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Su avance fue fulminante. En cuestión de semanas la cifra de muertes pasó de 5.000 al día a 10.000. El emperador Justiniano no renunció a recaudar impuestos de sus súbditos y en cambio les hizo pagar a los vivos los de sus vecinos muertos. Pero todo fue inútil. La llamada “plaga de Justiniano” fue el último clavo en el ataúd de lo que un día fue el Imperio romano y se expandió por el mundo matando a 40 millones de personas en una de las peores pandemias de la historia.
Desde entonces la identidad del patógeno que causó tal devastación ha sido un misterio. Nadie sabía si fue la peste y si ese patógeno fue también el responsable de la peste negra que volvió a azotar al mundo en la Edad Media. Tampoco se conocía su conexión con la tercera gran plaga mundial, que estalló en el siglo XIX, ni si está relacionado con el patógeno que, aún hoy, causa peste a miles de personas. Ahora, casi 1.500 años después del desastre de Constantinopla, un equipo de científicos ha conseguido reconstruir el genoma completo del patógeno que desató aquella plaga y ha respondido las preguntas que la humanidad llevaba más de un milenio haciéndose.
Los dientes de dos cadáveres en un cementerio de Alemania han aportado la clave. De sus restos, que datan de las fechas aproximadas a la plaga, se ha conseguido extraer pequeños fragmentos de ADN de la Yersinia pestis, la bacteria de la peste. El análisis ha permitido reconstruir el genoma completo del patógeno y su análisis, publicado esta semana en la revista The Lancet, muestra que la plaga de Justiniano fue lo que los expertos llaman “un callejón sin salida”. Esto quiere decir que, tras desatar el caos, el patógeno murió y desapareció sin dejar rastro. Según el estudio, la plaga la causó una variante de Yersinia pestis que no está emparentada con las de la gran peste negra medieval y su resurgimiento.
El origen no era África
Hace dos años Hendrik Poinar, de la Universidad de McMaster, Canadá, fue el primero en obtener el genoma de la peste negra, que acabó con 30 millones de personas. Ahora ha batido un nuevo récord: el patógeno de la plaga de Justiniano es el más antiguo del que se ha obtenido el genoma.
Y aun así, lo más importante que deja este estudio son inquietantes dudas: ¿cómo puede ser que un asesino tan exitoso, evolutivamente hablando, desapareciera sin más? Esto aún es un misterio, pero lo que sí señala el trabajo es que la posibilidad de una nueva pandemia de peste en el siglo XXI es real. “Si la peste de Justiniano pudo irrumpir en la población, causar una descomunal pandemia y después morir, esto sugiere que podría pasar otra vez”, explica David Wagner, investigador de la Universidad del Norte de Arizona y coautor del estudio. “Afortunadamente”, dice, “ahora tenemos antibióticos que podrían tratar la peste de forma efectiva”.
El estudio aclaró, además, que el origen de la plaga no fue África, como se pensaba, sino Asia. Desde allí se expandió a Europa siguiendo vías comerciales, como la Ruta de la Seda. En total, hubo tres oleadas que convirtieron un pequeño brote localizado en una pandemia mundial.