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Entre 1918 y 1920, a finales de la Primera Guerra Mundial, el mundo se enfrentaba a otra de las pandemias más mortales en la historia del mundo: la gripe española, causada por un brote del virus Influenza A del subtipo H1N1. Se estima que cerca de 500 millones de personas en todo el mundo -un tercio de la población del planeta en ese entonces- resultaron infectadas, y que otros 50 millones fueron víctimas mortales.
1919. pic.twitter.com/v37DFMFmbQ
— Stephen King (@StephenKing) July 13, 2020
A raíz de las medidas tomadas actualmente para enfrentar la pandemia por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, han vuelto a circular en redes sociales imágenes que recuerdan la epidemia de hace un poco más de un siglo, en donde algunos estados, como California, en EE. UU., tomaron acciones radicales para detenerla: “Usar mascarilla o ir a la cárcel”.
Además de las mascarillas obligatorias bajo pena de arresto, otras medidas como la cuarentena, el cierre de iglesias, escuelas y “lugares de diversión” se implementaron en algunas ciudades. Según el diario The Guardian, una ley aprobada en San Francisco en octubre de ese año establecía que todo aquel que no llevara una mascarilla estaba sujeto a multas de entre US$5 y US$100, y la posibilidad de pasar 10 días en prisión. Además, la propaganda estatal era convincente: “¡Usa una máscara y salva tu vida! Una máscara es un 99% de prueba contra la gripe”, aseguraban. En Nueva York también había una ordenanza que multaba o encarcelaba a las personas que no se cubrieran la toser.
Even the cat wore a mask! pic.twitter.com/I97OSQMYOF
— Balfe Once💙 (@balfeonce) July 13, 2020
El uso de la mascarilla también fue promovido al otro lado del Atlántico. Ciudades como París y Mánchester la implementaron, entre otras cosas, porque las medidas que podían tomar eran muy limitadas. Cuando llegó la gripe, los médicos no estaban seguros de sus causas, no había vacuna o medicamentos antivirales para tratar la enfermedad, ni antibióticos para tratar las infecciones bacterianas secundarias. Según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, “en 1918 los científicos todavía no habían descubierto los virus, por lo tanto, no había pruebas de laboratorio para diagnosticar, detectar o caracterizar los virus de la influenza”.
“Los esfuerzos para prevenir la propagación de la enfermedad estaban limitados a intervenciones no farmacéuticas como la promoción de una buena higiene personal, la implementación del aislamiento, la cuarentena y el cierre de lugares públicos”, añaden.
Cómo la guerra impulsó la pandemia
La gripe española todavía se considera como uno de los brotes de enfermedad más mortales registrados en la historia. Aunque los científicos todavía debaten sobre el origen exacto del virus, de lo que se tiene certeza es que este se globalizó gracias al masivo movimiento de militares por todo el mundo.
El virus se detectó primero en campamentos militares en Estados Unidos. Soldados infectados propagaron la enfermedad a otros campamentos militares en todo el país y luego la llevaron al extranjero. Sin embargo, los países involucrados en la guerra no permitieron la circulación de información sobre la gravedad y la propagación de la enfermedad y censuraron a los medios para evitar que informaran sobre sus efectos durante a guerra, una combinación letal: la influenza causó más muertes que la Primera Guerra Mundial.
La segunda ola, que fue de septiembre a diciembre de 1918, constituyó el período más intenso, con el mayor número de víctimas mortales. Surgió en un campo de entrenamiento del Ejército a las afueras de Boston y, se estima, que provocó cerca del 75% de las muertes. Más adelante llegaría una tercera ola a inicios de 1919.
¿Por qué recibe el nombre de gripe española si no surgió en España? Como España no estaba involucrada en la Guerra y era un territorio neutral, no censuró la información sobre la enfermedad. Por eso, a pesar de que era un problema internacional, en la época parecía el “único” país afectado y los demás países reportaban sobre la gripe limitándola a España, lo que le valió su sobrenombre.
Como el nuevo coronavirus, la pandemia de 1918 no dejó intacta prácticamente ninguna región del mundo. En Colombia, aunque no se tienen muchos estudios, las primeras muertes se registraron en Bogotá a comienzos de octubre de 1918, y se estima que el 80% de la población bogotana enfermó. Boyacá también se vio fuertemente afectada.