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La magia que sostiene un hospital también tiene cara de mujer

Clara Fernanda García, directora de Talento Humano de LaCardio, reflexiona sobre el liderazgo silencioso que sostiene a los hospitales: el trabajo cotidiano de cientos de personas —y en su gran mayoría mujeres— que hacen posible el cuidado.

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Clara Fernanda García
08 de marzo de 2026 - 01:00 p. m.
Imagen de referencia. En un hospital, la magia no existe en abstracto ni aparece en discursos institucionales. Se construye en medio de decisiones complejas, en conversaciones difíciles y en turnos que se extienden más allá de lo previsto.
Imagen de referencia. En un hospital, la magia no existe en abstracto ni aparece en discursos institucionales. Se construye en medio de decisiones complejas, en conversaciones difíciles y en turnos que se extienden más allá de lo previsto.
Foto: Pixabay
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Fue una de las primeras frases que escuché cuando llegué a esta institución, hace poco más de seis años: “La magia de LaCardio son las personas […]” En ese momento pensé que se trataba de una de esas expresiones que suelen repetirse en las organizaciones para fortalecer el sentido de pertenencia. Una frase bonita, bien intencionada, quizá útil para inspirar, pero finalmente simbólica.

Con el tiempo entendí que no era una metáfora. Era, en realidad, una descripción bastante literal de lo que ocurre aquí todos los días.

En un hospital, la magia no existe en abstracto ni aparece en discursos institucionales. Se construye en medio de decisiones complejas, en conversaciones difíciles y en turnos que se extienden más allá de lo previsto. Surge en la responsabilidad permanente de cuidar la vida de otros, una tarea que exige precisión técnica, fortaleza emocional y una convicción profunda sobre el valor de cada vida que pasa por nuestras manos.

En lugares como estos, la esperanza no es un concepto abstracto, sino una práctica cotidiana que se sostiene gracias al trabajo de cientos de personas que, día tras día, mantienen ese latido institucional que permite que un paciente vuelva a imaginar futuro y que una familia recupere la tranquilidad.

Ese latido tiene cara. Y en LaCardio, en su gran mayoría, tiene cara de mujer. Más del 80 % de quienes sostienen esta institución son mujeres, y ese dato no es una simple estadística. Basta recorrer los servicios del hospital para comprender que esa presencia constituye una fuerza real que hace posible que todo funcione. El liderazgo más visible se encuentra en el equipo asistencial y, de manera muy especial, en las enfermeras, quienes encarnan una forma de liderazgo silencioso que rara vez aparece en los titulares, pero sin el cual el sistema de salud simplemente no podría operar.

Desde la primera línea del cuidado, ellas sostienen una práctica profesional basada en la presencia constante, en la capacidad de tomar decisiones oportunas y en una fortaleza emocional extraordinaria para acompañar a pacientes y familias en momentos que suelen ser profundamente difíciles.

A esa primera línea del cuidado se suman también cientos de personas que, desde la administración, la logística, la investigación o la gestión hospitalaria, aportan visión, criterio y una convicción compartida: el orgullo de mover miles de historias de vida cada día y de saber que se es parte de una institución que aspira a cumplir su propósito de “trascender para entregarle al mundo la mejor medicina con corazón”.

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Hablar de liderazgo en este contexto obliga a matizar algunas ideas que suelen repetirse con facilidad en el mundo corporativo. Liderar no es simplemente ocupar un cargo ni pronunciar discursos inspiradores. En un entorno como el actual —donde las organizaciones operan bajo presión constante, donde los sistemas de salud enfrentan tensiones estructurales y donde la sociedad exige respuestas cada vez más rápidas— el liderazgo se convierte en una práctica profundamente intencional que se manifiesta en decisiones concretas y en la capacidad de asumir responsabilidad incluso en medio de la incertidumbre.

Ese liderazgo combina intuición con acción deliberada, sensibilidad con firmeza y cuidado con determinación. Implica oír, pero también establecer límites; acompañar, pero mantener claridad sobre el rumbo. En muchos casos, para las mujeres significa además ejercerlo en territorios que durante décadas han estado definidos por lógicas de poder tradicionalmente masculinas. Sin embargo, ocupar esos espacios no implica confrontar por sistema ni radicalizar el discurso. Implica algo más exigente: demostrar con hechos.

La legitimidad se construye con consistencia, con trabajo bien hecho y con la capacidad de generar confianza a lo largo del tiempo. Muchas veces los espacios no se conceden espontáneamente; se conquistan con constancia, coherencia y resultados. Y, sobre todo, se sostienen cuando el liderazgo se ejerce con una comprensión profunda que las instituciones sólidas no se construyen alrededor de figuras individuales, sino alrededor de equipos capaces de integrar miradas diversas, talentos complementarios y propósitos compartidos.

En estos años he aprendido que el liderazgo que realmente transforma no compite por protagonismo ni excluye otras voces. Por el contrario, articula capacidades y permite que cada persona entienda que su rol, por pequeño que parezca, tiene impacto en algo mucho más grande. Cuando esa conciencia colectiva se instala en una organización, el resultado trasciende los logros individuales y se convierte en una cultura que sostiene el propósito institucional incluso en los momentos más desafiantes.

Quizá por eso, después de todos estos años, sigo recordando aquella frase que oi al llegar. Con el tiempo comprendí que la magia de un hospital no está únicamente en la tecnología, en la infraestructura o en los reconocimientos que validan su excelencia. La verdadera magia está en las personas que, todos los días, deciden asumir la responsabilidad de cuidar la vida de otros.

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Y es precisamente en esa decisión cotidiana —constante, silenciosa y profundamente humana— donde realmente ocurre todo.

*Clara Fernanda García es directora de Talento Humano de LaCardio.

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Por Clara Fernanda García

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