del RAEH y quien ha investigado el uso de antibióticos en la agroindustria en Colombia, quien señala que todo vuelve al concepto de Una Salud (One Health).
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“Esto último consiste en entender que la salud ambiental, la salud animal y la salud humana, todas conectadas. En la agroindustria, el uso de antimicrobianos en las vacas, los cerdos, los pollos, muchas veces innecesariamente y con poco control, puede dificultar la situación. Los humanos consumimos estos alimentos y adquirimos los antibióticos que los animales se comen, lo que aumenta el escenario en el que esa resistencia se puede producir”, explica Restrepo.
Una oportunidad para cambiar los hospitales
Una de las investigadoras que más ha estudiado cómo diseñar un modelo exitoso para evitar el crecimiento de la RAM en los hospitales es Debbie Goff, doctora en Farmacia especializada en Enfermedades Infecciosas en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos) durante más de 25 años y defensora global de la gestión del uso de antimicrobianos.
La investigadora indica que este desafío está reconfigurando la forma en la que estamos pensando el contexto médico. “Hay que trabajar en equipo, porque una de las cosas que encuentras en una clínica es que cada uno trabaja por su lado”, asegura, en conversación con este diario. Se necesitan iniciativas coordinadas y multidisciplinares en entornos sanitarios, diseñadas para optimizar la prescripción de antibióticos, mejorar los resultados de los pacientes y combatir la resistencia a los antimicrobianos”, sostiene.
En particular, la investigadora aboga por un mayor rol de los regentes de farmacia, “que no debería limitarse a recetar, sino a discutir la validez de cada tratamiento”.
Goff explica que siempre es mucho más efectivo prevenir, que tratar directamente una enfermedad. Por lo que estrategias de vacunación, que le enseña a nuestros cuerpo a defenderse de infecciones, y la educación sobre la salud son procesos claves, en particular, para países como “Colombia que no tienen siempre disponibles todos los antibióticos de última generación”.
En esto coincide Villegas, de la U. del Bosque, “es clave que todo el personal médico esté informado sobre esta problemática, y que se haga el esfuerzo de acoplar sus guías de antibióticos a la realidad de cada institución”, asevera. “Las UCI concentran pacientes vulnerables y un uso intensivo de antibióticos. Si no fortalecemos los programas de prevención y control de infecciones, la transmisión de bacterias resistentes puede escalar rápidamente”.
En el país, una de las principales herramientas que tienen las instituciones es realizar procesos de desinfección. Y por su parte, cada institución tiene la responsabilidad de enviar muestras periódicas al Instituto Nacional de Salud (INS) para tener datos sobre las infecciones que más están afectando a los hospitales y clínicas en Colombia. E, incluso, como mencionaron varios conferencistas, se reduce a buenas prácticas de higiene por parte del personal médico, que en ocasiones no se lava las manos de manera adecuada.
Desde el Grupo de Investigaciones en Resistencia Antimicrobiana y Epidemiología Hospitalaria (RAEH) de la Universidad El Bosque, se viene implementando un programa para asesorar a seis hospitales públicos en Colombia, y en la que se generan guías de mejora.
“Lo que hacemos es mirar tanto en hospitalización, urgencias y unidad de cuidado intensivo, ¿cuáles son los microorganismos más frecuentes de los que los pacientes, las pacientes infectan? ¿De qué infecciones, qué tipo de infecciones? Y luego lo que revisamos es cómo están funcionando los antibióticos frente a esas infecciones. Entonces, a cada hospital se le da como un informe personalizado individual para el servicio”, indica Restrepo, del RAEH.
Uno de los llamados de los investigadores es a cerrar la brecha que existe en América Latina y en Colombia para la investigación de esta problemática que sigue costando vidas, y que, aseguran, es prevenible con estrategias conjuntas.
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