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La mayor radiografía de la salud mental en Colombia revela un país más ansioso y más solo

La mayor encuesta sobre salud mental realizada en la última década muestra un panorama complejo: aumentó la percepción de discriminación, el 16 % de la población reporta soledad y los diagnósticos de depresión y ansiedad son hoy más frecuentes que hace diez años.

Redacción Salud

29 de junio de 2026 - 11:48 a. m.
Psicólogos y psiquiatras coinciden en que la salud mental es compleja y se debe cuidar durante todo el año.
Foto: Jorge Londoño
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El Ministerio de Salud presentó la que constituye la radiografía más completa de la salud mental de los colombianos en la última década. Se trata de la llamada “Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) 2025″, un estudio que entrevistó a más de 120.000 personas en los 32 departamentos del país para conocer no solo la magnitud de los trastornos mentales, sino también cómo viven los colombianos su bienestar emocional, qué factores afectan su salud mental, qué tan frecuente es la discriminación, el estrés, la soledad, el consumo de sustancias psicoactivas y qué tan fácil resulta acceder a la atención.

Aunque el documento completo aún no ha sido publicado por el Ministerio de Salud, los resultados presentados durante una socialización oficial la semana pasada permiten anticipar un panorama tan amplio como preocupante. Más allá de medir enfermedades mentales, la encuesta muestra un país donde aumentan las experiencias de discriminación, millones de personas sienten afectaciones por la crisis climática o la cultura digital, los problemas de salud mental aparecen desde la infancia y la salud emocional está profundamente atravesada por las desigualdades sociales, económicas y territoriales.

Pero antes de llegar a una aproximación general a esos resultados, vale la pena detenerse un momento en cómo se hizo la encuesta. El estudio fue desarrollado por la Universidad de Antioquia y el trabajo de campo se extendió entre julio de 2025 y marzo de 2026.

Durante ese periodo, los investigadores recorrieron los 32 departamentos y Bogotá, visitaron 313 municipios y aplicaron un complejo diseño de muestreo que buscó garantizar que los resultados fueran representativos tanto de las zonas urbanas como rurales y de los distintos grupos poblacionales. En total, el equipo logró que 120.676 personas aceptaran participar en la encuesta. Sin embargo, para los análisis finales se trabajó con 110.842 encuestas completas, luego de aplicar, entre otros procedimientos metodológicos, una prueba de tamizaje cognitivo a las personas mayores de 65 años y realizar procesos de depuración y validación de la información. Según los investigadores, esa cifra representa una efectividad del 94,1 % respecto a la muestra prevista, un porcentaje que consideran suficiente para garantizar la calidad estadística de los resultados.

La encuesta también amplió el alcance de las mediciones realizadas hace una década. Además de indagar por trastornos mentales, incluyó preguntas sobre bienestar, resiliencia, sentido de comunidad, regulación emocional, sobrecarga del cuidado, secuelas de la pandemia de covid-19, epilepsia, consumo de cigarrillos electrónicos, acceso a servicios de salud mental y otros factores sociales que influyen en la salud mental. A ello se sumó un componente cualitativo con 97 grupos focales, 150 entrevistas en profundidad y 520 participantes, diseñado para comprender las experiencias detrás de las cifras.

La salud mental se complejiza

En su acto de socialización, el Ministerio de Salud explicó que se decidió cambiar la pregunta con la que tradicionalmente se ha estudiado este tema en Colombia. En lugar de preguntar únicamente cuántas personas padecen depresión, ansiedad u otros trastornos, la encuesta intentó responder una pregunta mucho más amplia: ¿cómo está la salud mental de los colombianos? Según detallaron algunos de los líderes de la encuesta, eso partió de un punto: una persona puede no tener un trastorno mental diagnosticado y, aun así, experimentar un deterioro importante de su bienestar debido a la discriminación, la violencia, la soledad, el estrés, la pobreza o la falta de redes de apoyo. Del mismo modo, alguien con un diagnóstico psiquiátrico puede conservar vínculos sociales sólidos, participar activamente en su comunidad y mantener una buena calidad de vida.

