28 Dec 2020 - 5:56 p. m.

Inseguridad alimentaria: otra cara de la pandemia golpea a la región

Cinco organismos internacionales elaboraron un informe regional sobre seguridad alimentaria y nutricional y encontraron que uno de cada tres habitantes de la región no tiene acceso a alimentos nutritivos y suficientes. En Latinoamérica, debido a la pandemia, podría triplicarse la cantidad de personas con hambre extrema.

Claudia Mazzeo y Daniela Hirschfeld - Scidev.net

Desde 2014 a 2019 la población con hambre de América Latina aumentó 13,2 millones, alcanzando 47,7 millones de personas (7,4% de la población), y se prevé que con la pandemia estas cifras empeoren. De hecho, en los próximos meses, debido a la pandemia, 16 millones de personas en El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua y Venezuela podrían sufrir inseguridad alimentaria aguda —la forma más extrema de hambre—, una cifra que es tres veces más la afectada antes de COVID19. (Lea: La ruralidad en Colombia y la seguridad alimentaria en el marco de la pandemia)

Estas son algunas de las estimaciones del informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2020”. La publicación es un trabajo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO); el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA); la Organización Panamericana de la Salud (OPS); el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP).

Este estudio además prevé que la pobreza extrema crecería entre 4 y 6 puntos porcentuales en Brasil, Colombia, Ecuador, El Salvador, México y Nicaragua, y entre 2 y 3,9 puntos en Bolivia, Chile, Guatemala, Honduras, Panamá y Perú. Entre 2014 y 2019, la inseguridad alimentaria moderada o grave —esto es, la incertidumbre por consumir alimentos debido a la falta de dinero o una dieta monótona o que saltea comidas— creció 16,6 puntos en Argentina, duplicando la población total afectada. En México, en tanto, afectó a más de 10 millones de personas más que antes.

A nivel subregional, Sudamérica concentra la mayor parte de la población subalimentada del continente, con 24 millones de personas con hambre en 2019. Mesoamérica contabiliza 16,6 millones y en el Caribe, 7,2 millones, según el informe. “Si se materializan las proyecciones actuales podríamos retroceder a números de 1990. Treinta años perdidos en la lucha contra el hambre en América Latina y el Caribe; es una tragedia de una magnitud insondable”, dijo Julio Berdegué, representante para América Latina y el Caribe de FAO, al presentar el informe.

Según el documento, en 2019 casi un tercio de la población —191 millones de personas— sufrió inseguridad alimentaria moderada o grave. De ellas, 57,7 millones sufrieron inseguridad alimentaria grave. “Las cifras de Naciones Unidas sobre aumento de personas en la extrema pobreza por la COVID19, casi 29 millones adicionales en la región, implican un incremento de 42 por ciento en pocos meses en este indicador. Nunca habíamos tenido un golpe de esta magnitud”, afirmó Berdegué, al presentar el informe en conferencia de prensa por Zoom. (Puede leer: Nuestra dieta debe cambiar drásticamente en favor de la biodiversidad)

Asimismo, en cuanto a la calidad de la alimentación —que guarda relación con el exceso de peso—, el informe indica que el sobrepeso y obesidad aumentaron en todos los grupos etarios de la región, pero es especialmente preocupantes en niños y niñas. Según el Panorama, el sobrepeso en menores de cinco años afectó en 2019 al 7,5 por ciento de la población infantil de la región, por encima del promedio mundial, de 5,6 por ciento.

“Se necesitan políticas diferenciadas para atender todas las formas de malnutrición en los territorios rezagados”, dijo a SciDev.Net por mail Ricardo Rapallo, uno de los coordinadores del informe y representante de FAO en Guatemala. Adicionalmente, la prevalencia de la inseguridad alimentaria moderada o grave fue de 32,4% en mujeres y 25,7% en hombres, con casi 20 millones más en mujeres que hombres. También creció la vulnerabilidad en indígenas, afrodescendientes y migrantes.

“La pandemia tuvo un efecto regresivo en la igualdad de género, no solo por la alta dependencia de empleos informales de las mujeres —que supuso pérdida de ingresos— sino también por el incremento en la carga de trabajo como cuidadora”, dijo Rossana Polastri, directora para América Latina y el Caribe del FIDA. (Puede leer: Huertas urbanas, alternativa para cosechar en medio de la ciudad)

Miguel Barreto, director para América Latina y el Caribe del Programa Mundial de Alimentos, señaló que “si no colocamos el tema nutricional en la agenda pública como un baluarte importante, vamos a tener en la región mayor inseguridad pública, desorden social, criminalidad y migración”. Javier Souza Casadinho, de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires que no participó en el estudio, dijo a SciDev.Net que ya antes de la pandemia había una crisis en seguridad alimentaria en toda América Latina, y ahora observa “en la gente preocupación por el acceso y la continuidad en el acceso a los alimentos, muy ligado a la continuidad del empleo y la ayuda monetaria”.

Para la pospandemia, destacó “que timidamente irán apareciendo nuevas experiencias individuales, comunitarias, de autoproducción de alimentos, como ferias, pero no alcanza para la línea de pobreza”.

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