5 Nov 2020 - 2:53 p. m.

Epidemiólogos respaldan eliminar pruebas PCR para viajeros, a pesar de las críticas de Claudia López

La alcaldesa de Bogotá criticó la medida tomada por el MinSalud. Varios expertos en epidemiología no están de acuerdo con ella. Estos son los argumentos.
Pablo Correa

Pablo Correa

Editor Vivir

Ayer el Ministerio de Salud tomó la decisión de eliminar el requisito de presentar pruebas PCR a los viajeros internacionales que lleguen a Colombia. A los pocos minutos la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, manifestó a través de Twitter su desacuerdo con la nueva medida: “Esto es un error y un riesgo innecesario! No se reactiva el transporte aéreo ni el turismo trayendo indiscriminadamente pasajeros sintomáticos y contagiados. Echa a perder esfuerzos que deben mantenerse y sostenerse en el cuidado y manejo de la pandemia en Bogotá y Colombia”.

Para López, Bogotá atraviesa un momento difícil de la pandemia. En noviembre la temporada de lluvias podría incrementar el riesgo de enfermedades respiratorias agudas y provocar un rebrote de Covid-19. Con 327.660 casos confirmados hasta el momento, Bogotá ha resultado uno de los lugares más golpeados por el nuevo coronavirus en Colombia. Y aunque el número de casos se ha estabilizado en las últimas semanas, el riesgo de un incremento sigue latente. De ahí el temor de la alcaldesa a que la llegada de extranjeros infectados pueda empeorar el frágil equilibrio actual del comportamiento de la epidemia en la ciudad.

Sin embargo, las opiniones de varios expertos en epidemiología y salud pública van en contravía de las críticas que lanzó López. El médico y director de epidemiología del Ministerio de Salud, Julián Fernández Niño, aclaró que la medida se tomó siguiendo la recomendación de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), “basada en criterios científicos, logísticos y humanitarios”. Y explicó que se hará seguimiento estricto a viajeros en el marco de PRASS, el programa de pruebas, rastreo y aislamiento con el que se busca cortar cadenas de transmisión del virus.

En uno de sus boletines, la OPS señalaba que “en la coyuntura actual de la pandemia, no se recomienda realizar o requerir las pruebas para la Covid-19 a las personas que planifiquen o realicen viaje internacional como una herramienta para mitigar el riesgo de propagación internacional. Esta recomendación se hace en vista de la eficacia de la tecnología actualmente disponible para las pruebas y de los desafíos biológicos y epidemiológicos, así como de las limitaciones jurídicas, operativas y en relación con los recursos”. El costo de las pruebas PCR en los distintos países varía entre los US $60 a US $400.

Andrés Vecino, profesor de la Escuela de Salud Pública de la U. de Johns Hopkins, también se pronunció al respecto: “Sabemos que por el aeropuerto entró el coronavirus y eso hace intuitivo que mantenerlo cerrado o realizar pruebas a quienes entran es la forma ideal de controlar la infección por COVID-19. Sin embargo, las decisiones se deben actualizar a medida que las circunstancias cambian”.

Explicó que en la medida en que la transmisión es comunitaria, el tránsito internacional representa un riesgo relativo menor comparado con la transmisión doméstica y las acciones de prevención deben tornarse hacia fortalecer la vigilancia epidemiológica. Obviamente, en las circunstancias actuales, viajar no es una actividad libre de riesgo; de ahí la importancia de hacerlo manteniendo el uso constante de máscara, llevar alcohol glicerinado para desinfectar las manos, no viajar si hay síntomas similares a la gripa y reconsiderar viajar si se tienen factores de alto riesgo.

Isabel Rodríguez, epidemióloga colombiana de la U. de California, San Francisco, también respaldó la decisión. Desde su cuenta de Twitter comentó que “la decisión de retirar el requisito de PCR previo a vuelos internacionales a Colombia es acertada. Reducir la importación del virus es importante al principio de una epidemia o si se logra supresión, pero no cuando hay niveles altos de transmisión comunitaria (como en Colombia)”.