Uno de los primeros resultados llama la atención porque rompe con la idea de que la salud mental depende únicamente de un diagnóstico. Al preguntarles a las personas cómo perciben su salud mental, el 90,3 % respondió que la considera buena o muy buena. Sin embargo, cuando la encuesta indagó por la satisfacción con la vida y las circunstancias personales, ese porcentaje descendió: el 67,3 % reportó una alta satisfacción, mientras que el 28 % dijo tener una satisfacción media y el 4 % una satisfacción baja.

Los investigadores encontraron, además, que quienes reportan mayor satisfacción son las personas que cuentan con redes de apoyo y sienten que tienen a quién acudir cuando enfrentan una dificultad. La encuesta también encontró que la percepción de discriminación aumentó con respecto a la medición de 2015. El incremento fue especialmente marcado entre los adolescentes de 12 a 17 años, grupo en el que prácticamente se duplicó el reporte de experiencias discriminatorias. Las mujeres, las personas LGBTIQ+, los migrantes y las víctimas del conflicto armado fueron quienes reportaron con mayor frecuencia haber sufrido discriminación, principalmente por su condición socioeconómica, discapacidad, origen étnico o situación migratoria.

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Entre los adultos mayores, solo el 34,1 % percibe que está envejeciendo de manera exitosa, una condición que combina buena salud, ausencia de deterioro cognitivo, pocas enfermedades crónicas y satisfacción con la vida. Esa percepción fue más frecuente entre personas con mayor nivel educativo y mejores condiciones socioeconómicas, lo que llevó a los investigadores a concluir que el envejecimiento saludable depende tanto de las oportunidades sociales como de las condiciones individuales.

Los problemas que aparecen antes del diagnóstico

Una de las principales novedades de la Encuesta Nacional de Salud Mental 2025 es que dedica un capítulo completo a los problemas que afectan el bienestar psicológico sin que necesariamente constituyan un trastorno mental. La idea, explicaron los investigadores, es dejar de pensar que la salud mental comienza cuando aparece un diagnóstico de depresión o ansiedad. Antes de eso existen diversas situaciones cotidianas que deterioran progresivamente el bienestar y aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades mentales.

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Los resultados muestran que esos factores están presentes en una proporción importante de la población. Por ejemplo, el 40,1 % de los colombianos reportó que los cambios ambientales han afectado su salud mental, un indicador que incluye preocupaciones relacionadas con el cambio climático, los desastres naturales, la contaminación del aire y la pérdida de biodiversidad. La afectación fue mayor entre las mujeres (42,5 %) que entre los hombres (37,5 %) y alcanzó sus niveles más altos en Orinoquía y Amazonía (48,1 %), la región Oriental (47,1 %) y la Pacífica (46,1 %). Incluso, los investigadores señalan que se trata de una proporción muy similar a la registrada en Chile, donde cerca del 40 % de la población manifestó sentirse estresada al pensar en los efectos del cambio climático.

La transformación acelerada de la vida digital que está viviendo el mundo también aparece como un nuevo factor de riesgo. Uno de cada cinco colombianos mayores de 12 años (21,6 %) dijo que los cambios asociados al uso de dispositivos electrónicos y las nuevas formas de trabajar, estudiar y relacionarse han afectado su salud mental. El fenómeno fue más frecuente en mujeres (22,5 %) que en hombres (20,7 %), especialmente en Bogotá (25,7 %), la región Pacífica (24,9 %), Orinoquía y Amazonía (23 %) y la región Oriental (22,9 %), mientras que fue menos común en la región Caribe (9,8 %).

