El personal médico de la Clínica Comfamiliar, en Pereira, estaba justo en la hora de cambio de turno cuando ocurrió el terremoto de magnitud 7,4 a las 7:34 a. m. del lunes. “En ese momento teníamos dos equipos al tiempo: los que entregaban turno y los que recibían. Eso nos ayudó mucho a la evacuación”, cuenta Ana María Giraldo, coordinadora de Pediatría del centro asistencial.
“Unos auxiliares de enfermería sacaron pacientes cargándolos en la espalda, los pusieron en el parqueadero, porque adentro hubo muchas cosas que colapsaron”, recuerda Stefany Saldaña, auxiliar de admisión de urgencias en la clínica. Algunas personas salieron por sus propios medios, siguiendo las indicaciones de los profesionales de salud, mientras que los pacientes más graves fueron trasladados en camillas, conectados al oxígeno y equipos de monitoreo.
Después de verificar que todos los pacientes estaban en el punto de encuentro, “intentamos reanudar la atención lo más rápido posible”, dice Giraldo. Cada grupo de profesionales tuvo las listas de pacientes y organizaron el funcionamiento de un hospital de campaña en el parqueadero. “Revisamos a los pacientes. A los que no eran urgentes pudimos darles salida pronto”, añade la coordinadora de Pediatría.
Pero, ante los daños en la infraestructura de la clínica, necesitaban un espacio para los pacientes hospitalizados y para las unidades de cuidados intermedios e intensivos. Eligieron el Colegio La Enseñanza, ubicado junto a la clínica y propiedad de la caja de compensación Comfamiliar.
“En este momento, muchos de los servicios de hospitalización están allá. En 30 horas los teníamos completamente adecuados. Tenemos neonatos, pediatría, ginecoobstetricia, observación de urgencias y observación pediatría”. Además, allí ubicaron las camas de UCI y a los pacientes que requieren mayor cuidado.
Muchos de los servicios de hospitalización están allá [en el colegio]. En 30 horas los teníamos completamente adecuados".
Ana María Giraldo, coordinadora de Pediatría
Mientras se adecuaba el colegio, el servicio de urgencias continuó funcionando para atender a las víctimas que empezaron a llegar a la clínica poco después del terremoto. La operación, a pesar de ser en medio de un parqueadero, es la usual: “Hacemos una valoración de triaje y, dependiendo de la necesidad, los médicos valoran al paciente y lo remiten a las especialidades necesarias”, relata Ana Margarita Ordóñez, jefa de enfermería del servicio de urgencias. La prioridad está en la atención de pacientes críticos, que requieran hospitalización o cuidados especializados.
Aunque tratan de hacerlo, no pueden atender o mantener en la clínica a todos los pacientes. “Hay algunos centros hospitalarios de la ciudad que fueron menos afectados por el sismo y nos han recibido algunos pacientes muy urgentes”, indica Giraldo. Además, han trasladado pacientes a centros de atención en Medellín y Armenia. “No nos han puesto trabas”, agrega la coordinadora de Pediatría sobre lo que describe como una red de solidaridad entre las IPS de la región. “El problema, a veces, es la disponibilidad de las ambulancias”.
En Pereira se adelantan labores de búsqueda y rescate, principalmente concentradas en el centro de la ciudad, en las que han logrado encontrar a 243 personas con vida, informa la Alcaldía. Hay ambulancias listas para la atención en varios de los puntos donde se remueven escombros en busca de sobrevivientes. Además, las que se trasladan hacia Armenia u otras ciudades pueden tardar en regresar, pues el cruce del Alto de La Línea presenta restricciones en el paso, debido a las afectaciones que el sismo provocó en la vía.
A pesar de esto, comenta Giraldo, han “tratado de evacuar a los pacientes más graves. Aunque aquí tenemos una unidad de cuidado intensivo habilitada, hay pacientes que requieren cosas que en este momento nosotros no tenemos. La solidaridad de Medellín, Armenia y Manizales ha sido inmensa. Nos sentimos muy acompañados por todos”.
Una de las salas de cirugía de la clínica sigue funcionando en uno de los edificios afectados por el temblor. Alrededor, hay personas retirando equipos en medio de los escombros y, durante la tarde del miércoles, la dirección de la IPS recibió una visita de ingenieros estructurales para evaluar el estado del edificio. “Se está evaluando la posibilidad de empezar a activar algunos de los pisos de la Clínica Comfamiliar, con todos los requerimientos de seguridad”, asegura Giraldo. Sin embargo, tienen dudas sobre los daños que pueda tener la estructura y temen que el edificio deba ser demolido.
Mientras tanto, en el Colegio La Enseñanza se están recibiendo también donaciones para continuar con la atención de los pacientes sin contratiempos. “Necesitamos gasas, jeringas, soluciones salinas, dextrosas, medicamentos básicos y analgésicos con vitales”, explica Ordóñez, jefa de enfermería de urgencias.
A diario, las redes sociales de la clínica, así como otros centros asistenciales afectados por la emergencia, están indicando qué donaciones requieren para cada jornada, “para evitar que lleguen cosas que no se necesiten”, apunta Giraldo.
También, añade Ordóñez, se requiere apoyo de la ciudadanía “para que sepan utilizar los servicios de urgencias, porque en estos momentos la capacidad es muy reducida, pero seguimos trabajando”. Esto incluye acudir solo ante verdaderas urgencias médicas y evitar saturar los centros asistenciales.
El personal médico de la Clínica Comfamiliar sigue atendiendo en su sala de urgencias improvisada desde el parqueadero de sus instalaciones. Las historias clínicas que antes se diligenciaban en computador y las listas de pacientes atendidos se están haciendo a mano, en hojas que se trasladan al Colegio La Enseñanza para la hospitalización de los pacientes.
“Por ahora, nosotros estamos bien”, agrega Giraldo. “Como les digo a mis médicos, cada día tiene su afán. En la ciudad hay edificios colapsados y todavía necesitan atención. Yo creo que esa es la parte más importante”.
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