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Es hora de actuar contra las bandas antivacunas

Las vacunas salvan vidas. Engañar a la gente para que no reciba una vacuna, como están haciendo alguno grupos en Colombia, es un acto criminal que pone en riesgo a las personas.

Johnattan García Ruiz*
03 de agosto de 2021 - 07:49 p. m.
Las vacunas aprobadas en Colombia son eficaces contra la variante Delta del coronavirus.
Las vacunas aprobadas en Colombia son eficaces contra la variante Delta del coronavirus.
Foto: AFP - JOAQUIN SARMIENTO

Está bien tener dudas sobre la vacuna contra el COVID-19. Muchos las hemos tenido y desafortunadamente algunos no han querido recibir la vacuna a pesar de poder hacerlo. Cualquier intervención en salud tiene riesgos y tenemos todo el derecho a tomar una decisión libre sobre nuestro cuerpo, incluso durante una pandemia. El verdadero problema no debería ser la decisión, que por supuesto no es deseable, sino las razones equivocadas que hacen que alguien confundido pueda protegerse del COVID-19 y los grupos detrás de las mentiras. (Lea “¿Quiere saber si desarrolló inmunidad con las vacunas? No busque una prueba de anticuerpos)

La inmensa mayoría de argumentos que cultivan el rechazo a la vacunación están soportados en información falsa que sigue un patrón general de conducta anticientífica y que también se evidencia en movimientos que ponen en duda el cambio climático, la evolución o la forma esférica de la tierra. Estos grupos recurren a falsos expertos, atacan a quienes sí conocen del tema, interpretan información de manera conveniente, extrapolan anécdotas o incluso recurren a teorías conspirativas que se refugian en frases como “esta es la verdad que no quieren que sepas”.

La desinformación es peligrosa porque puede alejar a alguien de protegerse de una enfermedad grave o una muerte fácilmente prevenible. Hoy vemos que muchas personas rechazan la vacuna por la marca del fabricante, porque creen que en verdad no sirven de nada, porque tienen miedo de graves efectos adversos, o incluso porque en sus comunidades sociales, políticas o religiosas les dicen que la vacuna hace parte de un plan para implantar un nuevo orden mundial. Las personas confundidas y asustadas, a veces por proteger a otros, comparten el miedo y cultivan la duda en amigos o familiares quienes también terminan rechazando o dejando en pausa su vacunación, quedando vulnerables ante una muy grave enfermedad.

Aunque no son deseables comentarios como el de la tía en WhatsApp que aún no se vacuna hasta que no llegue la marca que ella quiere, el del abuelo que no cree en las vacunas porque se siente bien tomando ivermectina, o el de Gustavo Petro sugiriendo que las vacunas no servían ante la variante delta del virus (quien luego aclaró que eso no era lo que quiso decir), lo que más debería importar para frenar el fenómeno antivacunas es la proliferación y accionar de grupos organizados que tienen como objetivo difundir información falsa para persuadir a las personas de recibir una vacuna contra el COVID-19.

Desde hace varias semanas un pastor de un movimiento religioso de Bogotá, con apoyo de su padre el autodenominado “[ex]concejal de la familia”, lleva utilizando sus redes sociales para compartir información que busca desmotivar a las personas de recibir la vacuna. Más recientemente, el pastor promociona una página web de un grupo de “activistas cristianos pro-vida y pro-familia” que no solo presenta información falsa, sesgada o acomodada sobre las vacunas de COVID-19, sino que promueve tratamientos alternativos de falsos expertos sin credenciales como el dióxido de cloro del farsante Andreas Kalcker o de profesionales cuestionados por emitir conceptos sin evidencia sobre las vacunas de COVID-19 como la Dra. María Eugenia Barrientos de Guatemala.