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La encuesta también exploró cuáles son las principales fuentes de estrés grave entre los adultos. La preocupación económica aparece en el primer lugar. El 6,3 % de los mayores de 18 años reportó sufrir estrés severo por su situación financiera, muy por encima de otras causas como la propia salud (3,4 %), la salud de familiares (2,3 %), la vida amorosa (1,8 %), la situación general de la vida o la carrera profesional (1,6 % cada una).

Aunque las cifras parecen pequeñas, los investigadores aclaran que el indicador mide únicamente situaciones de estrés grave, es decir, niveles de afectación suficientemente intensos como para comprometer el bienestar.

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Otro hallazgo preocupante es el relacionado con la soledad. El 16 % de los colombianos mayores de 12 años manifestó experimentar soledad o aislamiento, una situación más frecuente en mujeres (17,5 %) que en hombres (14,5 %). La prevalencia aumenta de manera importante entre quienes están separados, divorciados o son viudos, donde alcanza el 23,9 %, frente al 11,8 % observado entre quienes viven en pareja.

Además, la soledad fue especialmente alta entre personas LGBTIQ+ (31,1 %), migrantes (19,4 %) y víctimas del conflicto armado (19,4 %), grupos que también presentan mayores niveles de discriminación y vulnerabilidad social. Regionalmente, la mayor frecuencia se registró en la región Pacífica (20,6 %).

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En la misma línea, el 5,5 % de la población adulta reportó haber sufrido acoso alguna vez en la vida. Las mujeres presentaron una frecuencia mayor que los hombres (6,9 % frente a 3,9 %), mientras que las cifras aumentan considerablemente entre personas LGBTIQ+ (15,3 %), migrantes (7,8 %) y víctimas del conflicto armado (7,5 %).

Para los investigadores, estos resultados respaldan la llamada teoría del “estrés de minorías”, según la cual la exposición continua al estigma, la discriminación y la victimización incrementa la carga psicológica y el riesgo de malestar mental.

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El estudio puso el foco sobre quienes cuidan a personas enfermas o con discapacidad. El 5,2 % de los adultos desempeña actualmente ese rol dentro de su hogar y, de ellos, el 53,8 % presenta sobrecarga del cuidador, un estado de agotamiento físico y emocional que aparece cuando las responsabilidades del cuidado comienzan a afectar la propia salud, el trabajo o la vida cotidiana. La sobrecarga fue más frecuente entre las mujeres (58,2 %), quienes realizan oficios del hogar (59,9 %) y quienes viven en Bogotá (63,2 %).

Finalmente, la encuesta encontró que el 28,7 % de los colombianos reportó antecedentes familiares de trastornos mentales, problemas relacionados con el consumo de sustancias o suicidio, un factor ampliamente reconocido por aumentar el riesgo de desarrollar problemas de salud mental. Además, por primera vez se midieron las llamadas presentaciones subumbrales, es decir, personas que ya presentan síntomas compatibles con trastornos como depresión, pánico o estrés postraumático, pero que todavía no cumplen todos los criterios clínicos para recibir un diagnóstico formal. Los investigadores consideran que identificar estas manifestaciones tempranas abre una oportunidad para intervenir antes de que los trastornos se consoliden y requieran tratamientos más complejos.

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Los trastornos mentales ya aparecen desde la infancia

Si el capítulo anterior mostraba los factores que deterioran la salud mental, en el cuarto capítulo la encuesta estima cuántos colombianos presentan trastornos mentales o síntomas compatibles con ellos. Los resultados muestran que muchos de estos problemas aparecen desde edades muy tempranas y cambian conforme avanza el ciclo de vida.

Entre los niños de 7 a 11 años, el trastorno más frecuente fue la hiperactividad, con una prevalencia del 10,5 %. La cifra fue considerablemente mayor entre los niños (12,8 %) que entre las niñas (8,1 %), un patrón que coincide con lo reportado por estudios internacionales, según Urrego, del Ministerio de Salud. También fueron frecuentes los trastornos de conducta (9,7 %), los trastornos emocionales (9,6 %), las dificultades para relacionarse con otros niños (8,4 %) y los problemas de conducta prosocial (8,1 %).