Pero los argumentos en juego no sólo se relacionan con la transmisión del virus. Rodríguez planteó que “con los problemas de acceso a pruebas y la demora en entrega de resultados, es una medida impráctica que termina volviéndose una gran barrera para viajar”.

El infectólogo Carlos Álvarez se sumó a esta misma opinión: “En el momento actual de la epidemia en Colombia, da lo mismo venir de Madrid, Cundinamarca que de Madrid, España. Lo clave es que las personas que viajen cumplan las medidas de bioseguridad, no viajen enfermos y si presentan síntomas se aíslen e informen”.

El pasado 16 de septiembre un grupo de investigadores encabezados por Jacob Burns, del Instituto para Procesamiento de Información Médica en Munich, Alemania, revisó las conclusiones de 36 estudios relacionados con medidas para el control de viajeros en medio de la pandemia de SARS-CoV-2, que además cubrían una variedad de entornos y etapas epidémicas.

Para los autores, como conclusión final, “hay una falta de evidencia en escenarios reales para muchas de estas medidas... En general, las restricciones de viaje pueden limitar la propagación de enfermedades a través de las fronteras nacionales. Es poco probable que las medidas de detección de síntomas de entrada y salida, por sí solas, sean efectivas para detectar una proporción significativa de casos para prevenir la siembra de nuevos casos dentro de la región protegida; combinado con la cuarentena, la observación y las pruebas de PCR posteriores, es probable que la eficacia mejore. No hubo pruebas suficientes para establecer conclusiones firmes sobre la efectividad de la cuarentena relacionada con los viajes por sí sola. Algunos de los estudios incluidos sugieren que es probable que los efectos dependan de factores como la etapa de la epidemia, la interconexión de los países, las medidas locales tomadas para contener la transmisión comunitaria y el grado de implementación y cumplimiento”.

Hay otros argumentos para considerar en este debate. Y uno de los más importantes es que exigir pruebas de PCR en realidad crea una falsa sensación de seguridad. Actualmente ninguna prueba tiene la capacidad de indicar con absoluta certeza si al abordar un avión un viajero está infectado. Los resultados de las pruebas PCR no se obtienen inmediatamente. Así que los viajeros deben hacerse la prueba al menos en un lapso de 96 horas antes de vuelos comerciales. Aparecen entonces dos problemas. Que el pasajero esté ya infectado pero todavía el virus no se haya replicado lo suficiente en su cuerpo para ser detectado por la prueba. O, simplemente, que luego de hacerse la prueba y mientras pasan las horas para abordar su vuelo, termine infectado.

Un problema adicional es que es posible obtener un resultado positivo cuando la persona ya presentó COVID-19 y ya no tiene potencial de contagiar a otros. Lo cual convierte la exigencia de la prueba en un obstáculo injusto para viajar a estas personas.

Y están los errores naturales de este tipo de pruebas que no son infalibles. La tasa de falsos negativos de la prueba RT-PCR se ha estimado entre el 20% y el 66%, dependiendo de la fecha de inicio de síntomas y la realización del test.

La lista de problemas continúa: no existe un registro mundial de laboratorios acreditados para realizar la prueba, se han observado antecedentes de falsificación de resultados negativos de pruebas, en los puntos de ingreso autorizados no se tiene capacidad para reconocer la autenticidad del resultado que presenta el viajero y la verificación del cumplimiento de este requisito llevaría a aglomeraciones indeseados en los espacios de ingreso.

En este debate la Asociación Colombiana de Salud Pública criticó la medida de MinSalud: “¿Es factible garantizar que a través de la estrategia PRASS - Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible - se haga seguimiento efectivo a todos los pasajeros que ingresen a Colombia?”. A esta pregunta añaden el argumento que en varios países se sigue exigiendo la prueba.

Como ha ocurrido en muchos de los debates científicos que ha desatado esta pandemia, desde el uso de tapabocas en lugares públicos hasta la eficacia de algunos tratamientos, vale la pena recordar que se trata de discusiones que deben ir ajustándo según aparezcan mejores argumentos y pruebas o en la medida en que se modifiquen las circunstancias actuales.

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