Este tipo de grupos antivacunas bien podrían compararse con organizaciones criminales, quienes de manera coordinada y concertada buscan afectar el Plan Nacional de Vacunación y convencer a las personas de que las vacunas son inseguras. De hecho, en su página web publicaron una acción popular presentada el 2 de agosto para que se detenga la vacunación en Colombia hasta que el Ministerio de Salud entregue información sobre el “impacto real” en quienes han recibido una vacuna contra el COVID-19. En sus redes sociales afirman que su propósito es “demostrar la nocividad e inconveniencia de las mal llamadas “#vacunas” (en realidad, peligrosos inóculos experimentales)”. No solo están presentes en Twitter, Instagram, Facebook o Flickr, donde pueden ser sujetos a algún tipo de control de su contenido; también están en MeWe, red preferida de conservadores, conspiracionistas y grupos antivacunas, y en BitChute y Gab, redes sociales de extrema derecha y esta última a donde se fue Donald Trump después de ser expulsado de Twitter.

La resistencia a la vacunación no se va a solucionar mágicamente utilizando pasaportes o carnés electrónicos de vacunación. Se necesita, por un lado, una campaña activa, amplia y con suficientes para acabar con los mitos de la vacunación, más allá de una infografía para los poquitos que siguen a las autoridades en redes o de un Facebook Live que nadie ve. Por el otro, atacar a los grupos organizados antivacunas con todas las herramientas legales para evitar la desinformación en masa, en donde intervengan la Policía Nacional, la Fiscalía, las autoridades de salud locales y nacionales, entre otras. No puede ser posible que esta gente pueda difundir información falsa que impacta la salud pública sin ninguna consecuencia.

De nada sirve regañar a la tía o al político por sus salidas en falso, si no se hace nada contra los grupos organizados que hoy movilizan recursos y personas con el único propósito de desinformar a las personas para que no se vacunen. Las vacunas salvan vidas. Nos han evitado enfermedades que en otro siglo probablemente no nos hubiesen dejado pasar de los cinco años. Engañar a la gente para que no reciba una vacuna es un acto criminal que literalmente pone en riesgo la vida de las personas. Los grupos organizados detrás de estas acciones deberían ser tratados como tal.

*Investigador de la Escuela T.H. Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Profesor de Derecho y Salud Global en la Universidad de los Andes y en la Universidad del Rosario. Twitter: @GarciaRuizJo

Por Johnattan García Ruiz*

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Luis(2d6jc)10 de noviembre de 2021 - 04:19 p. m.
yo creo que aquì el criminal podrìa ser usted que no ha investigado, ni sabrà que es investigar, hay personas en ubalà cundinamarca con efectos graves secundarios de hipertensiòn y problemas de los ciclistas de allà, porquè no averigua en vez de ser estatista y violar la libertad de las personas. Ademàs cada cual es libre de vacunarse o no, debe ser minimo un socialista.
Roxana(xc8k3)04 de agosto de 2021 - 11:18 p. m.
Por que son tan infelices??? Por que no hacen un debate en TV de los médicos por la vida y los médicos de la OMS !! Ensayos clínicos son las vacunas! No han sido probadas antes y no se conocen sus efectos adversos a corto ni a largo plazo! Por que no publican a todos los que han sufrido efectos secundarios graves ??! Por que no debaten???por que hacen firmar un documento que libra de responsabilida
Andres(17703)03 de agosto de 2021 - 08:51 p. m.
Lo mas democrático que se podría hacer es que quienes no quieran vacunarse y se enfermen no puedan exigir ingresar a una clínica o UCI y listo, lo que se esta proponiendo desde este pasquín es una dictadura al estilo corea del norte, donde queda la libertad de elegir? pues volvámonos comunistas y listo, todo a la fuerza....muy mal por los patrocinados, de las farmacéuticas, pufff
  • Roxana(xc8k3)04 de agosto de 2021 - 11:20 p. m.
    Lo más democrático es que quien no se quiera vacunar no se vacunen y punto!!! Todos tienen derecho a la salud por que para eso se pagan impuestos!!! Es una violación a los derechos fundamentales y al libre albedrío OBLIGAR a las personas a inocularse una vacuna que NO HA SIDO PROBADA!!!
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