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En la próxima elección presidencial habrá millones de colombianos afectados por el resultado… que no podrán votar. Son las niñas, niños y adolescentes del país.
Las decisiones del próximo gobierno marcarán su vida mucho más que la de quienes están haciendo campaña o acudirán a las urnas. Sin embargo, nunca aparecen en el centro de la conversación electoral.
Por eso vale la pena plantearles a los candidatos una pregunta: ¿qué tendrían que decirle al país que aún no vota?
(Lea Se venció la resolución de la intervención de Nueva EPS y no hay claridad sobre qué pasará)
Lo primero sería comprometerse a priorizar a la infancia y la adolescencia en las decisiones públicas, con criterios para valorar el impacto de las políticas en personas gestantes, lactantes, la primera infancia, quienes están en edad escolar y los adolescentes. ¿Van a escucharlos o serán, como siempre, observadores ajenos?
También tendrían que explicar cómo van a proteger su salud. Colombia encabeza el desarrollo de enfermedades cardiovasculares atribuibles a las bebidas azucaradas y es segundo en diabetes tipo 2 (Nature Medicine, 2024). Una agenda seria fortalecería el etiquetado y los impuestos a las bebidas azucaradas y ultraprocesados, y limitaría su publicidad y presencia en los entornos escolares.
Otro frente es el alcohol. Se ha repetido que solo el exceso es nocivo, pero la evidencia muestra su relación con siete tipos de cáncer y otras enfermedades no transmisibles. Por ello la Corte Constitucional exhortó en 2025 al Ministerio de Salud y al Congreso a actualizar la Política Nacional de Alcohol.
A esto se suma el avance de los cigarrillos electrónicos y otros productos de nicotina, que durante la pandemia se metieron por la puerta de atrás. Para 2022, según el Ministerio de Salud, ya habían captado a uno de cada cinco escolares. Pese a que contamos con una buena ley, urge reforzar su implementación y gravarlos.
La salud mental es otro factor. Se necesitan medidas de prevención frente a la violencia digital y regular redes sociales, videojuegos y servicios de inteligencia artificial, para proteger a los menores. También garantizar el uso seguro de sus datos personales. Y apoyar a cuidadores en familias y centros educativos.
Otro reto es la seguridad vial, que se ensaña con víctimas masculinas entre 15 y 28 años. Se requieren sistemas seguros para los más vulnerables.
¿Va a apostar el nuevo gobierno por la educación y el aprendizaje? En las aulas y en el recreo se construye un futuro con oportunidades, y los menores de 18 años se alejan de la guerra, la delincuencia y la violencia.
Por último, es necesario enfocarnos en la primera infancia, la inversión social más efectiva. La CEPAL y ONU Mujeres recomiendan comprometer el 1,16 % del PIB. Hoy esas atenciones —incluido el acceso a educación inicial— no llegan ni siquiera a la mitad de esta población, pese a que han bajado los nacimientos.
Votemos por los niños. Por quienes no votan. Porque las decisiones que tomemos en las urnas definirán el país en el que crecerán.
*Directora ejecutiva de Red PaPaz.
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