16 Jan 2021 - 2:00 a. m.

La pandemia aumentó la dermatitis en las manos

Asociaciones médicas advierten sobre el incremento de lesiones en la piel por el lavado excesivo de manos y uso de geles desinfectantes. Así nos viene cambiando el cuerpo por los rituales del coronavirus.

María Mónica Monsalve S. / @mariamonic91

El uso excesivo de jabones y geles antibacteriales puede generar que la piel se agriete, erosione y quede más susceptible a la aparición de infecciones.
El uso excesivo de jabones y geles antibacteriales puede generar que la piel se agriete, erosione y quede más susceptible a la aparición de infecciones.

El lavado constante de manos y el uso de geles antibacteriales se han convertido en protagonistas de nuestras vidas. No entramos a un centro comercial y tienda sin que antes nos exijan poner gel a nuestras manos y es casi un ritual ineludible lavarlas después de estar en la calle desde que empezó la pandemia. Pero, aunque se trata de una de las medidas más efectivas para hacerle el quite al COVID-19 —se estima que puede disminuir la transmisión del 24 al 31 %—, también nos están dejando marcas y lesiones en la piel como no se había reportado antes. (Lea: La pandemia se aceleró en todo el mundo: mas de 700.000 casos diarios)

Las primares señales las tuvo en diciembre. Carolina Dulce estaba fuera de Bogotá, celebrando Navidad, cuando sintió una rasquiña en las manos. Después vinieron unos puntos pequeños rojos y, finalmente, ampollas. La piel descarapelándose, como cuando uno se quema. “Cada vez que usaba jabón me ponía peor. Me picaba y no podía agarrar las cosas, ni sábanas ni toallas”, comenta. Al contarle a su dermatóloga, ella le dijo que estaba haciendo una dermatitis por el uso excesivo de geles y jabones, una de las razones por las que se han incrementado las visitas a las consultas dermatológicas. (Le sugerimos: Antibacteriales, contra las cuerdas)

Aunque los estudios sobre el tema son pocos, pues el COVID-19 y todos los rituales que surgieron a su alrededor no llevan más de un año, algunos expertos han empezado alertar sobre el tema. En junio de 2020, la revista Journal of the American Academy of Dermatology publicó una carta al editor que reportaba sobre 16 personas, en la India, que habían presentado nuevos eczemas en las manos. “Diez pacientes fueron diagnosticados con dermatitis irritante de contacto, cinco con dermatitis por contacto alérgico y uno con patrones mixtos. Casi todos los pacientes admitieron un uso en exceso de desinfectantes e higiene de manos”, comenta la carta. A la par, y también publicado en la misma edición de la revista, la American Contact Dermatitis Society anticipó un aumento de la dermatitis alérgica en las manos por un mayor contacto con irritantes.

La razón de este fenómeno, según explica la doctora Alejandra Perafán, dermatóloga de la Universidad del Bosque, es que tanto el jabón como algunos geles remueven el sebo (grasa) de la piel, que la mantiene hidratada. Esto altera la permeabilidad o barrera que tiene la piel para protegerse, por lo que termina agrietándose, erosionada y susceptible a la aparición de infecciones o lesiones secundarias irritantes.

“Se han realizado pocos estudios en poblaciones pequeñas, ciudades y hospitales; pero en Italia y en la India se reportó un aumento de diagnóstico de pacientes con eczema en las manos. En Chile hay investigaciones que indican que se duplicó la incidencia de estos casos, mientras que, en el personal de salud, en Wuhan y en Alemania, hay una prevalencia del 74 y 90 %, respectivamente, de casos de eczema en las manos durante la pandemia”, cuenta. (Acá: Reinfecciones por COVID-19, ¿qué tanto se conoce?)

De hecho, uno de los estudios más grandes que apunta al tema es el publicado en la revista Contact Dermatitis. Tras analizar cómo se encontraban las manos de 6.858 niños daneses después de salir de la primera cuarentena y seguir la recomendación de higiene del gobierno, los investigadores hallaron que el 12,1 % tenía eczema en las manos antes de abrir las guarderías, mientras que el 38,3 % presentó este síntoma después de regresar a estos centros. De los niños que nunca había presentado estas lesiones en su vida, el 28 % lo hizo al regresar a la guardería. “El riesgo de eczema de manos se asoció significativamente con dermatitis atópica, sexo femenino, mayor edad y frecuencia de lavado de manos”, concluye la publicación.

Para evitar complicaciones, las recomendaciones que da la doctora Perafán son sencillas: utilizar jabones suaves, lavarse las manos con agua al clima y no caliente, secarse con la toalla en toques suaves y no refregarla, y siempre usar crema hidratante después de lavar las manos varias veces al día. Preferiblemente, también, se deben utilizar cremas sin fragancias e hipoalergénicas.

El encierro y la mascarilla, otro fenómeno que deja su marca en nuestro cuerpo

A pesar de que las lesiones en las manos son las más conocidas, y las más evidentes, no son las únicas marcas que nos han dejado los rituales y condiciones que llegaron con la pandemia. Las mascarillas, además de cambiar el paisaje que vemos en las calles, también están generando problemas dermatológicos que antes no se reportaban con la misma frecuencia. El año pasado un grupo de médicos advirtió en la revista European Academy of Dermatology and Venereology que a sus consultas cada día llegaban más pacientes con irritaciones detrás de las orejas, justo donde se apoya el caucho de la mascarilla. “Aunque la comunidad médica está bien informada sobre la dermatitis de contacto debida a los equipos de protección personal, la dermatitis inducida por mascarilla es un fenómeno relativamente inexplorado”.

El análisis preliminar solo incluye a catorce pacientes, entre los cuales hay casos de dermatitis irritativa por contacto (cinco personas), dermatitis alérgica por contacto (cuatro), dermatitis por sudor (tres) e incluso una persona con urticaria por presión que le dio por tener la cuerda de la máscara apoyada sobre la oreja.

Los cambios corporales que genera la pandemia, aunque sutiles, nos están transformado de alguna manera, no es solo la piel. Como lo describe divertidamente la periodista Amanda Mull en The Atlantic, la cuarentena nos está convirtiendo en “una cáscara rígida, encorvada, con comezón, adolorida y con dolor de cabeza”. Y solo dentro de unos años, cuando esto ojalá sea una anécdota y todos los datos estén reunidos, sabremos a ciencia cierta la verdadera marca que la pandemia dejó en nuestro cuerpo.

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