21 Jan 2021 - 1:34 a. m.

El reto de proteger el medioambiente de los plásticos de un sólo uso que generó la pandemia

A nivel mundial, se estima que se usaron 129 mil millones de tapabocas y 65 mil millones de guantes cada mes desde que inició la pandemia de COVID-19.¿Cómo podemos controlar los desechos innecesarios y mitigar las consecuencias ambientales de la pandemia? Un artículo publicado en The British Medical Journal propone algunas ideas.

Aunque las medidas para controlar el COVID-19 se han asociado con algunos efectos ambientales positivos, como la disminución de las emisiones de carbono, también ha agravado la contaminación plástica por varias razones, una de ellas el uso masivo de equipos de protección personal (EPP). La mayoría, artículos plásticos de un solo uso como tapabocas quirúrgicos, guantes y batas no reutilizables.

Según un artículo publicado en The British Medical Journal, sólo en Inglaterra, 2,3 mil millones de artículos de un solo uso se distribuyeron a los servicios sanitarios y sociales entre febrero y julio de 2020, la misma cantidad distribuida en todo el 2019.

Además, a nivel mundial, 129 mil millones de tapabocas y 65 mil millones de guantes se estima que fueron utilizados cada mes desde que inició la pandemia. Según la revista médica, el uso masivo de tapabocas desechables hizo que el mercado de ese producto creciera de 800 millones de dólares en 2019 a 166 mil millones de dólares en 2020.

Los tapabocas, los guantes y las batas quirúrgicas se fabrican comúnmente con plásticos que se descomponen lentamente, como polipropileno, poliuretano, polietileno y tereftalato de polietileno; todos materiales que podrían demorarse unos 450 años en descomponerse por completo.

Si este patrón de consumo y eliminación de EPP sigue, alrededor del 75% de los residuos de plástico relacionado con Covid-19 va a terminar en vertederos u océanos. Además, según el medio británico, está surgiendo evidencia de eliminación inadecuada de EPP, con máscaras de plástico y guantes que se encuentran en playas, fondos marinos y entornos urbanos a nivel mundial.

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¿Cómo mejorar la gestión?

Los elementos de plástico de un sólo uso abrumaron los sistemas de gestión de residuos durante la primera ola de la pandemia. En muchos lugares del mundo se superó la capacidad de incineración local (la forma más común de eliminación de desechos clínicos) lo que aumentó el uso de vertederos y contribuyó potencialmente a la eliminación inadecuada de estos elementos.

En Wuhan, China, los desechos clínicos se cuadriplicaron durante el brote de COVID-19 y se instalaron incineradores móviles para satisfacer la demanda; mientras que en Reino Unido, los incineradores de desechos municipales recibieron permiso para procesar desechos médicos. Aunque los incineradores tienen consecuencias ambientales adversas, incluidas las emisiones de gases de efecto invernadero y la liberación de compuestos peligrosos como las dioxinas, su daño general es menor que el de los vertederos si se utilizan los controles y tecnologías de contaminación adecuados.

Otro desafío para la gestión de desechos, es que los EPP contaminados pueden transmitir enfermedades. Este riesgo potencial, combinado con la composición de algunos de estos artículos, hace que el reciclaje de residuos sea todavía más complejo.

Estos elementos son de uso vital para prevenir infecciones y controlar enfermedades en entornos de atención médica; pero, aunque se espera que las vacunas reduzcan la propagación del COVID-19, el despliegue en la población mundial enfrenta múltiples desafíos logísticos y es probable que sea lento, por lo tanto el uso masivo de EPP persistirá.

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Según BTJ “Las estrategias para reducir la exposición innecesaria a patógenos potenciales, como el distanciamiento físico y el aislamiento de la fuente, deben ser la primera línea de defensa, antes de que se necesite el EPP, para reducir el riesgo de infección en los entornos de atención médica y entre el público. El uso racional y basado en evidencia del EPP ayudará a reducir el riesgo de escasez y controlará el desperdicio innecesario”.

Además de los desechos relacionados con el Equipo de Protección Personal (EPP), la pandemia ha aumentado el consumo de plástico de un solo uso de manera más amplia. Esto por lo que probablemente será un cambio permanente hacia industrias que requieren más plásticos de un solo uso (por ejemplo, comercio electrónico y proveedores de comida para llevar) y una percepción pública de que los plásticos de un solo uso son más higiénicos.

Los autores del artículo finalizan con un mensaje contundente para lograr mitigar los daños de los plásticos de un sólo uso a partir de ahora: “En este momento es aún más importante que los gobiernos y las organizaciones no gubernamentales diseñen e implementen políticas para reducir el uso de plásticos; desarrollar materiales alternativos; promover una economía circular del plástico en la que los productos plásticos se reciclan, refinan o reutilizan al final de su ciclo de vida; y educar al público. Juntos, estos cambios ayudarían a reducir la grave amenaza ambiental causada por la contaminación plástica. La pandemia de covid-19 ha exacerbado en gran medida la amenaza ambiental global de la contaminación plástica. Si bien la gestión de la crisis de salud pública es la prioridad, los gobiernos y los sistemas de salud deben implementar simultáneamente estrategias para mitigar las consecuencias ambientales de la pandemia”.

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