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La hiperactividad fue mucho más frecuente entre niños que han vivido situaciones de vulnerabilidad. Por ejemplo, la prevalencia alcanza el 26,5 % entre quienes reportan haber sufrido discriminación en la escuela, el 18,6 % entre quienes vivieron eventos traumáticos, el 17,7 % cuando existen antecedentes familiares de enfermedad mental y el 16,8 % cuando la madre presentó complicaciones durante el embarazo o el parto.

El panorama cambia durante la adolescencia. Entre los 12 y 17 años, los trastornos emocionales pasan a ocupar el primer lugar, con una prevalencia del 10,4 %. Además, son mucho más frecuentes entre las mujeres (12,8 %) que entre los hombres (8,1 %). Les siguen la hiperactividad (10,6 %), las dificultades para relacionarse con sus pares (10,1 %), las dificultades en la conducta prosocial (8,4 %) y los trastornos de conducta (8,2 %). Los investigadores también identificaron factores que incrementan el riesgo de estos trastornos en la adolescencia. Los trastornos emocionales fueron más frecuentes entre quienes sufren discriminación en el colegio (20 %), tienen antecedentes familiares de enfermedad mental (17 %), cuyas madres presentaron complicaciones durante el embarazo o el parto (17,6 %) o no se encuentran escolarizados (16,8 %).

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Uno de los resultados más preocupantes del estudio es la elevada exposición a experiencias potencialmente traumáticas durante la infancia y la adolescencia. El 28,7 % de los niños y adolescentes colombianos ha vivido al menos un evento traumático. El más frecuente fue sufrir un accidente grave (14,1 %), seguido por la muerte súbita o violenta de una persona cercana (6 %), presenciar amenazas o agresiones contra otra persona (5,6 %), procedimientos médicos altamente estresantes (5 %) y desastres naturales (4,8 %).

Ese contexto, el 1,9 % de los niños y adolescentes presenta trastorno de estrés postraumático, una condición más frecuente entre las niñas (2,5 %) que entre los niños (1,4 %). Nuevamente, la discriminación escolar (5,2 %), los antecedentes familiares de enfermedad mental (4,3 %), la pobreza multidimensional (2,9 %) y las complicaciones durante el embarazo o el parto (2,7 %) aparecen entre los principales factores asociados.

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En la adultez, más depresión

En la población adulta, la encuesta encontró que el 8,4 % de las personas ha presentado algún trastorno mental a lo largo de su vida. Sin embargo, las diferencias por sexo son marcadas: la prevalencia alcanza el 10,8 % entre las mujeres, frente al 5,7 % entre los hombres. Los trastornos más frecuentes fueron los trastornos del estado de ánimo, como la depresión o el trastorno bipolar (4,6 %), seguidos por los trastornos de ansiedad (3,6 %) y el trastorno de estrés postraumático (3,2 %).

Uno de los hallazgos más llamativos aparece al comparar estos resultados con la Encuesta Nacional de Salud Mental de 2015. Aunque la prevalencia acumulada a lo largo de la vida se mantiene relativamente estable, los trastornos recientes aumentaron de forma importante.

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En los trastornos depresivos, la prevalencia durante los últimos 30 días pasó de 0,5 % en 2015 a 1,4 % en 2025, mientras que en ansiedad generalizada aumentó de 0,1 % a 0,4 %. Los investigadores destacan que la prevalencia de depresión del último mes prácticamente se triplicó, mientras que la ansiedad generalizada se cuadruplicó respecto a la medición anterior. La encuesta también preguntó si alguna vez un profesional de la salud les había diagnosticado un trastorno mental. El 8,6 % de los colombianos respondió que sí, y ese porcentaje prácticamente se duplicó frente a 2015 en todos los grupos de edad.

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