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Habitantes de Malambo con plomo en la sangre

Cinco fundidoras de ese metal fueron cerradas por el Gobierno al atribuirles la contaminación del agua que consumen al menos 250 habitantes de Atlántico.

Angélica María Cuevas Guarnizo

16 de julio de 2014 - 11:57 p. m.
En el estudio participaron 147 habitantes de Malambo.
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El alcalde de Malambo (Atlántico), Víctor Escorcia, lo confirmó esta semana: “El cierre de las cinco fundidoras de plomo (que operaban en su municipio) no tiene reversa. Se tendrán que ir a otro lado. No van a seguir afectando la salud de nuestros pobladores”.

Escorcia se refiere a las compañías Metales Recuperados del Caribe, Reciclal, Acumuladores del Caribe S.A.S. (antes Recuperadora Hermanos Herto), la Fundidora J & G y la empresa Recuperaciones del Caribe, a las cuales obligó en mayo pasado a cerrar sus operaciones definitivamente. “Ellos han presentado sus recursos, diciendo que los dejen modernizar las empresas para no liberar tanto plomo al ambiente, pero a nosotros nos interesa que se alejen de Malambo. Tenemos el apoyo de todas las autoridades nacionales”.

El alcalde Escorcia decidió enfrentar a las compañías al conocer los resultados de un estudio realizado en 2013 por el Instituto Nacional de Salud (INS), la Secretaría de Salud del Atlántico y el Instituto de Genética de la Universidad Nacional (sede Bogotá), en el cual se identificó que habitantes de tres veredas de Malambo, a 13 kilómetros de Barranquilla, presentaban altos niveles de plomo en la sangre superando cualquier límite aceptable.

Peligrosos antecedentes

La historia del cierre de las fundidoras comenzó a finales de 2012, cuando diez personas llegaron al centro médico de Malambo con desgano y otros síntomas muy similares a los que provoca el dengue. Venían de casas sin acueducto, donde aprovechan cada aguacero para recoger el agua lluvia con la que luego cocinan, lavan la ropa, riegan lo que cultivan y se bañan.

Sus testimonios, sumados al voz a voz de que el agua que se tomaba de uno de los pozos de Malambo era de mala calidad, motivaron a que la Secretaria de Salud del Atlántico se desplazara hasta sus casas y recolectara muestras sangre y agua. Fue la primera vez que se identificaron altas concentraciones de plomo, lo que motivó al Gobierno a realizar una investigación más amplia 2013, junto al Instituto Nacional de Salud y a la Universidad Nacional.

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¿Cómo intoxica el plomo?

“El plomo no te va a matar de un día para otro. El cuerpo se va intoxicando poco a poco con el metal que absorbe del agua o del ambiente y con los años la salud comienza deteriorarse”, explica la profesora Marta Lucía Bueno, coordinadora del laboratorio de citogenética de la Universidad Nacional, quien acompañó a la magíster en toxicología Ángela Vergara en el estudio más reciente de los casos de Malambo.

En los niños, dice Vergara, la acumulación del plomo (que se distribuye mediante la sangre a todo el organismo y se concentra especialmente en los huesos) puede hacer que se pierda la capacidad de concentrarse o de hacer cálculos simples, como saber cuánto tienen que saltar para no caer en un charco de agua. El metal afecta el sistema nervioso, deteriora las neuronas, retrasa el crecimiento. En casos más avanzados, y generalmente en los adultos, se pueden presentar graves daños a los riñones y afecciones en el sistema reproductor masculino y femenino.

El año pasado, al examinar a 147 personas de las veredas La Bonga, Montecristo y El Tamarindo, los científicos encontraron que todos los niños menores de cinco años y las mujeres en embarazo que hacían parte de la muestra (considerados la población más vulnerable a los efectos tóxicos del metal) presentaban niveles de plomo en la sangre que triplicaban o incluso cuadruplicaban el límite permitido (5 microgramos/decilitro) por entidades internacionales como el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los EE. UU. (CDC).

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“Este metal es bioacumulativo y después de que ingresa al cuerpo es muy difícil eliminarlo. Encontramos que todas las personas tenían daños evidentes en el ADN, pero sabemos que viven en una zona que recibe diferentes tipos de residuos industriales y es difícil determinar que la única causa de este daño sea la exposición al metal”, explica Vergara.

Los científicos tomaron muestras del agua de algunos pozos de los que se abastecen los pobladores para identificar si había altas concentraciones de plomo, pero encontraron que no excedían los niveles permisibles para estas fuentes según la legislación Colombiana (0,01 microgramos /decilitro). Sin embargo, al recoger muestras de agua lluvia la realidad fue otra.

El líquido que recogen para abastecer sus necesidades básicas sí presentó niveles del metal por encima de este valor, lo que llevó a los investigadores a concluir que existía una fuente cercana que estaba expulsando el metal al aire. “El plomo es un metal pesado, al encontrase en aire tiende a decantarse sobre los objetos, seres vivos y la naturaleza en general. Después de eventos de lluvia, el agua puede arrastrarlo, razón por la que se podría explicar la presencia de altas concentraciones de plomo en el agua recolectada. La única manera de controlar estas afectaciones es que se modernicen los procesos donde se ve involucrado el metal para que no se libere al ambiente”, dice la investigadora Marta Bueno.

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Aunque el estudio no relacionó las operaciones de las cinco fundidoras de plomo de Malambo con las afectaciones, pues sólo se concentró en determinar la presencia del metal en la sangre y el agua, para el gobierno local y la Corporación Regional Autónoma del Atlántico (CRA) fue evidente que las compañías eran la principal fuente de contaminación, lo que motivó la orden que detuvo sus operaciones.

“El reporte que tenemos hasta este momento es que hay dos empresas que tienen orden de desmantelamiento, hay una empresa a la que le fue cancelada su licencia de funcionamiento y dos empresas más que están cerradas preventivamente porque están esperando la formulación de cargos”, explicó Alberto Escolar, director de la autoridad ambiental. “En el Atlántico no hay empresas autorizadas para reciclar plomo proveniente, por ejemplo, de baterías de vehículos, así que de ahora en adelante invitamos a denunciar cualquier situación clandestina que se esté presentando en el tema de fundición”, dijo el funcionario.

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acuevas@elespectador.com

@angelicamcuevas

Por Angélica María Cuevas Guarnizo

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